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Artículo de Fidel Castro: La verdadera amistad (+ Fotos)

21 Ago

fidel castro nicolas maduro la habana 20 de agosto 20143

Ayer recibí la visita del Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, quien realizó un viaje al exterior relacionado con la defensa de importantes intereses petroleros de su país.

A su paso por Cuba aprovechó para hacer un contacto conmigo y saludarme personalmente como había prometido, el 13 de agosto del presente año cuando tuve el privilegio de cumplir 88 años. Ese día me había obsequiado algunas frutas, entre ellas, unas pequeñitas como perlas, que yo ni siquiera había visto nunca y son de excelente sabor. También me regaló un uniforme deportivo, obsequio de los atletas venezolanos que buscan laureles para su país.

Me alegró extraordinariamente que cumpliera tan pronto su visita, no solo por el honor que implica su presencia y acción rápida, que requiere la difícil tarea de llevar adelante la épica lucha de Hugo Chávez, sino también por las actividades excepcionales que está realizando.

Nuestro mundo está viviendo un momento excepcional y único, cada día es mayor el número de personas que está pendiente de ello. Entre tales acontecimientos, uno de los más dramáticos es el genocidio que se lleva a cabo en la Franja de Gaza, donde 1,8 millones de seres humanos viven acorralados entre el desierto, el mar y el poderío militar de un país del Oriente Medio, donde el imperio más poderoso que ha existido nunca ha creado a lo largo de más de medio siglo, y a un costo, según algunos estimados, que se aproxima a cien mil millones de dólares, una potencia militar nuclear sofisticada y a la vez irresponsable. Muchas personas se preguntan: ¿Quién gobierna a quién, Estados Unidos a Israel o Israel a Estados Unidos?

Los hechos son visibles. Cohetes con blancos programados, bombarderos veloces y precisos, artillería blindada y tanques modernos, atacan edificios repletos de personas, así como a hospitales, escuelas e instalaciones de servicios, matando niños, jóvenes, ancianos, madres y padres indefensos.

Antes ocurrían hechos atroces. Sin remitirnos desde luego a pasados milenios, sino a luchas que sucedían antes de la Segunda Guerra Mundial: guerra de Etiopía, Guerra Civil de España, bombardeo de Guernica, guerra de Japón para conquistar a China, intervenciones de Estados Unidos en América Latina; hechos que causaban conmoción, pero que en nada se parecían a las espeluznantes escenas que hoy se observan en las imágenes que cada ciudadano ve en sus hogares por televisión. Los políticos se turban y el caos se hace evidente en la política mundial.

Por ello resultó tan útil el encuentro con el Presidente Venezolano. Me pareció sin embargo que guardar silencio no beneficiaría a nadie. Con la mayor sinceridad lo felicité por lo que estaba haciendo por el pueblo mártir de la Franja de Gaza. Que los países que sufren una tragedia merecen una ayuda continua en la medida de los recursos de un país, por dura que sea su propia situación. Eso fue lo que hizo Cuba, aun en sus tiempos más difíciles, bajo el feroz bloqueo yanki que dura ya más de medio siglo.

Lo que hace hoy Venezuela es un ejemplo excepcional. Son conocidas las medidas púnicas del imperialismo contra ella, desde que intentaron derrocar a Chávez con el apoyo de la oligarquía fascista de Venezuela, y eliminarlo si fuera posible. Éste nunca vaciló y fue solidario con nuestra Patria en los tiempos más difíciles.

Felicité a Maduro por su extraordinaria solidaridad con el pueblo heroico de la Franja de Gaza. Apenas llegaron noticias del genocidio y el elevado número de niños, madres y otras personas heridas o asesinadas por los ataques genocidas de Israel, ordenó preparar un avión militar de carga, de fabricación norteamericana, que solo con grandes dificultades puede superar el bloqueo de piezas por sus fabricantes, y enviarlo con equipos, medicamentos y alimentos esenciales a Egipto con destino a Gaza; envió además al incansable Ministro de Relaciones Exteriores a El Cairo a fin de obtener el apoyo pertinente para hacérselos llegar a quienes desesperadamente lo necesitaban.

Desde entonces los valientes pilotos venezolanos transportan su carga humanitaria, que permite salvar madres, niños y ancianos de la muerte. Leía hoy sin embargo un despacho de la agencia AP procedente de Venezuela, en el que se publican declaraciones de la “Asociación de Clínicas y Hospitales de Venezuela, que agrupa” a “centros de salud privados del país”, pidiendo al Gobierno que se declare una “emergencia humanitaria” para hacer frente a la “escasez de insumos, medicamentos, equipos médicos y repuestos” que, aseguran, “ponen en riesgo la vida de la población.”

¡Qué enorme casualidad! Esta demanda se realiza precisamente cuando en la Franja de Gaza se produce el genocidio yanki-israelita de la zona más pobre y superpoblada de esa comunidad que ha vivido allí a lo largo de milenios.

Eso es lo que hace tan meritoria la conducta de Maduro y los militares y especialistas venezolanos que llevan a cabo tan ejemplar acción ante la tragedia del pueblo hermano de Palestina.

Muchas cosas se podrían decir ante este hecho notable si el Homo Sapiens lograra vivir -lo que estaría en sus manos-, y no se extermina a sí mismo.

Durante un recorrido por áreas que implican grandes perspectivas alimentarias, aparecen dos trabajadoras. Les pregunté si conocían al acompañante. Lo miraron bien y dijeron: “El presidente Maduro”, y sonrieron con picardía. Les pregunté qué nivel de escolaridad tenían. La más joven dijo: “12 grados”. La otra, todavía joven y fuerte, respondió que era graduada como profesora de Educación Física y Deportes, en lo que trabajó varios años. Finalmente les pregunté si estarían dispuestas a trabajar en Venezuela, y con entusiasmo me respondieron: “¡Por supuesto que sí!”.

No me extiendo si pretendo publicar este escrito hoy mismo, como le expresé al Presidente venezolano.

Fidel Castro Ruz

Agosto 20 de 2014

6 y 44 p.m.

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Líderes latinoamericanos celebran 60 años del asalto al Cuartel Moncada en Cuba

26 Jul

Acto principal se celebrará en la Plaza de la Revolución en Santiago de Cuba (Foto: EFE)

La celebración del llamado Día de la Rebeldía Nacional en Cuba contará con la participación de varios estadistas latinoamericanos y caribeños. El Moncada, convertido en la Ciudad Escolar 26 de julio, acogerá el acto central, encabezado por el presidente Raúl Castro.

 

Cuba celebra este viernes el aniversario número 60 del intento de toma del Cuartel Moncada, un levantamiento encabezado por el comandante Fidel Castro en 1953 que, a pesar de haber fracasado, es considerado el primer paso de la lucha contra la dictadura de Fulgencio Batista (1952-1959), que terminaría con el triunfo de la Revolución cubana.

En esta ocasión, la celebración del llamado Día de la Rebeldía Nacional contará con la participación de varios estadistas latinoamericanos y caribeños, quienes estarán presentes en los actos oficiales que se llevarán a cabo en la Plaza de la Revolución, en la ciudad de Santiago de Cuba, al este de la isla.

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, llegó este jueves a la nación antillana, acompañado por miembros de su gabinete Ejecutivo, dirigentes del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) y de otras organizaciones políticas que apoyan el proceso revolucionario.

De igual manera, el jefe de Estado uruguayo, José Mujica, asistirá al evento, por encontrarse realizando una visita oficial a la Isla, para potenciar las relaciones bilaterales y para reunirse con su homólogo Raúl Castro y con el comandante Fidel.

Otros líderes que viajaron a Santiago son los primeros ministros de Antigua y Barbuda, Baldwin Spencer; de San Vicente y las Granadinas, Ralph Gonsalves; de la Mancomunidad de Dominica, Roosevelt Skerrit; y el jefe de gobierno de Santa Lucía, Kenny Anthony.

El Moncada, hoy convertido en la Ciudad Escolar 26 de julio, acogerá el acto central, que estará encabezado por el presidente Raúl Castro. Los actos conmemorativos va rotando de ciudad en ciudad, pero este año serán, simbólicamente, en la misma Santiago.

Santiago de Cuba es la capital de la provincia homónima y la segunda ciudad del país, con poco más de medio millón de habitantes. Su posición geográfica la define como la puerta de Cuba hacia el Caribe insular.

Esta previsto que el Mandatario cubano acompañe a sus homólogos regionales a un recorrido por el museo que recuerda aquella gesta, así como al cementerio de Santa Efigenia, donde reposan los restos de José Martí, apóstol y héroe nacional. Igualmente, los jefes de Estado y Gobierno sostendrán un encuentro multilateral.

El asalto

Fidel Castro lideró, el 26 de julio de 1953, el asalto al cuartel Moncada, en simultáneo con un ataque a la guarnición Carlos Céspedes, en Bayamo (sureste), operaciones con las que un grupo de jóvenes rebeldes quería poner en marcha una revuelta contra el régimen de Batista.

La idea inicial era ocupar los dos cuarteles y, desde allí, llamar a la población de todo oriente a la lucha. Pero el hecho casual de una guardia de recorrida que dio con los combatientes vestidos con el mismo uniforme que el Ejército, caqui amarillo, fue el comienzo del fracaso.

El fracaso de la toma derivó en persecuciones, la desaparición de los partidos, una fuerte censura -mayor a la que ya existía- y la detención de miles de opositores, estuvieran vinculados o no a los hechos.

La cifra de supuestos caídos en combate fue subiendo cada día, pues muchos de los rebeldes detenidos en días posteriores se los presentó como “muertos en combate”.

Fidel sería condenado a 15 años de prisión, aunque en 1955 fue beneficiado con una amnistía, salió de prisión e inició un exilio en México, donde organizó el Movimiento 26 de Julio, nombre que homenajea justamente la gesta del Moncada.

teleSUR-PL-Télam-Cubadebate-RadioHabanaCuba/MARL
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Cuba: la ganadora silenciosa de la Cumbre de las Américas

16 Abr

¿Será que Obama sacará sus propias conclusiones?

¿Será que Obama sacará sus propias conclusiones?

No se alcanzaron acuerdos trascendentes, reinaron las divisiones entre latinoamericanos y estadounidenses y hasta algunos presidentes se fueron dando un portazo, pero quedó una silenciosa ganadora de la Cumbre de las Américas: Cuba.

Por primera vez en la historia, presidentes izquierdistas y conservadores de la región limaron sus asperezas y se plantaron frente a Estados Unidos exigiendo que el Gobierno  de la isla sea sumado a las reuniones continentales.

