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La necesidad de un nuevo partido político

23 Ene

Son muchas las veces que he visto citada la frase de Schafik Handal sobre la entrada del FMLN al sistema político para transformarlo y no para que éste los transformara a ellos. Para muchos se ha convertido casi en una puesta en relieve de la personalidad del Handal. No olvidemos que esta advertencia no se acompañó de ningún acto, de ninguna reflexión que evitara los nefastos efectos de su propia advertencia. Handal llegó a convertir el cumplimiento de la Constitución —“de toda la Constitución”, repetía— en un argumento electoral de su propia campaña presidencial. Esto delataba ya que el sistema lo había absorbido por completo.

Pero en este planteamiento de Schafik Handal existe algo que merece ser profundizado. En primer lugar ¿es realmente ineluctable ser absorbido por el sistema o sí se puede transformarlo? La respuesta a esta disyuntiva conlleva consecuencias fundamentales para la práctica y la reflexión políticas. Cualquiera que sea la respuesta el planteamiento político frente a la realidad nacional se ve afectado. Si concluimos que es inexorable ser dominados por el sistema, el accionar de una fuerza política se coloca al margen, afuera del campo político establecido. Esto puede adquirir varias formas cuya eficacidad es casi nula, pues incluso en la negación total uno está obligado a referirse, a tener relación con lo existente. Pretender colocarse al margen del campo político es suponer una existencia externa a la sociedad.

Pero esta pequeña reflexión nos devuelve de inmediato a la frase de Handal. ¿Realmente el FMLN entraba al campo político con su legalización? No, su actividad política había sido clandestina, ilegal, prohibida, pero estaba a pesar de todo en el interior del campo político nacional y por consiguiente dentro de la sociedad. O sea, el FMLN abandonaba una forma de hacer política por otra. No tanto en que ahora su actividad se volvía legal, sino que abrazaba las formas del quehacer político del sistema. Volverse un partido político legal no implica abrazar esas formas para su actividad. Abrazar las formas implica también forzosamente aceptar el contenido. Y en esto reside justamente el quid delviraje electoralista del FMLN.

No se trata pues ni de ponerse al margen, ni de dejar de hacer política dentro de la sociedad y dentro del campo político. Pero una organización que pretende transformar la sociedad, no puede adoptar ni las formas, ni los contenidos de la sociedad que pretende superar.

Lo importante es el objetivo

Uno de los pilares del pensamiento político burgués es que toda la actividad de los partidos políticos es acceder al poder. Por consiguiente todo partido que entra al campo político tiene como principal objetivo la toma del poder. El objetivo de la guerra revolucionaria no era la simple toma del poder, sino que su derrota para instaurar otro poder, un poder popular. Creo que resalta la diferencia entre ambos objetivos. Uno se vuelve en el objetivo en sí y el otro es un medio transitorio para otra cosa. Lo importante, lo fundamental en esta última situación es esa “otra cosa”.

Advierto de entrada que la situación política actual excluye del todo el uso de las armas. No estoy proponiendo pues la lucha armada. Esta es simplemente un momento que se vuelve real cuando todos los recursos políticos legales se han agotado o cuando es imposible ejercerlos de ninguna manera. No es pues el caso en estos momentos en El Salvador.

Surge pues una serie de interrogantes: ¿Se puede entrar en el campo político sin someterse a sus reglas? ¿Qué formas y qué contenidos pueden tener las actividades políticas de un partido revolucionario dentro del campo político burgués? ¿Qué significa entonces hacer política para una organización revolucionaria dentro de este marco?

El problema que se plantea en la primera interrogante no incumbe tanto a la organización política en sí, sino que a las reglas mismas del sistema. El sistema se dice democrático, que permite la libertad de pensamiento, que permite la libre expresión de ideas. No obstante el sistema pretende preservarse no por el juego democrático y lucha de ideas, sino que poniendo límites y trabas a lo que se puede pensar y proponer. De alguna manera la sociedad burguesa erige un Estado que la protege y que vuelve en fundamento de la sociedad la propiedad privada y la apropiación privada de los bienes producidos por los trabajadores. Todo lo que se opone a estos postulados es considerado subversivo. Por consiguiente el problema es el siguiente: ¿la sociedad burguesa está dispuesta a luchar siempre pacíficamente, sin represión, sin privación de la libertad por su continuidad? ¿Aceptará siempre ser cuestionada en sus fundamentos y concepciones? Estas no son simples preguntas retóricas. La experiencia histórica reciente nos impone formularlas con toda seriedad.

