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Latinoamérica y el Caribe han echado a andar

4 Dic

LAURA BÉCQUER PASEIRO

La fundación hace un año ya de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), evidenció los retos de una región que ha despertado luego de siglos de saqueo, diferencias e incomprensiones.

Jefes de Estado y de Gobierno latinoamericanos y caribeños durante la Cumbre fundacional de la CELAC en Caracas, Venezuela, en el 2011.
Jefes de Estado y de Gobierno latinoamericanos y caribeños durante la Cumbre fundacional de la CELAC en Caracas, Venezuela, en el 2011.

El joven esquema regional tiene ante sí la convicción de que solo reconociendo las diferencias, se podrá revertir la realidad de nuestros pueblos. Precisamente, desde la multiplicidad de sus 33 países miembros, encontrará la unidad y hará realidad el proyecto independentista esbozado por nuestros próceres.

Históricamente, todo tipo de avance integracionista ha sido saboteado por Estados Unidos. Sin embargo, sus intentos han tropezado con la voluntad de integración de un “pueblo sin piernas pero que camina”, como asegura el estribillo de una popular canción.

Las aspiraciones de Bolívar y Martí cobran un nuevo aire tras la “triste noche neoliberal” de la que habló el presidente ecuatoriano Rafael Correa. Sus preceptos acompañan hoy la experiencia de integración que se forja al sur del Río Bravo.

La puesta en marcha en diciembre del 2011 de la CELAC demostró que más que de una proliferación de esquemas, de lo que se trata es de concebir una asociación que dé al traste con el fantasma paramericanista que por años se ha servido de estas tierras.

El eje fundamental del organismo latinoamericano y caribeño es el llamado al fortalecimiento de las relaciones internacionales desde la construcción de un sistema multilateral basado en el respeto a la soberanía y autodeterminación de los pueblos. Igualmente, al reconocimiento de la igualdad de los Estados, el rechazo a la amenaza y uso de la fuerza, las normas del derecho internacional, la promoción de los derechos humanos, la democracia y el impulso de una agenda regional concertada políticamente en los diversos foros internacionales.

El mapa geoestratégico regional refleja en la actualidad un nuevo equilibrio. El nacimiento de la CELAC es muestra de ello. Nació bajo el concepto de promover la unión bajo un modelo de desarrollo sostenible, con la consecuente cooperación entre los mecanismos de concertación actualmente existentes.

Al respecto, el doctor Antonio Romero Gómez, presidente de la Cátedra de Estudios del Caribe de la Universidad de La Habana, declaró a Granma que muchas veces “se ha manejado cierta idea del aislamiento de los países caribeños, de que no existe como tal una identidad latinoamericana y caribeña”.

“La construcción de la CELAC implicó romper con esos paradigmas y tener una América Latina y el Caribe agrupados con una voz única en los foros internacionales, una cuestión que pasa, evidentemente, por la construcción de una identidad propia”, precisó Romero.

Hace un año en Caracas, el Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, el General de Ejército Raúl Castro Ruz, destacaba la fortaleza regional frente a “la crisis global”, pero advertía de las “deformaciones que obstaculizan el desarrollo”, como la pobreza y el desigual reparto de la riqueza. El Presidente cubano calificaba a la Celac como “nuestra obra más preciada”.

“Simbólicamente, consolida el concepto de una región unida y soberana, comprometida con un destino común”, destacaba Raúl, mientras recordaba que “en términos estratégicos, nos brinda el instrumento político requerido para aunar voluntades, respetar la diversidad, resolver diferencias, cooperar por el bien de nuestros pueblos y solidarizarnos los unos con los otros. Su éxito dependerá del carácter y la sabiduría de sus miembros, que somos las 33 naciones independientes situadas entre el Río Bravo y la Patagonia”.

A un año de su conformación y en el contexto del Bicentenario del ciclo independentista latinoamericano y caribeño, esta unidad es el resultado de un nuevo momento político en la región. Porque, parafraseando a la Segunda Declaración de La Habana, esta gran Latinoamérica ha dicho basta y ha echado a andar.

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