Aunque el reclamo fue vetado por Estados Unidos con apoyo de su vecino Canadá, renovó las presiones sobre Washington y sobre la patrocinadora de la cumbre en Cartagena, la Organización de Estados Americanos (OEA).

“(Pasamos) del llamado consenso de Washington, el proyecto neoliberal que se nos quiso imponer, a un naciente consenso sin Washington para la unión de América Latina”, dijo el domingo Nicolás Maduro, canciller de Venezuela, país que es el principal aliado de Cuba en el hemisferio.

La sorpresiva unidad de Latinoamérica -una región dividida durante décadas entre ideologías de izquierda y de derecha- muestra la menguante influencia de Washington.

Estados Unidos se opone a incorporar a Cuba en las Cumbres de las Américas porque asegura que La Habana no muestra avances democráticos y políticos suficientes para reintegrarse a la OEA, de donde fue expulsada en 1962 poco después de que estallara la revolución de Fidel Castro.

Y mantiene un embargo comercial sobre la isla de cinco décadas que algunos dicen que es arcaico.

“Cuba seguramente volverá a tener protagonismo en otro tipo de convocatorias que se van a abrir, mientras que Estados Unidos pasará a sufrir el aislamiento y el señalamiento que ha vivido Cuba”, dijo el analista en asuntos internacionales Vicente Torrijos, de la Universidad El Rosario de Bogotá.

Para una parte de Latinoamérica, la OEA es un sistema de diplomacia dominado por Washington que no ha logrado mantenerse al ritmo de los cambios en la región.

“Me asombró hoy escuchar el discurso de José Miguel Insulza en Cartagena. Pensaba que quien hablaba en nombre de la OEA, se ocuparía al menos de reclamar el respeto a la soberanía de los países de este hemisferio que a lo largo de siglos fueron colonizados”, dijo el ex presidente cubano Fidel Castro, en un comentario publicado en Cuba Debate el domingo por la noche.

“La Cumbre de Cartagena tiene escenas que no serán fáciles de olvidar”, sostuvo.

ADIOS AL PATIO TRASERO

Las críticas contra la OEA llegaron al punto en que 33 países del continente, con la intencional ausencia de Estados Unidos y Canadá, crearon en Caracas a fines del año pasado la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC).

Aunque la idea del presidente venezolano Hugo Chávez de reemplazar a la OEA con el nuevo organismo es bastante ambiciosa, al menos la CELAC le restará algo de influencia a la organización con sede en Washington.

“Parece que Estados Unidos todavía quiere aislarnos del mundo, piensa que va a seguir manipulando a Latinoamérica, (pero) eso va terminando”, dijo el presidente boliviano, Evo Morales, en una entrevista con la cadena de televisión Telesur.

“Yo siento que es una rebelión de países de América Latina frente a Estados Unidos”, agregó.

Hasta hace dos décadas, Washington lideraba el continente y la mayoría de las economías latinoamericanas estaban alineadas a las políticas de su mayor socio comercial.

Pero la indiferencia de Estados Unidos en los últimos años, combinado con una mayor solidez de las economías de la región y el creciente peso comercial de China -ya es el principal socio comercial de Brasil y de otros
vecinos- instalaron el sentimiento de que Washington ya no es indispensable.

“Hay un mundo que se nos abre a la región muy interesante, con muchas posibilidades y que por lo tanto hoy nuestro destino no está atado de ninguna forma a una decisión norteamericana”, dijo en una reciente entrevista con Reuters Diego Guelar, ex embajador argentino en Washington.

“Nosotros fuimos el patio trasero, hoy la realidad no es así”, agregó.

Bolivia, Cuba, Ecuador, Nicaragua y Venezuela resolvieron no participar en las próximas Cumbres de las Américas en las que Cuba no sea invitada.

“Al final de cuentas no es ningún favor que se le estaría haciendo a Cuba, sino un derecho arrebatado que se le estaría reconociendo a Cuba”, sostuvo el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, que estuvo ausente en Cartagena en apoyo a la isla.

(Con información de Reuters)

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Prensentan en Feria del Libro ensayo sobre ciencia y tecnología en el Siglo XXI

14 Feb

Fidel Castro Díaz-Balart (c) conversa con Ignacio Ramonet (i), y con el politólogo argentino Atilio Borón (d), este 09 de enero en la inauguración de la XXI edición de la Feria Internacional del Libro de La Habana. Foto: EFEFidel Castro Díaz-Balart (c) conversa con el escritor y politólogo francés Ignacio Ramonet (i), y con el economista argentino Atilio Borón (d), el 09 de enero en la inauguración de la XXI edición de la Feria Internacional del Libro de La Habana. Foto: EFE

El uso de la ciencia y la tecnología en el contexto mundial caracterizado por la amenaza a la paz y la desigualdad en cada sector de la vida, fue tema central en la presentación de los libros Nuclear Energy: enviromental danger or solution for the 21 th century? (Energía nuclear: ¿peligro medioambiental o solución para el siglo 21?), y Ciencia, tecnología y sociedad. Hacia un desarrollo sostenible en la era de la globalización, de Fidel Castro Díaz Balart, asesor científico del Consejo de Estado de Cuba.

El propósito fundamental del primero de los títulos es hacer llegar al público el entendimiento de qué es la energía nuclear, para así evaluar sus posibilidades en la generación de electricidad en un momento en que la sociedad se encuentra azotada por diversas crisis, desde la económica o financiera, hasta otras menos visibles como el analfabetismo, afirmó el autor.

Nuclear Energy…recorre el desarrollo de esa tecnología, y analiza la trayectoria del programa nuclear cubano, pasando por la primera crisis petrolera en la Isla durante los años 70, frente a la que surgió la alternativa de utilizar esta energía como solución, y por el proyecto de la central de Juraguá.

En cambio, Ciencia, tecnología y sociedad. Hacia un desarrollo sostenible en la era de la globalización,centra su atención en la necesidad de que exista un espacio para la ciencia y la tecnología dentro del nuevo modelo económico cubano.

El texto está dividido en cuatro capítulos, el primero de ellos sobre la demanda energética frente al deterioro del medio ambiente. El resto explica experiencias de desarrollo tecnológico en la India, Brasil y Cuba, analiza el reflejo de la polarización del mundo en países ricos y pobres en la ciencia y la tecnología, y busca respuesta a la interrogante de qué organización es necesaria para crear una economía basada en el conocimiento.

Según el autor, el surgimiento de este tipo de economía se traduce en un incremento del llamado valor agregado, cuando el desarrollo está determinado por la desigual distribución de las riquezas y la división social.

Editado por vez primera en 2003, Ciencia, tecnología… permite poner al servicio del público un análisis de estas ramas del conocimiento, teniendo en cuenta todas las complejidades del mundo actual, y el estado de “bienestar” de la sociedad, de cara a un avance gradual y necesario a partir del saber científico.

Según el Dr. Agustín Lage, director del Centro de Inmunología Molecular, el contexto cubano es escenario propicio para la reedición del libro de Balart, el cual desde el título advierte que “la tarea que tenemos por delante no se limita al desarrollo de la ciencia, sino a la transformación de ella en tecnología y a la inserción de ambas en el plano social”.

(Con información de Radio Habana Cuba)

cubadebate.

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La Segunda Declaración de La Habana: Manifiesto comunista de la Revolución latinoamericana

8 Feb

Por Luis Suárez Salazar
Rebelión

Imborrables momentos de la historia de las multiformes luchas de los pueblos latinoamericanos y caribeños por su verdadera y definitiva independencia. Como he señalado en otras ocasiones, sin el análisis crítico de todos esos acontecimientos, así como de sus subterráneas, telúricas o volcánicas interrelaciones mutuas, no podremos comprender, en toda su profundidad, las complejidades y dilemas de esta nueva etapa de “la dinámica entre la revolución, las reformas, el reformismo, la contrarreforma y la contrarrevolución” que está viviendo el mundo y, dentro de él, nuestra Patria Grande: América Latina y el Caribe o, si prefieren, “el continente del Abya Yala”.1

Dentro de esos “aniversarios redondos” del presente año tenemos que incluir, en primerísimo lugar, el correspondiente a la Segunda Declaración de La Habana, justamente calificada por algunos historiadores o historiógrafos como “el Manifiesto Comunista de la Revolución Latinoamericana”. Demostrando, otra vez, el carácter democrático de la proyección externa de la Revolución Cubana,2 a propuesta de la dirección de las Organizaciones Revolucionarias Integradas (antecesora del actual Partido Comunista de Cuba), del llamado “segundo Gobierno Revolucionario Cubano” y de su entonces Primer Ministro, Fidel Castro, un día como hoy, hace cincuenta años, esa trascendental declaración fue aprobada mediante el voto universal, libre, público y directo de los cerca de dos millones de cubanas y cubanos asistentes a la entonces llamada Asamblea General Nacional del Pueblo de Cuba celebrada en la Plaza de la Revolución José Martí.

Igualmente, por las innumerables personalidades, dirigentes y activistas de las diversas organizaciones sociales y políticas que, en los días previos, habían participado en la Conferencia de los Pueblos Latinoamericanos efectuada en La Habana entre el 23 y el 31 de enero de 1962. Entre ellos, nunca podremos olvidar al ex presidente de México, Lázaro Cárdenas; al destacado dirigente campesino brasileño Francisco Julião; a Vivian Trías, Secretario General del Partido Socialista de Uruguay; al Pintor de América Osvaldo Guayasamín y al entonces Senador y posteriormente martirizado presidente de Chile, el compañero Salvador Allende.3

Quiso el llamado “topo de la Historia” que exactamente 30 años después de la aprobación de la Segunda Declaración de La Habana, el 4 de febrero de 1992, “la patria chica” de Simón Bolívar y la opinión pública internacional se estremecieran con las primeras e incompletas noticias de la transitoriamente derrotada sublevación cívico-militar (que no es lo mismo que un golpe de Estado) organizada por el Movimiento Revolucionario Bolivariano, fundado y encabezado por el ahora presidente de la República Bolivariana de Venezuela, el comandante Hugo Chávez Frías.

Según sus protagonistas, esa rebelión tuvo como objetivo inmediato derrocar al cada vez más represivo, entreguista y corrompido segundo gobierno del líder del Partido Acción Democrática, Carlos Andrés Pérez, máximo responsable de la ignominiosa matanza que, tres años antes, se había producido en Venezuela durante e inmediatamente después del llamado “Caracazo”. Y, cuando se cumpliera ese propósito, emprender las profundas transformaciones económicas, sociales y políticas que desde hacían varios años venía demandando el pueblo venezolano.

