La verdad está secuestrada

22 Sep

Afirma Fidel durante un encuentro con los integrantes del Crucero por la Paz que llegó ayer a puerto cubano proveniente de Japón

LETICIA MARTÍNEZ HERNÁNDEZ

Estremeció a todo el público. También a Fidel. Eran las palabras de Junko Watanabe, quien apenas sumaba dos años de vida el trágico 6 de agosto de 1945. Entonces jugaba con su hermano en el patio de la casa, cuando los gritos de su madre la sacaron del ensimismamiento del juego para advertirle de que algo horrible estaba sucediendo. Dice Junko que no recuerda nada de aquel día lúgubre, pero haber reconstruido cada segundo del hecho le desgarra tanto como las quemaduras que cegaron la vida de miles de japoneses allá en Hiroshima, la ciudad que le destruyeron a Junko cuando apenas empezaba a dar sus primeros pasos.

Esta mujer, sabia y triste, viaja junto a más de 600 japoneses en el Crucero por la Paz (Peace Boat) que convoca a “aprender de las guerras pasadas para construir un futuro de paz”. Esa consigna tiene a mi juicio un valor especial, diría Fidel unos minutos antes de escuchar consternado el testimonio de Junko. “Me atrevería a decir sin temor a equivocarme que nunca en la historia de la humanidad hubo un momento tan peligroso como este. No se trata de una excursión, se trata de una lucha real, seria. Espero que en estos intercambios nos ilustremos acerca de lo que se piensa, qué fórmulas pueden ser posibles, sobre soluciones realistas, no solo una simple expresión de deseo. El encuentro para mí tiene una gran importancia precisamente por la experiencia que ustedes han acumulado sobre este tema”, les dijo Fidel justo este 21 de septiembre, Día Mundial de la Paz.El Comandante en Jefe conversa con Junko Watanabe, sobreviviente del bombardeo de Hiroshima, en 1945.
El Comandante en Jefe conversa con Junko Watanabe, sobreviviente del bombardeo de Hiroshima, en 1945.

De esa experiencia habló Junko en el encuentro de Fidel con los integrantes del Peace Boat, el crucero que desde el año noventa llega a puertos cubanos. Contó una historia desgarradora, que a ratos, le hacía temblar la voz, llorar. Dijo Junko que esa mañana de agosto hacía un tiempo lindo en Hiroshima, pero “una lluvia negra y pegajosa comenzó a caernos encima”. Sus padres le contaron que empezó después a sufrir unas diarreas que amenazaban con apagarle la luz de sus dos años de vida. “Podía comer, pero no digería los alimentos. Mis padres pensaron que moriría”.

Quizás fueron los recuerdos de esta hibakusha (sobreviviente) la razón por la que luego el Comandante recordaría su visita a Hiroshima: “Yo estuve en el Museo. Todo me lo explicaron allí, lo que resistió, lo que no. Una de las imágenes más tremendas era la de los niños que no habían nacido todavía, la de las madres gestantes que le faltaban algunos meses… El hecho real es que hoy la humanidad está amenazada de cosas tan horribles como las que ustedes han contado, incluso más horribles todavía”.

Por ello Fidel confiere tanta atención al encuentro. “Cuando recibí la invitación me alegró poder intercambiar con ustedes por la importancia del momento que estamos viviendo, que no es un momento cualquiera, pero además por un sentimiento de gratitud, ya que conozco la solidaridad de ustedes, las dificultades, las luchas contra los bloqueos durante estos años, la identidad del barco, los puertos donde podían ir y donde no podían ir, si les suministraban combustible o no”. Recuerda entonces aquel día de agosto cuando escuchó la noticia del ataque. “Yo era estudiante. Era verano por allá por Santiago de Cuba… Nadie tenía ni la menor idea de la existencia de un arma de esa naturaleza”.

