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Diecisiete llamados para la movilización mundial de abajo y a la izquierda

11 Ene

Pablo González Casanova*


Si pensamos en el conocimiento
y la acción de un movimiento
mundial como el de los
indignados, pronto advertimos
que hay problemas teóricos y
prácticos considerablemente
distintos a los que se plantean
en la academia, en los partidos
y los gobiernos.
Afortunadamente tenemos la
posibilidad de enriquecer
nuestro conocimiento con las
preguntas que los pueblos se
hacen y con las respuestas que
se dan.
Teorías y prácticas que vienen
de abajo y a la izquierda tienen
la originalidad de criticar al
poder cuando éste se siente
distinto de la sociedad y cuando
se separa de la sociedad.
Los nuevos movimientos del
pueblo plantean una democracia
que corresponda a las decisiones
del pueblo, y que en caso de
que se separe del pueblo dejará
de ser democracia. Vemos así
que desde abajo y a la izquierda
y desde las selvas tropicales
surge un movimiento que no
sólo lucha por defender los
derechos de los pueblos indios,
sino por la emancipación de los
seres humanos.
Y allí están las juventudes
griegas que luchan contra el
tributo de la deuda externa,
están los movimientos de la
primavera árabe a quienes los
militares no pueden transar,
están las asambleas de los
indignados españoles que
articulan intereses vitales que
el sistema no puede satisfacer,
están los jóvenes estadunidenses
que ocupan Wall Street como
centro del poder corporativo
contra el que todos luchamos,
a los jóvenes chilenos que dan
su vida para que no les quiten
sus escuelas y universidades.
En todas las movilizaciones hay
mucho de común. Todas
coinciden con la idea de que el
capitalismo corporativo es el
origen de todos los problemas
que afectan y amenazan a la
humanidad. La riqueza de las
reflexiones y llamados es
enorme y exige la atención y la
profundización de algunos que
enuncio escuetamente y en los
que debemos trabajar más:
1. El llamado a perder el miedo
antes que nada, que el
movimiento zapatista destacó
como un requisito para pensar
y actuar.
2. El no pensar sólo en qué
hacer sino en cómo lo hacemos.
3. El precisar con quiénes –lo
hacemos– en las distintas
circunstancias.
4. El aclarar nuestras
diferencias internas con un
nuevo estilo de discutir y
acordar.
5. El rechazar terminantemente
la lógica de la caridad. Y
también la lógica del
paternalismo, pues ambas
ocultan la manipulación.
Caridad y paternalismo son la
cara buena de la cultura
autoritaria.
6. Combinar la lucha por los
derechos de los pueblos, los
trabajadores y los ciudadanos
con la lucha por la construcción
de una sociedad alternativa en
que los colectivos de los buenos
gobiernos practiquen el mandar
obedeciendo. Precisar con
ejemplos en qué consiste la
práctica del mandar
obedeciendo.
7. Dar los pasos necesarios para
que el proyecto emancipador
sea realmente incluyente, y dé
lugar a un trato respetuoso de
las diferencias de raza, sexo,
edad, preferencia sexual,
religión, ideología y nivel
educativo.
8. Redefinir los conceptos de
la libertad, la igualdad, la
fraternidad, la justicia, la
democracia… Redefinirlos en
la vida cotidiana, en el aquí y
el ahora.
9. Aclarar que las redes no son
sólo redes informáticas. Aclarar
que se han organizado y se van
a organizar redes de colectivos
y de sistemas de colectivos que
permitan el predominio de las
organizaciones horizontales
sobre el mercado y el Estado,
que estimulen la cooperación y
la solidaridad frente al
individualismo del mercado, y
en que los encargados manden
obedeciendo los lineamientos
que las organizaciones
horizontales les den y no se
sientan ni un minuto por encima
de ellas. Al mismo tiempo crear
organizaciones centralizadas y
descentralizadas, como el
EZLN, o como las policías de
los pueblos del sureste y como
las autonomías municipales.
10. Profundizar y promover
los sistemas solidarios y
cooperativos con flujos e
intercambios que acerquen la
producción, el consumo y los
servicios, por ejemplo, la
educación, salud, seguridad
social.
11. Actualizar constantemente
los conocimientos sobre las
contradicciones en los propios