De modo que en el día de hoy, 4 de febrero del 2012, estamos celebrando al unísono el 50 Aniversario de la proclamación a los cuatro vientos de uno de los documentos más trascendentales de la Historia de las luchas de los pueblos latinoamericanos y caribeños por la que José Martí llamó “su segunda independencia” frente al “Norte Revuelto y brutal que nos desprecia” y el 30 Aniversario del que, por analogía con el proceso liberador que se desarrolló en Cuba, nuestra “patria chica”, en los años posteriores al 26 de julio de 1953, bien pudiéramos denominar “el Moncada venezolano”: catalizador de la Revolución Bolivariana iniciada a comienzos de 1999.

Y esas dos celebraciones las estamos emprendiendo en la antesala del décimo aniversario de la derrota, el 13 de abril del 2002, del criminal golpe de Estados fascista emprendido en la República Bolivariana de Venezuela por los representantes políticos, militares, mediáticos e ideológico-culturales de los sectores más reaccionarios de las clases dominantes venezolanas, descaradamente apoyados por el “gobierno permanente” y por el “gobierno temporal” de Estados Unidos encabezado por George W. Bush. También a pocas semanas del 45 Aniversario de la publicación por primera vez, el 16 de abril de 1967, del Mensaje del Che a todos los pueblos del mundo a través de la Tricontinental, en el que, con la profunda autoridad moral que le confería y le confiere su decisión de luchar, vencer o morir, en cualquier lugar del mundo donde se reclamara el concurso de sus modestos esfuerzos, dejó dicho:

En nuestro mundo en lucha, todo lo que sea discrepancia en torno a la táctica, método de acción para la consecución de objetivos limitados debe analizarse con el respeto que merecen las apreciaciones ajenas. En cuanto al gran objetivo estratégico, la destrucción del imperialismo por medio de la lucha debemos ser intransigentes.4

No tengo tiempo para referirme a la profunda y compleja interrelación que le atribuyo a esos y otros acontecimientos históricos que celebraremos o conmemoraremos, según el caso, este año, como la ya próxima celebración del 50 Aniversario del inicio del inconcluso proceso de descolonización de las mal llamadas “Indias Occidentales” y el 45 aniversario, también en los primeros días de agosto de 2012, de la realización en La Habana de la Primera (y a la postre única) Conferencia de la Organización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS) que había sido fundada, en enero de 1966, por los representantes de todas las organizaciones populares y revolucionarias de 28 países y territorios coloniales de América Latina y el Caribe que previamente habían asistido a la Primera Conferencia Tricontinental.5

Como se sabe, casi dos meses después de la culminación de la antes mencionada conferencia de la OLAS, el 9 de octubre de 1967, cumpliendo orientaciones del gobierno de los Estados Unidos, la dictadura militar boliviana, encabezada por el general René Barrientos, asesinó a sangre fría en la ahora célebre escuelita de La Higuera, al comandante Ernesto Che Guevara y otros de sus compañeros de lucha que, un día antes, estando heridos e inermes, habían sido hechos prisioneros en el desigual combate que se produjo en la Quebrada del Churo.

En mi consideración, todos esos luminosos y tristes acontecimientos estuvieron interrelacionados con los principales enunciados de la Segunda Declaración de La Habana a los que me referiré más adelante. Pero antes creo necesario abordar, aunque sea brevemente, el contexto político e intelectual en que se aprobó esa declaración. Esas referencias son imprescindibles para aquilatar su significado histórico, para comprender el lenguaje con el que fue redactada, para no dogmatizar ninguno de sus postulados y, por tanto, para aquilatar, en su justa dimensión y de manera dialéctica, su actualidad y su futuridad.

Como bien han indicado diversos analistas e historiadores de diferentes latitudes, la Segunda Declaración de La Habana fue “la respuesta del pueblo cubano” a la Octava Reunión de Consultas de Ministros de Relaciones Exteriores de la Organización de Estados Americanos (OEA) efectuada en Punta del Este, Uruguay, entre el 23 y el 31 de enero de 1962. A pesar de la acérrima defensa del sagrado principio de no intervención en los asuntos internos y externos cubanos y de otros Estados latinoamericanos enarbolada por el entonces presidente de Cuba, doctor Osvaldo Dorticós Torrado, y de la abstención de los entonces cancilleres de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Ecuador y México, el secretario de Estado estadounidense Dean Rusk, con diferentes maniobras (incluida la desfachatada compra del voto del representante del sanguinario dictador haitiano Françoise Duvalier y del gobierno uruguayo de la época), logró movilizar los dos tercios de votos imprescindibles para -sobre la base de los viciados presupuestos del Tratado Interamericano de Asistencia Reciproca (TIAR) de 1947- aprobar la resolución que, bajo el pretexto de la “incompatibilidad del marxismo-leninismo con los principios del Sistema Interamericano”, expulsó al Gobierno Revolucionario Cubano de los principales órganos político-militares del Sistema Interamericano: la mal llamada Junta Interamericana de Defensa y la OEA.

Esa nefanda resolución (derogada por la Asamblea General de la OEA que se celebró en Honduras en mayo de 2009, unos días antes del derrocamiento mediante un golpe de Estado de su presidente constitucional, Manuel Zelaya) fue el preámbulo de un nuevo endurecimiento del bloqueo económico, comercial y financiero de Estados Unidos contra Cuba, al igual que del acelerado diseño de la Operación Mangosta, orientada a crear todas las condiciones políticas y militares necesarias para producir una intervención militar directa contra Cuba.

Esa operación –sin cuyo conocimiento no se puede explicar la llamada Crisis de Octubre o Crisis de Misiles de octubre de 1962- fue fraguada por el presidente demócrata estadounidense John F. Kennedy; cuya administración también estaba empeñada en convertir en realidad a lo largo y ancho de América Latina y el Caribe los tremebundos propósitos “reformistas contra-insurgentes” de la mal llamada “Alianza para el Progreso”. Estos ya habían sido denunciados por el comandante Ernesto Che Guevara durante su participación, en representación del Gobierno Revolucionario Cubano, en la reunión del Consejo Interamericano Económico y Social de la OEA que también se había realizado en Punta del Este, Uruguay, en agosto de 1961.6

De modo que podemos afirmar que la Segunda Declaración de La Habana fue una de las más resonantes respuestas del pueblo cubano y de los más lúcidos y combativos representantes de otros pueblos de la América Nuestra a la criminal ofensiva contrarrevolucionaria, contrarreformadora y contrarreformista desatada, a comienzos de la década de 1960, por los círculos de poder estadounidenses y por sus aliados hemisféricos; incluidas todas las dictaduras militares entonces instauradas en la región y buena parte de los gobierno democrático-representativos o, mejor dicho, “democráticos represivos” que sobrevivían en América Latina y en los dos Estados entonces semiindependientes del Caribe: Haití y República Dominicana. El primero mal gobernado por la dictadura de Françoise Duvalier y el segundo por Joaquín Balaguer, uno de los testaferros del célebre dictador Rafael Leónidas Trujillo, quien había sido asesinado unos meses antes por un comando organizado y financiado por la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos.

Sin embargo, desde mi punto de vista, sería un desatino historiográfico y político reducir el significado de la Segunda Declaración de La Habana a esa coyuntura política; ya que, alumbrada por la famosa carta inconclusa que, horas antes de caer en Dos Ríos, el 19 de mayo de mayo de 1895, le estaba escribiendo José Martí a su inseparable amigo Manuel Mercado,7 por las victoriosas experiencias de lucha del pueblo cubano contra la dictadura de Fulgencio Batista y contra el Estado neocolonial instaurado en ese país desde 1902, por las primeras realizaciones económicas y sociales de la Revolución Cubana, por la proclamación de su carácter socialista horas antes de la primera gran derrota del imperialismo yanqui en América Latina (la invasión mercenaria de Playa Girón), así como por las multiformes luchas por la liberación nacional y social que entonces se desarrollaban en África y en Asia, esa declaración fue, desde su primera hasta su última palabra, una convocatoria a los pueblos latinoamericanos y caribeños, así como a aquellos partidos, organizaciones y personalidades de la ahora llamada “vieja izquierda social, política e intelectual” a emprender sus luchas, con todos los medios a su alcance, desde las ideas hasta las armas cuando éstas últimas fueran imprescindibles, por su genuina liberación nacional y social. O, en el lenguaje de la Segunda Declaración de La Habana, por “su única, verdadera [e] irrenunciable independencia”.8

Ese propósito supremo, que la hermanó con el Manifiesto Comunista elaborado y difundido por Marx y Engels en los prolegómenos de la Revolución Francesa de 1848 y, por tanto, de los diversos estremecimientos políticos que vivió Europa desde ese momento hasta la Comuna de Paris de 1871, se desprende de las siguientes afirmaciones de la Declaración de La Habana que, para una mejor comprensión, cito textualmente en un orden inverso al que aparecen en la misma página de ese documento:

En muchos países de América Latina la revolución es hoy inevitable. Ese hecho no lo determina la voluntad de nadie; está determinado por las espantosas condiciones de explotación en que vive el hombre americano, el desarrollo de la conciencia revolucionaria de las masas, la crisis mundial del imperialismo y el movimiento universal de lucha de los pueblos subyugados.

Las condiciones subjetivas de cada país -es decir, el factor conciencia, organización, dirección- pueden acelerar o retrasar la revolución según su mayor o menor grado de desarrollo; pero tarde o temprano, en cada época histórica, cuando las condiciones objetivas maduran, la conciencia se adquiere, la organización se logra, la dirección surge y la revolución se produce.