Por el momento el poder no teme por su estabilidad, el partido en el poder, el FMLN, con su primer presidente, no cuestiona en nada ni los fundamentos, ni el sistema, ni el Estado oligárquico. Por consiguiente el poder tolera y finge impasibilidad en estos momentos. ¿Sería lo mismo frente a una organización realmente revolucionaria? La respuesta no está escrita y formularla ahora pareciera incluso inútil, pues no existe aún tal organización que ponga en peligro la dominación oligárquica.

Entonces pues el problema de las reglas incumbe más al régimen que a la organización revolucionaria. Sobre las formas y los contenidos de las actividades políticas de un partido revolucionario dentro del campo político burgués es una labor de reflexión que no se ha llevado a cabo en el país.

La urgencia de suplantar el sistema actual


No obstante antes de iniciar esta reflexión importantísima, es necesario demostrar la necesidad de crear este nuevo partido político. La insatisfacción respecto al FMLN no basta, es una condición, pero la necesidad de la fundación de un partido revolucionario surge más de la urgencia de superar y suplantar el sistema económico y social actual. Esta urgencia no debe constreñirnos a un accionar precipitado e irresponsable. La vida individual y colectiva dentro del país se vuelve cada vez más difícil; el bajísimo nivel de vida de millares de hogares salvadoreños no puede ser abolido por medidas “sociales” impulsadas por el FMI y la Banca Mundial, en un afán de evitar los estampidos de revueltas populares y dócilmente implementadas por el gobierno. Estos parches sociales ayudan más a perdurar el sistema que a combatirlo. No significa que no alivien la situación de miseria de muchas personas, pero este alivio es simplemente un paliativo al verdadero remedio.

El capitalismo salvadoreño, subdesarrollado y dependiente, ha sido y es incapaz de ofrecer soluciones reales y verdaderas a los problemas que han sido creados por su mismo funcionamiento. La vida precaria de millares de familias no es un fenómeno nuevo —la pobreza flagela a 36,5 por ciento de los seis millones de salvadoreños y salvadoreñas, 11,2 por ciento de los cuales son indigentes, según cifras de 2011 del Ministerio de Economía— el bajo nivel de los salarios, la ausencia de prestaciones sociales, el bajo nivel educacional de los salvadoreños, una vida cultural pobre y con poca producción y medios de expresión son males endémicos de nuestra sociedad.

La situación actual implica la perpetuación de este sistema, la política del gobierno de Funes, a pesar de los parches sociales, es la aplicación de las mismas recetas de antes, una crecida sumisión a los dictados de los Estados Unidos y del FMI y de la Banca Mundial. Y esto no puede cambiar, pues el FMLN no propone otra cosa, sino tener paciencia y esperar que sus diputados sean mayoría en la Asamblea y que pasen cinco o seis legislaturas para comenzar a prever algunos cambios estructurales. Ya he escrito antes sobre el FMLN y su carácter reformista socialdemócrata.

La necesidad política de organizar las luchas de la clase obrera bajo otra óptica salta a la vista. No obstante el llamado a crear otro partido político recibe una acogida muy circunspecta. ¿Para qué otro partido si todos llevan a lo mismo? Todos quieren el poder y gozar de él. Claro, ya lo vimos arriba, dentro de la concepción burguesa de la política el poder es el principal objetivo de los partidos políticos. ¿Pero es necesario que un nuevo partido sea de la misma naturaleza que los ya existentes? Se trata de crear otro partido que se proponga como objetivo fundamental no la toma del poder burgués, sino que la transformación de la sociedad. Creo profundamente que en este cambio de objetivo, de mantener en mente que el objetivo no es el poder de Estado actual, sino que consiste en transformar la sociedad e imponer un nuevo poder popular.

El cambio de objetivo, o mejor dicho, el retorno a los fundamentos revolucionarios del accionar político impone a la organización nuevas formas y nuevos contenidos. La situación política en el país es inédita para los revolucionarios. Se trata de una situación en la que es necesario iniciar su accionar, fundando un partido, asunto muy difícil, pero al mismo tiempo imprescindible. Ahora la situación exige mayores esfuerzos de imaginación, exige innovar tanto en la teoría como en la práctica.

La tarea es de tal importancia que no admite precipitaciones de ninguna índole. La urgencia de la situación social nos impone al mismo tiempo mucha prudencia e ir midiendo cada paso. No se puede pensar en términos de un precipitado cortoplacismo.

tomado de: http://cosastanpasajeras.blogspot.com/2012/01/la-necesidad-de-un-nuevo-partido.html

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