movimientos emancipadores, y
no sólo sobre las
contradicciones externas.
12. Fomentar el respeto a la
dignidad y a la identidad de
personas y pueblos, sin caer en
el individualismo o el
aldeanismo, y antes cultivando
la emancipación universal.
13. Combatir el maniqueísmo,
y retomar el tipo de discusiones
que invocan a los clásicos para
comprender el aquí y el ahora,
e incluir sus narrativas y
reflexiones en la memoria
creadora de nuestras
generalizaciones.
14. Reconocer que en todos los
grandes movimientos los
pueblos –con una razón de
enorme peso– no se inclinan
por una revolución violenta,
sino por la ocupación pacífica
y multitudinaria de la sociedad
y de la tierra.
15. Pensar que 99 por ciento
de la humanidad va a ganar esta
lucha y que de su triunfo y de
la sociedad que construya
dependerá la creación ecológica
de un sistema terrestre
sostenible, capaz de satisfacer
las demandas vitales de una
población creciente que hoy
sufre hambre y frío por cientos
de millones, y capaz de impedir
que continúe un sistema
económico-político en que la
industria de guerra es el motor
principal de la economía.
16. Plantear cómo se lucha y
gana pacíficamente en una
guerra de espectro amplio como
la diseñada por el Pentágono.
Si uno de los espectros es la
guerra violenta y armada,
podemos luchar en los otros que
comprenden la guerra
informática y cibernética, la
guerra contra la educación, la
guerra contra la cultura, la
guerra económica con la deuda
externa y derivados, la guerra
social que deshace el tejido
comunitario, familiar, de clase;
la guerra ideológica y seudo-
científica neoliberal, cínica,
recolonizadora y neofascista: la
guerra que destruye la biosfera
y la guerra que siembra el terror
acompañadas de la guerra
inmoral para cooptar, macro-
corromper y someter a una
humanidad que se rinda y se
venda.
17. Insistir en que los pobres
de la tierra y quienes estamos
con ellos debemos enfrentar la
guerra de espectro amplio en
todos los espectros pacíficos
posibles: en el terreno de la
educación para pensar y hacer,
en el terreno de la economía de
la resistencia que cuida el pan
y el agua, el fogón y el techo,
los servicios de salud y de
seguridad: el tejido social de la
familia y el de la comunidad, y
el de una clase trabajadora que
restructure la unión necesaria
de los trabajadores regulados y
desregulados; en la lucha
ideológica contra las
corporaciones, los líderes
amarillos y las mafias que
ocultan su guerra depredadora
con otras guerras no menos
infames –como las del
terrorismo, el narcotráfico y la
confusión… Y estar cada vez
más conscientes de que la guerra
actual de intimidación y
corrupción busca sobre todo el
despojo de los territorios
comunales, de las parcelas
campesinas, de las tierras
nacionales, de los bosques y las
minas, de los viveros de petróleo
y de los mantos acuíferos; de
los suelos y los subsuelos, de
las costas y las tierras. Y no
conforme con oprimir a los
pobres entre los pobres y a los
habitantes de la periferia
mundial, en forma cada vez más
abierta está empobreciendo a
los sectores medios y privando
de sus derechos y de su futuro
a los jóvenes y los niños del
mundo entero.
Con los indignados de la tierra
hemos de enfrentar la nueva
política del azúcar y el garrote,
de la corrupción y la represión
macroeconómica que emplea el
capitalismo corporativo, con sus
aliados y subordinados. Frente
a sus intentos de intimidación
y corrupción universal
blandiremos la moral de lucha
y el coraje de los pueblos. Lo
haremos, conscientes de que
somos cada vez más y de que
serán cada vez más quienes en
el mundo entero luchen por lo
que en 1994 sólo parecía ser
una rebelión indígena
posmoderna y que en realidad
es el principio de una
movilización humana
considerablemente mejor
preparada para lograr la libertad,
la justicia y la democracia a que
todos aspiramos.
*Pablo González Casanova,
uno de los intelectuales más
reconocidos de México, ex
rector de la UNAM, al II
Seminario Internacional
“Planeta Tierra: movimientos
antisistémicos”, celebrado en
San Cristóbal de las Casas,
Chiapas.

ELINDEPENDINETE 12-01-2012 PAG.3.

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