Que esta tenga lugar por cauces pacíficos o nazca al mundo después de un parto doloroso, no depende de los revolucionarios; depende de las fuerzas reaccionarias de la vieja sociedad, que se resisten a dejar nacer la sociedad nueva que es engendrada por las contradicciones que lleva en su seno la vieja sociedad. La revolución es en la historia como el médico que asiste el nacimiento de una nueva vida. No usa sin necesidad los aparatos de fuerza, pero los usa sin vacilaciones cada vez que sea necesario para ayudar al parto. Parto que trae a las masas esclavizadas y explotadas la esperanza de una vida mejor.9

Esa convocatoria a emprender de manera inmediata las multiformes luchas revolucionarias, antiimperialistas, anticolonialistas, antineocolonialistas y anticapitalistas en América Latina y el Caribe no fue -como han pretendido algunos analistas- un acto de voluntarismo político. Surgió de un profundo análisis crítico de la historia de la Humanidad y en particular de la historia de los pueblos del mundo subdesarrollado y dependiente desde el mal llamado “descubrimiento de América” hasta los primeros años de la década de 1960; pasando por las frustraciones de las más nobles aspiraciones de los líderes y héroes más radicales de las contiendas por “la primera independencia” de Nuestra América frente a los colonialismos europeos y por la “re-colonización” de ese continente, a partir de fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX, por parte del entonces todopoderoso imperialismo estadounidense. Ese proceso fue posible gracias a la activa participación de los representantes políticos, militares, mediáticos e ideológico-culturales de diferentes sectores de las clases dominantes latinoamericanas y caribeñas. Por eso la Segunda Declaración de La Habana afirmó:

Los pueblos de América [Latina] se liberaron del coloniaje […] a principios del siglo pasado, pero no se liberaron de la explotación. Los terratenientes feudales asumieron la autoridad de los gobernantes españoles [y portugueses], los indios continuaron en penosa servidumbre, el hombre latinoamericano en una u otra forma siguió [siendo] esclavo y las mínimas esperanzas de los pueblos sucumbieron bajo el poder de las oligarquías y la coyunda del capital extranjero.10

[…]

En las actuales condiciones históricas de América Latina, la burguesía nacional no puede encabezar la lucha anti-feudal y antiimperialista. La experiencia demuestra que, en nuestras naciones, esa clase, aun cuando sus intereses son contradictorios con los del imperialismo yanqui, ha sido incapaz de enfrentarse a este, paralizada por el miedo a la revolución social y asustada por el clamor de las masas explotadas. Situadas ante el dilema imperialismo o revolución, solo sus capas más progresistas estarán con el pueblo.11

Esta última afirmación -profundamente crítica del programa, las estrategias y las tácticas de lucha que entonces defendían ciertos “partidos nacional-populares” y la mayor parte de los partidos comunistas del continente– surgieron de una interpretación revolucionaria, así como de una síntesis creadora y anti-dogmática del legado de Marx, Engels, Lenin, al igual que de la herencia teórica y práctica de las multiformes luchas populares, democráticas y revolucionarias que se habían desarrollado en América Latina y el Caribe a lo largo del siglo XIX y lo transcurrido del siglo XX. Por tanto, esa síntesis se nutrió de los pensadores y pensamientos más radicales sobre las causas estructurales de los profundos problemas económicos, sociales y políticos, internos y externos, que padecía y sufría nuestra Patria Grande.

En particular de aquellos que -criticando el colonizado pensamiento liberal o “socialdemócrata”, así como rompiendo el reduccionismo sociológico del marxismo euro céntrico, incluido el elaborado por el trotskismo- ya vindicaban el indiscutible papel que le correspondería desempeñar a “los pobres”, a las y a los descendientes de nuestros pueblos originarios, a los afro-descendientes y sus diversos mestizajes, al igual que a otros sectores sociales diferentes a la clase obrera y a los campesinos (cuya importancia también fue revalorizada por la Segunda Declaración de La Habana) en las luchas de los pueblos latinoamericanos y caribeños contra el imperialismo, el colonialismo y el neo-colonialismo, así como contra todas las lacras económicas y sociales, al igual que contra todas exclusiones y discriminaciones que tipificaban y aún tipifican al capitalismo antidemocrático, subdesarrollado, subdesarrollante y dependiente instaurado en la mayoría de los Estados-nacionales y de los territorios colonizados ubicados al Sur del Río Bravo y de la península Florida.

A pesar de mis discrepancias teórico-conceptuales con el presunto carácter “feudal” que en los primeros años de la década de 1960 tenía la formación económico-social latinoamericana y caribeña, en particular la posesión y explotación de la tierra, creo que lo dicho en el párrafo anterior quedó demostrado en los siguientes enunciados de la Segunda Declaración de La Habana que me parecen centrales para aquilatar su significado histórico, su actualidad y su futuridad:

El imperialismo, utilizando los grandes monopolios cinematográficos, sus agencias cablegráficas, sus revistas, libros y periódicos reaccionarios, acude a las mentiras más sutiles para sembrar el divisionismo, e inculcar entre la gente más ignorantes el miedo y la superstición a las ideas revolucionarias, que sólo a los intereses de los poderosos explotadores y a sus seculares privilegios pueden y deben asustar.

El divisionismo ­­­­-producto de toda clase de prejuicios, ideas falsas y mentiras­­­­-, el sectarismo, el dogmatismo, la falta de amplitud para analizar el papel que corresponde a cada capa social, a sus partidos, organizaciones y dirigentes, dificultan la unidad de acción imprescindible entre las fuerzas democráticas y progresistas de nuestros pueblos. Son vicios de crecimiento, enfermedades de la infancia del movimiento revolucionario que deben quedar atrás. En la lucha antiimperialista y anti-feudal es posible vertebrar la inmensa mayoría del pueblo tras metas de liberación que unan el esfuerzo de la clase obrera, los campesinos, los trabajadores intelectuales, la pequeña burguesía y las capas más progresistas de la burguesía nacional. Estos sectores comprenden la inmensa mayoría de la población, y aglutinan grandes fuerzas sociales capaces de barrer el dominio imperialista y la reacción feudal. En ese amplio movimiento pueden y deben luchar juntos, por el bien de sus naciones, por el bien de sus pueblos y por el bien de América, desde el viejo militante marxista, hasta el católico [cristiano] sincero que no tenga nada que ver con los monopolios yanquis y los señores feudales de la tierra.

Ese movimiento podría arrastrar consigo a los elementos progresistas de las fuerzas armadas, humillados también por las misiones militares yanquis, la traición a los intereses nacionales de las oligarquías feudales y la inmolación de la soberanía nacional a los dictados de Washington.12

Merece acentuar que estas ideas fueron enunciadas tres años antes de que en República Dominicana apareciera un líder popular de la talla del coronel Francisco Caamaño, así como cuatro antes de que cayera en combate el sacerdote guerrillero Camilo Torres y de que comenzaran a difundirse los fundamentos del “compromiso de los cristianos con los pobres” y de la Teología de la Liberación. Igualmente, seis años antes de que irrumpieran en el escenario político los gobiernos militares nacionalistas de Panamá y Perú, encabezados por Omar Torrijos y por el general Juan Velazco Alvarado, respectivamente. Y, dos años después, la formación del amplio bloque social y político que permitió la victoria de la Unidad Popular chilena en los comicios presidenciales realizados en ese país a fines de 1970.

Sin embargo, en lo personal creo que, a pesar del tiempo transcurrido y de los profundos y contradictorios cambios que se han producido en el mundo y en nuestro continente desde entonces hasta acá, todavía conservan una dolorosa vigencia las críticas al sectarismo, al dogmatismo de viejo y nuevo tipo, a la falta de amplitud para analizar el papel que corresponde a cada capa social, al igual que el llamado a la imprescindible unidad de acción entre “las fuerzas democráticas y progresistas de nuestros pueblos” formulado por la Segunda Declaración de La Habana. También tienen plena validez sus siguientes afirmaciones:

Con lo grande que fue la epopeya de la independencia de América Latina, con lo heroica que fue aquella lucha, a la generación de latinoamericanos de hoy les ha tocado una epopeya mayor y más decisiva todavía para la humanidad […] Hoy les toca la lucha de liberación frente a la metrópoli imperial más poderosa del mundo, frente a la fuerza más importante del sistema imperialista mundial, y para prestarle a la humanidad un servicio todavía más grande del que le prestaron nuestros antepasados.

Pero esta lucha, más que aquella, la harán las masas, la harán los pueblos; los pueblos van a jugar un papel mucho más importante que entonces; los hombres, los dirigentes importan e importarán en esta lucha menos de lo que importaron en aquella.

Esta epopeya que tenemos por delante la van a escribir las masas hambrientas de indios, de campesinos sin tierra, de obreros explotados, la van a escribir las masas progresistas; los intelectuales honestos y brillantes que tanto abundan en nuestras sufridas tierras de América; lucha de masas e ideas; epopeya que llevarán adelante nuestros pueblos maltratados y despreciados por el imperialismo, nuestros pueblos de sconocidos hasta hoy, que ya empiezan a quitarle el sueño. 13

En esas luchas actuales y futuras por la liberación de Nuestra América frente a la metrópoli imperial más poderosa del mundo sigue estando vigente otra de las grandes verdades proclamadas por la Segunda Declaración de La Habana: “El deber de todo revolucionario es hacer la revolución”; ya que “no es de revolucionarios sentarse en la puerta de su casa para ver pasar el cadáver del imperialismo. […] Cada año que se acelere la liberación de América, significará millones de niños que se salven para la vida, millones de inteligencias que se salven para la cultura, infinitos caudales de dolor que se ahorrarían los pueblos. Aún cuando los imperialista yaquis preparen un drama de sangre, no lograrán aplastar la lucha de los pueblos, concitarán contra ellos el odio universal y será también el drama que marque el ocaso de su voraz y cavernícola sistema”.14

Pero, como he dicho en otras ocasiones, para evitarle esos “infinitos caudales de dolor a nuestros pueblos”, para enfrentar la contraofensiva plutocrática e imperialista que en la actualidad se está desplegando y en el futuro previsible se desplegará contra las naciones, los pueblos y algunos gobiernos de “nuestra Mayúscula América”,15 es imprescindible que todas y todos los que, desde nuestras correspondientes inserciones sociales y políticas, queremos impulsar los grandes cambios que demanda el mundo y nuestra Patria Grande aprendamos a conjugar adecuadamente cinco verbos: soñar (porque como dijo Fidel Castro no hay revolucionarios sin sueños),16 luchar (porque los sueños que no van acompañado de las acciones para lograrlos son simples quimeras), sumar multiplicar (porque restar y dividir nunca debe ser la conducta de un revolucionario) y unir a todas y a todos los que deseen sumarse a las multiformes contiendas por la emancipación, por la edificación de un mundo más bonito y mejor que el que hasta ahora hemos conocido, al igual que por la unidad y la integración económica y política de nuestra Patria Grande; ya que como dijo José Martí en su célebre ensayo Nuestra América:

Ya no podemos ser el pueblo de hojas, que vive en el aire, con la copa cargada de flor, restallando o zumbando, según lo acaricie el capricho de la luz, o la tundan y talen las tempestades; ¡los árboles se han de poner en fila para que no pase el gigante de las siete leguas! Es la hora del recuento y de la marcha unida y hemos de andar en cuadro apretado como la plata en las raíces de los Andes.17

Así y solo así podremos convertir en irreversible realidad el estremecedor colofón de la Segunda Declaración de La Habana: “…esta gran humanidad ha dicho ¡Basta! y ha echado a andar. Y su marcha de gigantes ya no se detendrá hasta conquistar la verdadera independencia…”. 18

Notas

Conferencia pronunciada por el doctor en Ciencias Luis Suárez Salazar en la Casa del ALBA Cultural de La Habana, Cuba, el 4 de febrero de 2012.

