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16 de enero. El pueblo no tiene nada que celebrar

2 Feb

Tomado de: revista AHORA-enero-2012, pag. 5.

Reformas importantes, pero no fundamentales

 

Antecedentes

El análisis de los Acuerdos puede hacerse de muchas formas; entre  otras, 1 verlo como un acontecimiento histórico, aislado, sin análisis de su contexto económico, político social de antes y  de durante los Acuerdos- análisis que pretender ser “objetivos” pero que no abonan al conocimiento sino que a la  acumulación bancaria de información. 2  Verlo como un “triunfo”, sin analizar sus causas y sus consecuencias históricas, políticas, ideológicas ni culturales, -análisis usual del revisonismo de derecha y el reformismo- Y 3, verlo  desde los intereses inmediatos y fundamentales del proletariado y del pueblo –un análisis de clase_ que nos ubica en el contexto las causas y consecuencias.

Los Acuerdos de Paz firmados el 16 de enero de 1992 incluyeron cambios importantes

En lo político: la desmilitarización de la sociedad –desarticulando asesinos cuerpos de seguridad y batallones contrainsurgentes, depurando  la Fuerza Armada de sus más odiosos oficiales asesinos.  Se reformaron los códigos, se legisló para proteger a los niños y mujeres. Se instituyeron los tradicionalmente conculcados derechos de organización y expresión*.  El mérito de las reformas políticas es sin embargo, manchado por la amnistía que los negociantes se recetaron para goce mutuo. Por ejemplo, la incorporación de asesinos y torturadores en la primera generación de Policía Nacional Civil es una burla y estafa.

En lo social hubo amagos de inserción de los ex –combatientes dándoles un pedazo de tierra que muchos vendieron hace mucho tiempo –quizás por falta de recursos económicos, apoyo técnico y de escasa o nula  conciencia política, ideológica, social y moral.

Las condiciones objetivas de antes de los Acuerdos De Paz persisten y se agravan con el neoliberalismo impuesto

Hay hambre, miseria, explotación, desempleo y más. Los mínimos programas no han impactado la calidad de la salud y la educación. Los hospitales y las escuelas siguen siendo indignos;  tanto la atención médica como la educación continúan siendo deficientes al extremo. Las viviendas, los barrios y las colonias son también indignas. Para las grandes mayorías, el medio ambiente es una parodia. El derecho a la vida está por los suelos, con la impunidad paseándose arriba y abajo –no sólo impune de hechos del pasado -de antes de los Acuerdos- sino que también del presente.

Superar las condiciones para elevar la calidad de vida es una quimera que no figura en la agenda ni de la burguesía, ni de los partidos electoreros –burgueses, pequeño burgueses y reformistas. Ni unos ni otros quieren saber ni entienden de soluciones integrales y pedagógicas de carácter preventivo.

La agricultura y la ganadería se reactivan como tema y bla, bla, bla, en la retórica de los funcionarios. Las remesas siguen sirviendo para pagar recibos y para reciclarlas con el consumismo:  las corporaciones recogen los dólares que van  de nuevo al lugar de origen. Como un circulo vicioso, sin dejar marcas en la economía sostenible – ni individual, ni familiar ni social- Pura dependencia y consumo.

Las obras de infraestructura, planeadas y emergentes, son sin duda, buenas obras. El problema es que  aisladas de otros programas no impactan como deberían.

Los parches abundan: una pensión para  los mayores adultos que no tenían pensión (ellos  ahora se suman a los pensionados con miserables pensiones que no han sido todavía incrementadas). Zapatos y útiles escolares (que por muy noble que parezca es no sólo reformista sino que también paternalista). Las semillas para la siembra (semillas a las que les falta, la tierra, asistencia técnica y financiera). Parche puesto en duda por el favoritismo, electorerismo y el trance de favores. En salud, las vacunaciones y los amagos de campañas son importantes, pero intrascendentes para superar las grandes carencias de la atención medico hospitalaria y de la medicina.

Una “Ciudad Mujer”  sería mucho más loable, si fuera parte de una obra de emancipación de la mujer- con ellas.