Luis Suarez es graduado en Ciencias Políticas, postgrado en Filosofía, Doctor en Ciencias Sociológicas y Doctor en Ciencias. Actualmente, es Profesor Titular a tiempo parcial de la Facultad de Filosofía e Historia de la Universidad de La Habana. Igualmente, del Instituto Superior de Relaciones Internacionales “Raúl Roa García” adscripto al Ministerio de Relaciones Exteriores de la República de Cuba. Ha publicado más de un centenar de artículos y ensayos. También ha sido autor, coautor, compilador y editor de cerca de cinco decenas de libros. Algunas de sus obras han sido traducidas al alemán, al inglés, al italiano, al portugués y al ruso. También han recibido los siguientes reconocimientos: Mención de Honor del Jurado del Segundo Premio Internacional de Ensayo “Pensar a Contracorriente” convocado por el Instituto Cubano del Libro; Premio de la Crítica Científico-Técnica de la Academia de Ciencias de Cuba; Mención Honorífica del “Premio Libertador al Pensamiento Crítico”, otorgado por el Ministerio de la Cultura de la República Bolivariana de Venezuela; y Premio Anual a la tesis presentada para obtener su grado de Doctor en Ciencias: máxima categoría académica conferida por la Comisión Nacional de Grados Científicos de la República de Cuba.

  1. Luis Suárez Salazar: “La dinámica entre la revolución, la reforma, el reformismo, la contrarreforma y la contrarrevolución en nuestra Mayúscula América: algunas hipótesis”. Ponencia presentada en el Coloquio Internacional La América Latina y el Caribe entre la independencia de las metrópolis coloniales y la integración emancipatoria / Casa de las Américas, La Habana, 22 al 24 de noviembre del 2010.
  2. La primera vez que se convocó la llamada Asamblea General Nacional del Pueblo fue el 2 de septiembre de 1960. Esta aprobó la posteriormente llamada Primera Declaración de La Habana en respuesta a las resoluciones anti-cubanas aprobadas por la Séptima Reunión de Consultas de Ministros de Relaciones Exteriores de la Organización de Estados Americanos (OEA) realizada en San José Costa Rica. Los interesados en el contenido de esa declaración pueden consultar: Luis Suárez Salazar (compilador) Fidel Castro: Latinoamericanismo vs. imperialismo, Editorial Ocean Sur, 2009.
  3. “La farsa de la Organización de Estados Americanos en Punta del Este”, Cuba Socialista, año 2, no. 6, marzo de 1962, sección “Comentarios del Mes”, pp. 91-102.
  4. Ernesto Che Guevara: Ernesto Che Guevara: “Mensaje a todos los pueblos del mundo a través de la Tricontinental”, en Ernesto Che Guevara: Obras (1957-1967), Editorial Casa de las Américas, La Habana, 1970, p. 597.
  5.  Ulises Estrada y Luis Suárez Salazar (editores): Rebelión tricontinental: Las voces de los condenados de la tierra de África, Asia y América Latina, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2007.
  6.  Ernesto Che Guevara: “Discursos en Punta del Este, Uruguay”, en Ernesto Che Guevara: Obras(1957-1967), Editorial Casa de las Américas, La Habana, 1970, pp. 420-468
  7.  En esa inconclusa carta José Martí expresó, entre otras cosas: “Ya puedo escribir […]; ya que estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país, y por mi deber […] de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan con esa fuerzas más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso”. El texto de esa carta encabezó la Segunda Declaración de La Habana.
  8.  Segunda Declaración de La Habana, en José Bell Lara, Delia Luisa López García, Tania Caram León: Documentos de la Revolución Cubana 1962, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, p. 532.
  9.  Ibídem, p. 513.
  10.  Ibídem, p. 514.
  11.  Ibídem, p. 528.
  12.  Ibídem, pp. 528 y 529.
  13.  Ibídem, p. 530.
  14.  Ibídem, pp. 529 y 530
  15.  Luis Suárez Salazar: “Contraofensiva plutocrática-imperialista contra nuestra Mayúscula América“, en Felipe de Jesús Pérez Cruz (coordinador): América Latina en tiempos de bicentenario, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2011, pp. 96-119.
  16.  Fidel Castro: Un grano de maíz (Conversación con Tomás Borge), Oficina de publicaciones del Consejo de Estado, La Habana, 1992.
  17.  José Martí: Nuestra América, Casa de las Américas, La Habana, 1974, pp.21 y 22.
  18.  Segunda Declaración de La Habana, ed. cit., p. 532.
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Objetivos de trabajo del PCC aprobados en la Conferencia Nacional (+ PDF)

1 Feb

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Foto: Ismael FranciscoFoto: Ismael Francisco

FUNDAMENTOS DEL PARTIDO

El Partido Comunista de Cuba, fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado, es fruto legítimo de la Revolución, al propio tiempo su vanguardia organizada y quien garantiza, junto al pueblo, su continuidad histórica.

El compañero Fidel Castro Ruz, Comandante en Jefe de la Revolución Cubana, definió en el 1er. Congreso del PCC, su concepción acerca del Partido, cuando expresó: “El Partido lo resume todo. En él se sintetizan los sueños de todos los revolucionarios a lo largo de nuestra historia; en él se concretan las ideas, los principios y la fuerza de la Revolución; en él desaparecen nuestros individualismos y aprendemos a pensar en términos de colectividad; él es nuestro educador, nuestro maestro, n estro guía y nuestra conciencia vigilante, cuando nosotros mismos no somos capaces de ver nuestros errores, nuestros defectos y nuestras limitaciones; en él nos sumamos todos y entre todos hacemos de cada uno de nosotros un soldado espartano de la más justa de las causas y de todos un gigante invencible […]“.

Estos conceptos sintetizan nuestro pensamiento y acción, y nos uían en el empeño de consolidar una sociedad plenamente libre y soberana, como se expresa en la Constitución de la República. Los principios del centralismo democrático, la dirección colectiva y la responsabilidad individual, como pilares de la organización y la estructura del Partido, mantienen plena vigencia y en ellos se sustenta la vocación de perfeccionarlo.

El Partido Comunista de Cuba, marxista, leninista y martiano, en su condición de Partido único de la nación cubana, tiene como fortaleza y misión principal la de unir a todos los patriotas y sumarlos a los intereses supremos de construir el Socialismo, preservar las conquistas de la Revolución y continuar luchando por nuestros sueños de justicia para Cuba y la humanidad toda.

INTRODUCCIÓN

La Conferencia Nacional del Partido, por mandato de su 6to. Congreso, tiene la responsabilidad de evaluar con objetividad y sentido crítico el trabajo de la organización, así como determinar con voluntad renovadora las transformaciones necesarias para situarlo a la altura de las circunstancias actuales. En el Informe al 6to. Congreso se expresa: “[…] debemos meditar en los efectos contraproducentes de viejos hábitos que nada tienen que ver con el papel de vanguardia de la organización en la sociedad, entre ellos la superficialidad y formalismo con que se desarrolla el trabajo político-ideológico, la utilización de métodos y términos anticuados que no tienen en cuenta el nivel de instrucción de los militantes, la realización de reuniones excesivamente extensas y con frecuencia
dentro de la jornada laboral, que debe ser sagrada, en primer lugar para los comunistas; con agendas muchas veces inflexibles indicadas por el organismo superior, sin diferenciar el escenario en que se desarrolla la vida de los militantes, las frecuentes convocatorias a actividades conmemorativas formales, con discursos más formales todavía y la organización de trabajos voluntarios en los días de descanso sin contenido real ni la debida coordinación, generando gastos y difundiendo el disgusto y la apatía entre nuestros compañeros”.

El 6to. Congreso ratificó el concepto de que lo primero que estamos obligados a modificar en la vida partidista es la mentalidad que, como barrera psicológica, es la que más trabajo nos llevará superar al estar atada a dogmas y criterios obsoletos.

Es importante reconocer que el Partido en diversos momentos se ha involucrado en tareas que no le corresponden, lo que ha limitado su papel de dirección y comprometido la labor política e ideológica. Nos enfrentamos también a problemas como el desconocimiento, la no utilización de documentos rectores de la organización e insuficiencias en el ejercicio de las funciones y atribuciones que le son propias; la falta de rigor en el análisis y la no aplicación consecuente de la política trazada, lo que ha dificultado la obtención de los resultados esperados en el trabajo.

Los retos actuales y futuros reclaman, como primera exigencia, articular todos los medios y fuerzas con que contamos para fortalecer la unidad patriótica y moral del pueblo; desarrollar valores
y patrones de vida revolucionarios; abrir cauce a legítimas aspiraciones individuales y colectivas; y enfrentar prejuicios y discriminaciones de todo tipo que aún persisten en el seno de la sociedad.

Los imperialistas cifran sus esperanzas en la vulnerabilidad de las nuevas generaciones y de determinados grupos o sectores de la sociedad; intentan fomentar la división, la apatía, el desaliento,
el desarraigo, y la falta de confianza en la Dirección de la Revolución y el Partido. Pretenden mostrar una sociedad sin futuro, para revertir los logros obtenidos en la construcción del Socialismo, despojarnos de la independencia y las conquistas revolucionarias.

Estos propósitos dejan a las claras que el campo de las ideas sigue siendo un decisivo frente de lucha. Estas circunstancias, a las cuales se unen las manifestaciones de la nueva política injerencista, agresiva y de justificación del uso de la fuerza por el imperio y sus aliados, plantean la necesidad de continuar prestándole máxima atención a la preparación del país para la defensa y fortalecer en las instituciones armadas el trabajo político e ideológico.

Ante esta perspectiva debe estimularse un clima de máxima confianza y crearse las condiciones necesarias a todos los niveles para el más amplio y sincero intercambio de opiniones, tanto
en el seno del Partido como en su relación con los trabajadores y el pueblo.

Esto permitiría en un marco de respeto y compromiso, la expresión de ideas y conceptos diversos, de modo que las discrepancias se asuman como algo natural.

En el Informe Central al 6to. Congreso del Partido fueron abordados los errores y debilidades presentes en la política de cuadros, referidos en lo fundamental a la falta de previsión e intencionalidad en su conducción y aplicación consecuente, el escaso rigor y visión que abrieron brechas a la promoción acelerada de cuadros inexpertos e inmaduros, la poca sistematicidad y voluntad política para asegurar la promoción de mujeres, negros, mestizos y jóvenes a cargos principales, sobre la base del mérito y las condiciones personales, así como las deficiencias en la selección y preparación de la reserva.

En el estilo de trabajo de no pocos cuadros se manifiesta falta de responsabilidad y proyección, lentitud en la búsqueda de soluciones a los disímiles problemas que cotidianamente deben enfrentarse, así como poca creatividad, pobre vínculo con las masas, falta de exigencia ante las violaciones e indisciplinas, métodos burocráticos de dirección, y la consiguiente pérdida de autoridad y ejemplaridad motivadas por actitudes negativas, en ocasiones corruptas.

En la labor política e ideológica se requiere priorizar el trabajo diferenciado y directo con todos los sectores de la sociedad, persona a persona, a través de las organizaciones de base del Partido y la UJC, las escuelas, las organizaciones de masas y sociales y los medios de comunicación masiva. De igual forma, divulgar más la información actualizada sobre las decisiones que se adopten en el país y en los territorios y enfrentar las insuficiencias en la preparación de los militantes, el deterioro de algunos valores fundamentales en su conducta, así como la insuficiente utilización de las vías con las que cuenta el Partido para educar.

Por otra parte, la población con la que se interactúa hoy es más heterogénea y envejecida; también cuenta con una masa de jóvenes que no conocieron la sociedad capitalista y sus vivencias sobre la construcción del socialismo se han desarrollado en las excepcionales condiciones del periodo especial y posee mayoritariamente un elevado nivel escolar, por lo cual la comunicación con ella requiere ser más creativa, sistemática, fundamentada y diferenciada.

El Partido debe reforzar y exigir el oportuno enfrentamiento a las causas y condiciones que propician manifestaciones de indisciplinas sociales, burocratismo, paternalismo, negligencia, nepotismo y doble moral, así como mentira y acomodamiento. De igual forma, trabajará en la lucha contra las ilegalidades, la corrupción y otros delitos, que socavan las bases de nuestra sociedad.

Es también un objetivo de esta Conferencia, la revisión de los conceptos, los métodos y el estilo de trabajo del Partido en sus relaciones con la UJC y las organizaciones de masas, sobre la base del respeto a su funcionamiento democrático y autónomo.

La UJC como organización juvenil del Partido requerirá de un tratamiento especial por su importancia en la labor política e ideológica con las nuevas generaciones. Al evaluar el trabajo de estas organizaciones, se aprecia que este se fue distorsionando y dejaron de actuar de manera prioritaria con sus estructuras de base.

La participación de sus cuadros en un excesivo número de comisiones y reuniones limitó el vínculo con las personas. A ello se suman la falta de creatividad y sistematicidad en el desempeño de sus misiones, el exceso de convocatorias a sus miembros, que afecta su tiempo libre y genera molestias en la población.

Los criterios y propuestas que se sometieron a la consideración de la Primera Conferencia Nacional del Partido fueron el resultado de un profundo análisis realizado por los militantes del Partido y de la Unión de Jóvenes Comunistas.

CAPÍTULO I. FUNCIONAMIENTO, MÉTODOS Y ESTILO DE TRABAJO DEL PARTIDO

Objetivo No. 1. Propiciar, mediante un mayor vínculo con la base, que los miembros de los comités, en todos los niveles, desempeñen un papel determinante en la discusión y adopción de las decisiones más importantes que competen al Partido; se les asegure el conocimiento previo y la participación activa en los temas a analizar en el organismo y cuenten con la información que les permita ejercer acertadamente sus deberes y responsabilidades.

Objetivo No. 2. Introducir el principio de que los miembros de los comités del Partido, en todos los niveles, deben presentar su renuncia, a esta condición cuando consideren que dejaron de existir las razones por las cuales fueron elegidos, sin que ello constituya un demérito o una actitud reprochable. Si ello no ocurre, el organismo del Partido correspondiente adoptará la decisión que
considere conveniente.

Objetivo No. 3. Garantizar que en las reuniones ordinarias de los organismos y las organizaciones de base del Partido se traten, con prioridad y sistematicidad, asuntos relacionados con la implementación y el cumplimiento de los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución, la ejecución del plan de la economía o el presupuesto asignado, y se enjuicie críticamente el papel que el propio Partido desempeña en esa actividad.

Objetivo No. 4. Promover y exigir sistemáticamente un mayor conocimiento y aplicación de los documentos que norman la vida del Partido, por sus organismos, cuadros, organizaciones de base y militantes.

Objetivo No. 5. Eliminar en los métodos y el estilo de trabajo del Partido la interferencia y suplantación de funciones y decisiones que corresponden al Gobierno y a las instituciones administrativas; para ello ejercerá su responsabilidad de dirección y control, mediante la comprobación de la implementación adecuada y el cumplimiento de los acuerdos del 6to. Congreso y de los organismos superiores, utilizando las estructuras y vías propias del Partido, el contacto permanente con la base y el alerta oportuno cuando lo considere conveniente.

Objetivo No. 6. Consolidar la atención del Partido a los órganos del poder Popular y contribuir al proceso de perfeccionamiento en marcha, con vistas a reforzar la institucionalización del país.

Objetivo No. 7. Garantizar la aplicación de un sistema ágil y oportuno que permita brindar una mayor información a los militantes, trabajadores y la población sobre los análisis y decisiones de los organismos del Partido, relacionados con la vida política, económica y social del país y de los territorios.

Objetivo No. 8. Reducir con un criterio racional los asuntos o temas que los organismos superiores remiten a los diferentes niveles, así como revisar la frecuencia indicada para su tratamiento en las reuniones; igual concepto se seguirá con todo el sistema de información y de documentación establecido desde el Comité Central hasta la base.

Objetivo No. 9. Fortalecer e incrementar en las estructuras del Partido y demás organizaciones e instituciones, las acciones dirigidas a prevenir y enfrentar las manifestaciones de indisciplina social, ilegalidades, corrupción, delitos y otras conductas negativas.

Objetivo No. 10. Reducir a lo estrictamente necesario las comisiones permanentes de los organismos del Partido. Ello no excluye la utilización de aquellas que se constituyen temporalmente para temas específicos.

Objetivo No. 11. Perfeccionar el sistema de planificación del trabajo para los organismos del Partido, de sus cuadros y las organizaciones de base, para que se asegure su objetividad, flexibilidad y utilidad, y se ajuste a las características, contenido específico y responsabilidad de los diferentes niveles de dirección.

Objetivo No. 12. Revisar integralmente y rediseñar el sistema de control y asesoramiento que se utiliza por el Comité Central, los comités provinciales y municipales hacia sus niveles de dirección subordinados.

Objetivo No. 13. Eliminar la tendencia a orientar, controlar y darles seguimiento a las tareas que son responsabilidad del Partido solo mediante reuniones. Favorecer el contacto directo y oportuno con los responsables y demás trabajadores en los lugares en que se realizan las acciones. Promover la aplicación de similar criterio en las demás instituciones y organizaciones.

Objetivo No. 14. Propiciar en el Partido, la UJC, las organizaciones de masas y demás instituciones un adecuado ambiente de trabajo que facilite y promueva el respeto y la confianza como premisas para dialogar, debatir, criticar y asegurar un estilo cada vez más participativo y democrático en la toma de decisiones.

Objetivo No. 15. Fomentar el ejercicio de la crítica y la autocrítica en el lugar adecuado, en forma correcta y oportuna, bajo el principio de que en el Partido todos tienen derecho a criticar y nadie está exento de ser criticado. Eliminar la práctica de aceptar autocríticas que en realidad son puras justificaciones; enfrentar y sancionar acciones de represalia contra los que critican. Las medidas disciplinarias deben responder al concepto expresado por el compañero Fidel de no ser tolerantes ni implacables.

Objetivo No. 16. Exigir y comprobar que en las instituciones y en el propio Partido, se preste oportuna y debida atención a las quejas, denuncias y otros asuntos planteados por la población y que las respuestas se brinden con el rigor y la celeridad requeridos.

Objetivo No. 17. Mantener la periodicidad establecida en los Estatutos para la celebración de los congresos del Partido. Para postergar su realización, ante amenaza de guerra, desastres naturales y otras situaciones excepcionales, debe ser aprobado por el pleno del Comité Central y si las condiciones no lo permiten, por el Buró Político, e informarlo al pueblo.

Objetivo No. 18. Efectuar los plenos del Comité Central, como mínimo, dos veces al año. Debe tener en su agenda como asuntos principales el análisis de la implementación de los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución, el cumplimiento del plan de la economía y del presupuesto del Estado en el período correspondiente, los asuntos propios del Partido, la preparación para la defensa del país y otros temas de interés nacional e internacional.

Objetivo No. 19. Revisar los conceptos y métodos que se aplican para la dirección y atención a las organizaciones de base y en especial el trabajo del instructor, teniendo en consideración las necesidades y características de cada territorio.

Objetivo No. 20. Perfeccionar la organización y el contenido de las reuniones de los burós ejecutivos de los comités municipales con los secretarios generales de las organizaciones de base.

Objetivo No. 21. Continuar desarrollando y perfeccionando la selección, preparación y el uso de activistas en la atención a los procesos políticos y otras tareas, como regla, en horario extralaboral.

Objetivo No. 22. Perfeccionar el sistema de activistas que atienden a los militantes en sus áreas de residencia, con el objetivo de elevar su participación, influencia, ejemplaridad y combatividad en ese ámbito; reforzar el papel que les corresponden al buró ejecutivo del comité municipal y a los cuadros profesionales en la preparación, orientación y control de esa labor.

Objetivo No. 23. Perfeccionar la Estructura Auxiliar del Comité Central y de los organismos intermedios de dirección, en correspondencia con su contenido de trabajo en las condiciones actuales y futuras.

Objetivo No. 24. Fortalecer el papel de los comités del Partido de los centros de trabajo, y la atención que se les brinda por los organismos superiores para que ejerzan con mayor integralidad y eficacia la dirección y el control de los núcleos que les están subordinados, así como el resto de sus responsabilidades y funciones.