Todas esas posibilidades se dieron a partir de los acuerdos del 16 de enero de 1992 –que fue la culminación de un largo proceso iniciado  en 1981-

Son importantes los acuerdos y lo son también los cambios que produjeron. Esto es incuestionable, pero distan de los cambios económicos, políticos, sociales, ideológicos y culturales que una revolución verdadera habría generado. En otras palabras, las condiciones objetivas para continuar la fase de la Liberación Social Hacia el Socialismo siguen en la realidad económica, política y social.

Le mintieron al pueblo

De 1983 a enero de 1992 los dirigentes insurgentes todavía se vistieron como insurgentes-aunque ya no fueran revolucionarios; y algunos, que antes se declararon marxista leninistas- renegaron de obra y de palabra. De 1983 a 1992 dicho dirigentes todavía podían encandilar al pueblo con las campañas y las ofensivas (omitiendo los verdaderos objetivos de conciliación que los embelesaba).  En Noviembre de 1989 se atrevieron a mentir de palabra “!Hasta el tope!” gritaban, aunque para entonces muy bien sabían que el “tope” era resolver el proceso y la guerra, lo más pronto posible, en una mesa.   De los acuerdos hicieron fiesta de “trunfo” para seguir “entuturutando” a la gente.  Y la gente les creyó.  Así, sin nada que lamentar, continuaron mintiendo cuando se quitaron el uniforme, entregaron las armas, se hicieron partido político y comenzaron en 1994 el electorerismo y  la politiquería.

 

Como resultado de tanto engaño, las condiciones subjetivas están muy retrasadas

Desde hace veinte años su abierta práctica política burguesa  les ha dado una ganancia ideológica: han adormecido a las grandes mayorías del pueblo que responden al llamado electorero y hacen muy poco o nada por sus intereses inmediatos, al punto que el FMLN estafa y estafa y, de nuevo, la gente los apoya con el voto.

Las grandes mayorías viven en tal estado de adormecimiento  y condescendencia que no se defienden de los que los extorsionan, les privan la libertad de tránsito, les expulsan de sus casas, los amenazan, los persiguen y los matan.  Es decir, que no se les figura la posibilidad de hacer prevalecer el derecho a la vida.

Para las grandes mayorías, los intereses fundamentales son un tema  desconocido.

No  sirve clamar por la guerra en sí, como tampoco sirve clamar por la paz  sólo porque sí  

Los revisionistas oportunistas  y reformistas  chantajean al pueblo. Por ejemplo, con respecto al cuestionamiento de la estrategia del Diálogo y Negociación que impulsaron a espaldas del pueblo puesto que nunca le dijeron los verdaderos objetivos.  Responden que el cuestionamiento  a los Acuerdos de Paz es expresión de “guerrerismo”, que no quiere la paz.

Esa es una lamentación  castrada de todo intento de análisis de clase acerca de la violencia (que comienza como explotación, opresión y dictadura de clase de la burguesía; que se acrecienta cuando los pueblos se rebelan contra la explotación, la opresión  y la dictadura) y que se vuelve después guerra abierta, impuesta a los pueblos.

Y los oportunistas reformistas son los bomberos sociales que mintiendo, niegan el derecho inalienable de los pueblos a luchar –para que se priven de medios y formas de lucha-contra los que les violentan sus derechos.

Con tantas mentiras _ antes, durante y después de los Acuerdos de Paz_ lo menos  que se puede hacer es  cuestionar dichos acuerdos, analizándolos en sus causas y consecuencias desde los intereses inmediatos y fundamentales. Aceptar sin cuestionar ni analizar es caer en el conformismo y fatalismo- propio de un pueblo manso- *

___

*La izquierda tradicional, (a la que se plegaron los ex – insurgentes que creían en la estrategia revolucionaria),  conquistó con creces uno de sus más dorados sueños: la legal participación en el sistema electoral burgués para conducir al pueblo (que se había alebrestado con la guerra) por la vía pacífica, acumulando votos, “sumando y restando”, “ganando aquí, perdiendo allá”, haciendo alianzas y coaliciones sin principios,  haciendo componendas en el parlamento.  Así, van amansando al pueblo, pastoreándolo con cada elección, apagándole sus entusiasmos y arrebatos.

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