Objetivo No. 25. Lograr que las organizaciones de base del Partido sitúen en el centro de su misión el cumplimiento eficiente de la actividad específica del lugar donde actúan. En función de ese interés deben organizar y desarrollar lo esencial de su actividad político-ideológica y asumir su responsabilidad directa en cuanto a la exigencia de la ejemplaridad de sus militantes, independientemente del cargo que estos desempeñen.

Objetivo No. 26. Exigir que los principales problemas que ocurren en los centros de trabajo o comunidades, y lo requieran, sean atendidos con inmediatez por los militantes de esos lugares, sin que ello se condicione a la espera de orientaciones o la intervención de os organismos superiores.

Objetivo No. 27. Lograr que el secretario general de la organización de base sea el militante idóneo para esa tarea, utilizando, de ser necesario, la facultad que tiene el municipio de presentar propuestas para ejercer dicho cargo; así como que el resto de los secretarios cumplan también las exigencias requeridas.

Objetivo No. 28. Garantizar que, como regla, los militantes del Partido cumplan tareas partidistas en sus respectivos núcleos, a partir de una evaluación racional de sus condiciones y posibilidades.

Objetivo No. 29. Mantener la rendición de cuenta del militante como forma de evaluación de su conducta en el desempeño laboral, político y social, aplicándola de forma racional.

Objetivo No. 30. Perfeccionar las reuniones de coordinación que se realizan en los centros de trabajo, presididas por el Partido, para unir esfuerzos en el cumplimiento de los planes u otras actividades de interés común, convocándolas, cuando sean necesarias, fuera de la jornada laboral.

Objetivo No. 31. Fortalecer la atención política directa por el Secretariado, la Estructura Auxiliar del Comité Central y los comités provinciales del Partido, según corresponda, a las organizaciones de base constituidas en los Organismos de la Administración Central del Estado y otras instituciones de nivel nacional y provincial, así como en los organismos de dirección de la UJC y las organizaciones de masas y sociales. Las tareas relacionadas con la vida interna continuarán siendo atendidas por los comités municipales en cuyos territorios radican dichas organizaciones de base.

Objetivo No. 32. Constituir núcleos mixtos (que incluyan militantes del Partido y de la UJC) en los centros donde existan pocos militantes de la organización juvenil o se considere conveniente para el fortalecimiento del trabajo político e ideológico. De ello se exceptúan los comités de base de la UJC integrados por estudiantes.

Objetivo No. 33. Facultar al buró ejecutivo del comité municipal para que autorice una frecuencia diferente de las reuniones ordinarias en aquellos núcleos zonales que lo requieran, por las condiciones de los lugares donde actúan o limitaciones personales de los militantes.

Objetivo No. 34. Erradicar la práctica de encomendar a los núcleos zonales tareas que son responsabilidad de otras organizaciones e instituciones, así como la tendencia a que estos las asuman por propia iniciativa.

Objetivo No. 35. Ratificar que el ingreso al Partido sea bajo los principios de voluntariedad, ejemplaridad, selección individual y siempre en consulta con las masas, donde lo que prime sea la calidad, como garantía de su reconocimiento por el pueblo.

Objetivo No. 36. Ratificar el derecho recogido en los Estatutos, de que los militantes del Partido puedan solicitar la desactivación por voluntad propia, por razones personales, familiares o de otra naturaleza.

Objetivo No. 37. Otorgar a las organizaciones de base la facultad de aprobar la amonestación como medida disciplinaria, sin necesidad de ratificación por el organismo superior del Partido.

Objetivo No. 38. Facultar al buró ejecutivo del comité municipal para que ratifique las sanciones de expulsión, y las informe portunamente al comité provincial del Partido.

Objetivo No. 39. Revisar las normas vigentes para la cotización de los militantes, teniendo en cuenta las nuevas circunstancias y condiciones que se presentan en el marco de las transformaciones de la economía del país.

CAPÍTULO II. EL TRABAJO POLÍTICO E IDEOLÓGICO

Objetivo No. 40. Fortalecer la unidad nacional en torno al Partido y la Revolución, estrechar el vínculo permanente con las masas y consolidar la convicción de preservar la nación cubana y las conquistas económico-sociales, sobre la base de que Patria, Revolución y Socialismo están fusionados indisolublemente.

Objetivo No. 41. Acrecentar la participación consciente, protagónica y transformadora del pueblo en la implementación de los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución porque en ellos descansa la sostenibilidad, preservación desarrollo de nuestro sistema social.

Objetivo No. 42. Enaltecer el carácter ético y productivo del trabajo como forma de contribución consciente a la sociedad, sobre la base de la vinculación de sus resultados con la satisfacción de las necesidades personales y familiares.

Objetivo No. 43. Evaluar sistemáticamente los impactos que resulten de las medidas económicas y sociales, alertar oportunamente sobre las desviaciones en su aplicación para que se realicen los ajustes necesarios.

Objetivo No. 44. Profundizar en la conciencia del ahorro de los recursos de todo tipo, como una de las fuentes principales de ingresos del país en estos momentos.

Objetivo No. 45. Incrementar, con la participación activa del colectivo de trabajadores, la exigencia por la protección y cuidado de los bienes, recursos del Estado y el fortalecimiento del ejercicio del control interno, la calidad de los procesos productivos, de servicios y sus resultados en los organismos, empresas, unidades presupuestadas y otras instancias económicas y sociales.

Objetivo No. 46. Incentivar la participación real y efectiva de la población en la toma de decisiones y en la ejecución de proyectos que estimulen la iniciativa y rindan frutos concretos para el desarrollo local, en aras de mejorar la calidad de vida.

Objetivo No. 47. Promover la cultura económica, jurídica, tributaria y medioambiental en el pueblo, especialmente en cuadros y dirigentes. Trabajar por el conocimiento y respeto a la Constitución de la República y demás leyes, exigir su aplicación consecuente;
forjar una conducta de honradez y responsabilidad administrativa.

Objetivo No. 48. Fortalecer el trabajo político e ideológico con quienes desempeñan diversas modalidades de gestión económica no estatal y combatir los prejuicios existentes en torno a ellos.

Objetivo No. 49. Desarrollar la labor política e ideológica de manera creativa, diferenciada, personalizada y continua, a partir de conocer y atender las especificidades de cada lugar, con la utilización de métodos, formas y vías de comunicación más diversas y eficaces.

Objetivo No. 50. Transformar la labor política e ideológica con los jóvenes, para lograr su incorporación plena en la vida económica, política y social, en correspondencia con las prioridades del país, propiciando métodos atractivos y participativos según sus necesidades, intereses y expectativas.

Objetivo No. 51. Proyectar estrategias dirigidas a prever y enfrentar las campañas y acciones directas o encubiertas del enemigo que intenten socavar la ideología revolucionaria, exacerbar el egoísmo, menoscabar los valores, la identidad y la cultura nacionales.

Objetivo No. 52. Aprovechar las ventajas de las tecnologías de la información y las comunicaciones, como herramientas para el desarrollo del conocimiento, la economía y la actividad política e ideológica; exponer la imagen de Cuba y su verdad, así como
combatir las acciones de subversión contra nuestro país.

Objetivo No. 53. Prevenir, combatir y sancionar con rigor toda manifestación de corrupción, indisciplina, hecho inmoral o ilegal. Fortalecer el control popular, el papel de los órganos competentes
y el enfrentamiento de todos ante cualquier manifestación de impunidad.

Objetivo No. 54. Estimular una actitud y actuación consecuentes con los valores propugnados por la Revolución sobre la base de lograr una coherencia y unidad superiores en las actividades que realicen la familia, las instituciones educativas, culturales y otras organizaciones que actúan en la comunidad y los medios de comunicación masiva.

Objetivo No. 55. Reforzar la preparación de la familia, como célula fundamental de la sociedad, para cultivar actitudes dignas, patrióticas y solidarias. Exigir su responsabilidad primordial con la atención filial, la educación y formación de los hijos. Elevar el rechazo a la violencia de género e intrafamiliar y la que se manifiesta en las comunidades.

Objetivo No. 56. Intensificar la atención a las instituciones educativas como centro de formación de valores, de respeto a la institucionalidad y las leyes, donde el ejemplo y la ética del personal docente y no docente, la idoneidad y la preparación integral resultan decisivos. Potenciar en aquellas el amor a la Patria, al trabajo, la educación cívica, moral y estética.

Objetivo No. 57. Enfrentar los prejuicios y conductas discriminatorias por color de la piel, género, creencias religiosas, orientación sexual, origen territorial y otros que son contrarios a la Constitución y las leyes, atentan contra la unidad nacional y limitan el ejercicio de los derechos de las personas.

Objetivo No. 58. Consolidar la política cultural de la Revolución, definida por Fidel desde 1961 en sus Palabras a los intelectuales, caracterizada por la democratización del acceso a la cultura, la defensa de la identidad y del patrimonio con la participación activa de los intelectuales, artistas e instituciones culturales, en un clima de unidad y libertad.

Objetivo No. 59. Garantizar que los proyectos culturales, dirigidos a nuestro pueblo, se diversifiquen, enriquezcan la vida espiritual en las comunidades, revitalicen las tradiciones, lleguen a los lugares más recónditos y excluyan enfoques mercantilistas u otros de diferente naturaleza que distorsionen la política cultural.

Objetivo No. 60. Desarrollar la crítica artística y literaria, franca y abierta, con énfasis en las insuficiencias y virtudes de la obra cultural, de manera que contribuya a elevar su calidad, preservar nuestra identidad y respetar las tradiciones.

Objetivo No. 61. Promover a escala masiva, mediante el trabajo integrado de las instituciones culturales, medios de comunicación, directores de programas, espectáculos, artistas e intelectuales, instructores de arte y promotores, la capacidad de apreciación artística y literaria y el fomento de valores éticos y estéticos, así como la erradicación de manifestaciones de chabacanería y mal gusto que atenten contra la dignidad de las personas y la sensibilidad de la población.

Objetivo No. 62. Profundizar en el legado ético, humanista y antimperialista del pensamiento y la obra de Martí, como fundamento esencial de la práctica revolucionaria. Incrementar su aplicación en todo el sistema de enseñanza y su divulgación en los medios de comunicación masiva.

Objetivo No. 63. Continuar el desarrollo y utilización de la teoría marxista leninista. Adecuar su enseñanza al momento actual, en correspondencia con los requerimientos de los diferentes niveles educacionales y promover espacios de debates sobre el tema.

Objetivo No. 64. Perfeccionar la enseñanza y divulgación de la Historia de Cuba y de la localidad en el interés de fortalecer la unidad nacional y promover la comprensión sobre el origen y desarrollo de la nación, la consolidación de un pensamiento propio y la tradición patriótica, cultural, solidaria e internacionalista de nuestro pueblo. Profundizar, además, en la Historia de América y Universal para una mayor comprensión de los procesos que rigen el desarrollo de la humanidad.

Objetivo No. 65. Desarrollar las investigaciones sociales y los estudios sociopolíticos y de opinión; hacer un mayor uso de sus resultados para la toma de decisiones, la evaluación de impactos en todos los sectores de la sociedad; y trabajar especialmente en la conceptualización de los fundamentos teóricos del modelo económico y social.

Objetivo No. 66. Transformar el actual sistema de preparación e información política de los cuadros, militantes, trabajadores y de la población mediante la utilización de vías y métodos, nuevos, ágiles y variados acordes con las condiciones actuales de la sociedad.

Objetivo No. 67. Enfrentar las manifestaciones de formalismo, falta de creatividad y criterios obsoletos que existen en la labor de comunicación social y propaganda que no motivan e impiden que los mensajes lleguen con efectividad a sus destinatarios. Prestar particular atención a la diversidad de públicos.

Objetivo No. 68. Estudiar la revitalización de las publicaciones del Partido dirigidas a mantener informados a los militantes para contribuir a su preparación política e ideológica y a fortalecer
su conducta e influencia revolucionaria.

Objetivo No. 69. Reflejar a través de los medios audiovisuales, la prensa escrita y digital con profesionalidad y apego a las características de cada uno, la realidad cubana en toda su diversidad en cuanto a la situación económica, laboral y social, género, color de la piel, creencias religiosas, orientación sexual y origen territorial.

Objetivo No. 70. Lograr que los medios de comunicación masiva informen de manera oportuna, objetiva, sistemática y transparente la política del Partido sobre el desarrollo de la obra de la evolución, los problemas, dificultades, insuficiencias y adversidades que debemos enfrentar; supriman los vacíos informativos y las manifestaciones del secretismo, y tengan en cuenta las necesidades e intereses de la población.

Objetivo No. 71. Garantizar que los medios de comunicación masiva se apoyen en criterios y estudios científicos, sean una plataforma eficaz de expresión para la cultura y el debate y ofrezcan caminos al conocimiento, al análisis y al ejercicio permanente de la opinión. Exigir de la prensa y las fuentes de información el cumplimiento de sus respectivas responsabilidades, a fin de asegurar el desarrollo de un periodismo más noticioso, objetivo y de investigación.

Objetivo No. 72. Actualizar la política de programación del Instituto Cubano de Radio y Televisión sobre la base del uso racional de los recursos, la calidad en la producción nacional y el rigor en la selección de la producción extranjera.

CAPÍTULO III. POLÍTICA DE CUADROS

Objetivo No. 73. Garantizar que los cuadros y sus reservas se distingan por una sólida preparación técnica y profesional, su ejemplo personal, probadas cualidades éticas, políticas e ideológicas, y asuman los principios consagrados en la Constitución de la República, así como la política del Partido, sean o no militantes del PCC o la UJC.

Objetivo No. 74. Exigir que los cuadros se promuevan desde la base, se formen en el contacto directo con las masas y posean experiencia laboral. Su ascenso a responsabilidades superiores
debe ser gradual, en correspondencia con los resultados que alcancen.

Objetivo No. 75. Lograr un incremento progresivo y sostenido en la promoción de mujeres, negros, mestizos y jóvenes a los cargos de dirección, a partir de los méritos, resultados y cualidades personales de los propuestos.

Objetivo No. 76. Proyectar la renovación paulatina de los cuadros en los cargos de dirección, estableciendo límites de permanencia por tiempo y edades según las funciones y complejidades de cada responsabilidad. Limitar a un máximo de dos períodos consecutivos de cinco años, el desempeño de los cargos políticos y estatales fundamentales.

Objetivo No. 77. Incentivar en el estilo de dirección de los cuadros mayor agilidad y creatividad en la toma de decisiones, intransigencia ante las violaciones e indisciplinas, y estimular en
su comportamiento una alta sensibilidad política y humana, así como el vínculo sistemático con las masas.

Objetivo No. 78. Asegurar mayor objetividad en la selección, preparación y promoción de las reservas de cuadros y exigir a los jefes la responsabilidad que les corresponde en esta tarea y en
la formación de sus subordinados.

Objetivo No. 79. Fortalecer el control sobre el cumplimiento de las disposiciones legales por parte de los cuadros y exigir, cuando corresponda, la responsabilidad a los infractores.

Objetivo No. 80. Establecer una estrategia de rotación selectiva de cuadros políticos con perspectivas, por cargos de la administración y del Gobierno, para complementar su preparación, así como que dirigentes administrativos y del Gobierno transiten por responsabilidades políticas, con similares fines.

Objetivo No. 81. Perfeccionar la atención y el control del Partido a la aplicación de la política de cuadros del Estado y el Gobierno, respetando la autoridad y responsabilidad de los jefes y de sus órganos de dirección en la adopción de las decisiones que les competen.

Objetivo No. 82. Lograr que el sistema de evaluación de los cuadros caracterice con objetividad su actuación personal y los resultados de la actividad que atiendan, defina el momento de desarrollo en que se encuentren y sus perspectivas.

Objetivo No. 83. Fortalecer el Sistema de Escuelas del Partido y en especial las escuelas municipales. Diseñar la estrategia de superación de los cuadros políticos que contemple, entre otros aspectos, la preparación previa para ocupar los cargos según las exigencias, funciones y requisitos de los mismos.

CAPÍTULO IV. RELACIONES DEL PARTIDO CON LA UJC Y LAS
ORGANIZACIONES DE MASAS

Objetivo No. 84. Garantizar un vínculo sistemático del Partido con la UJC a todos los niveles, que priorice la preparación de sus cuadros y la atención integral a sus organizaciones de base, con
el propósito de fortalecer su capacidad para desarrollar el trabajo político e ideológico con sus militantes y jóvenes.

Objetivo No. 85. Concentrar la labor de la UJC en la atención a los niños, adolescentes y jóvenes, para contribuir sin improvisación y con objetividad a formar valores y convicciones. Desarrollar
acciones, sin esquemas ni dogmas, dirigidas a lograr en ellos una conducta social adecuada y responsable.

Objetivo No. 86. Garantizar que el método y las formas para la selección y preparación de los cuadros, el funcionamiento de sus estructuras, y en particular de las organizaciones de base, así como el ejemplo personal de los militantes, constituyan el sustento de la comunicación e influencia de la UJC con los jóvenes.

Objetivo No. 87. Asegurar la calidad de las reuniones de los comités de base. Propiciar la evaluación de asuntos esenciales
desde su perspectiva y enfoquespropios, de manera que logren implicar y motivar a militantes y jóvenes.

Objetivo No. 88. Priorizar el trabajo político e ideológico dirigido al sector educacional y científico que incluya acciones específicas en el ámbito universitario, los centros formadores del deporte, la cultura y la salud. Garantizar la atención al talento que en ellos se forma y que se ponga a disposición de servir a su pueblo.

Objetivo No. 89. Transformar, con un carácter más flexible y nuevos métodos, la atención de la UJC a la OPJM, la FEEM, la FEU y sus Movimientos Juveniles, y propiciar que estos asuman las misiones que les corresponden, incrementen el necesario reconocimiento de los estudiantes y jóvenes y sientan que los representan, apoyan y acompañan en el cumplimiento de sus tareas.

Objetivo No. 90. Valorar la conveniencia de elevar a 16 años la edad mínima para que ingresen a la UJC los jóvenes que tengan disposición, reúnan los méritos y condiciones para militar en la organización y sean reconocidos por sus colectivos. Mantener en 32 años la edad límite para militar en ella y extenderla de ser necesario en los casos que obedezcan a razones de interés para el funcionamiento de la organización y otras causas que lo justifiquen.

Objetivo No. 91. Apoyar y estimular la incorporación de los jóvenes al estudio de las especialidades técnicas y de oficios, atender políticamente los procesos de práctica preprofesional, adiestramiento y ubicación laboral. Brindar atención a quienes inician su vida laboral, los que se vinculan a formas de trabajo no estatal y a los desvinculados del estudio y el trabajo.

Objetivo No. 92. Priorizar el trabajo de la organización juvenil en el sector productivo, identificar y atender a los jóvenes con méritos para integrar la UJC; y desarrollar con calidad el crecimiento de la organización como resultado de este proceso.

Objetivo No. 93. Promover espacios para la recreación, teniendo en cuenta los recursos disponibles, con la participación de las organizaciones pioneril, estudiantiles y sus movimientos juveniles. Se favorecerán formas que contribuyan al desarrollo y sano esparcimiento de niños, adolescentes y jóvenes.

Objetivo No. 94. Perfeccionar y diversificar las publicaciones infantiles y juveniles, para que sus artículos y materiales influyan de modo más efectivo en niños, adolescentes y jóvenes, contribuyan a su formación en valores y respondan a las necesidades, gustos e intereses de ese segmento poblacional.

Objetivo No. 95. Evaluar que las convocatorias de eventos nacionales, provinciales y municipales promovidos por la UJC, las organizaciones estudiantiles y sus movimientos juveniles, se ajusten con racionalidad a aquellos que resulten necesarios.

ORGANIZACIONES DE MASAS

Objetivo No. 96. Reforzar la atención del Partido a las organizaciones de masas, a partir de la actualización de sus misiones, con una influencia más integral de sus cuadros y organismos de dirección; poner énfasis en la responsabilidad y preparación de los núcleos, para lograr el cumplimiento de sus tareas en centros y comunidades.

Objetivo No. 97. Lograr que la relación del Partido con las organizaciones de masas se desarrolle sin formalismo y se retroalimente de forma permanente con los intereses, criterios y propuestas de sus miembros sobre temas trascendentes,
de prioridad nacional y territorial.

Objetivo No. 98. Considerar que el Partido, al acometer tareas de significación estratégica para el país o un territorio, ofrezca información al respecto y dé participación a las organizaciones de
masas que correspondan.

Objetivo No. 99. Estimular, exigir y controlar la participación de los cuadros sindicales y de la ANAP en las asambleas de afiliados y asociados, respectivamente. Contribuir al desarrollo de las mismas a partir del papel activo que desempeñen los militantes del Partido y de la UJC.

Objetivo No. 100. Apoyar el desempeño de los CDR y la FMC con la participación activa de los militantes del Partido y la UJC que residen en la comunidad y en la labor que desarrollan los núcleos zonales.

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