Y le narró luego Junko que había encontrado muchos documentos de sobrevivientes con más edad, que le habían revivido un pasado de terror a través de sus historias. Recordó Junko las imágenes de un documental de periodistas japoneses donde “las escenas son brutales, la ciudad va desapareciendo, volviéndose negra, donde la gente sin conciencia camina por las calles, llenas de cuerpos deshechos”.

Entonces el Comandante, con la sensibilidad de siempre, le pide excusas por las preguntas que desea hacerle. Le habla de que el encuentro se transmitirá por la televisión nacional, si ella no tiene ninguna objeción, “tenemos mucho interés en que la opinión pública conozca todo esto, no solo transmitirlo aquí, sino en otros países. Es de suma importancia lo que allí ocurrió, independientemente de lo que se haya publicado”. Fidel quiere saber cuánto tiempo tardó en llegar el polvo producido por la bomba hasta las personas. Junko aprieta su memoria. Le responde que cerca de 30 minutos. “¿Tus padres estaban bajo techo? ¿La madre resultó quemada?”, le inquiere. Junko explica que su familia estaba a 18 kilómetros de donde estalló la bomba, que lo que recibieron fue una ola de polvo, que su madre y otro hermano pequeño estaban fuera de la casa, que su padre estaba en un edificio en la ciudad desde donde vio el avión que enlutaría a Hiroshima.

Luego de las preguntas, Fidel les comenta a los tripulantes del Peace Boat, que llega por décimo cuarta ocasión a Cuba, de la reciente visita de Alan Robock, prestigioso investigador de la Universidad de New Jersey, quien ofreció una conferencia sobre la teoría del invierno nuclear basada en el peligro que significaría una guerra nuclear regional. “Parte del hecho actual, muy diferente al momento aquel en que se lanza la primera guerra nuclear. Toma en cuenta la situación de este momento en que existen 25 000 armas nucleares. Dice que bastarían 100 explosiones nucleares y se produciría lo que él califica de invierno nuclear. Por ejemplo, una guerra entre la India y Paquistán con el número de armas que tienen cada una de ellas, sería suficiente para poner fin a la vida en el planeta”.

Les propone el Comandante facilitarles una copia de la conferencia porque tiene datos de gran valor. Les recuerda el hecho de que “el poder de las armas existentes equivale a 450 000 veces la potencia de cualquiera de las dos bombas que lanzaron en Japón”. Entonces se le ocurre que Robock, “hombre generoso, espléndido”, pudiera darles a los miembros de la organización nipona una conferencia sobre tamaño peligro. Y les explica que a causa de las explosiones nucleares se producirían nubes de polvo que se extenderían por el mundo en menos de tres semanas, que la temperatura bajaría a puntos de congelación, lo cual implicaría que desaparezca toda la producción de alimento.

Fidel comenta después sobre el desconocimiento en todo el mundo acerca del tema a pesar de tantas investigaciones prestigiosas; sobre el término “estado de negación”, del cual le habló Robock, referido al hecho de que cuando existen cosas horribles las personas rechazan la idea de pensarlas. A esa explicación, dijo Fidel, se le pudieran sumar otras relacionadas con los medios de información. Las cosas que pasan en el mundo, a pesar de todos los medios que existen, se informan pero no se explican. “La verdad está secuestrada, no se conoce. Desde luego, si las masas no saben leer ni escribir, no puede siquiera intentarse”. Habló del caso de Cuba, de su Revolución, que “no se ha defendido con la fuerza, se ha defendido con los conocimientos, con la conciencia”, a pesar de 50 años de bloqueo.

Más adelante, con la misma insistencia, Fidel pregunta qué se ha dicho sobre el medio ambiente, sobre el cambio climático. “No hay que esperar a una guerra nuclear para que la vida desaparezca en el planeta”. Recuerda que el desarrollo de los países se basa en fuentes no renovables como el petróleo. ¡Cien millones de barriles se extraen a diario! “El hombre está gastando el petróleo que la naturaleza acumuló en 400 millones de años… tiene gastado en 130 años la mitad de ese combustible”. Y habló de otro problema que las naciones también tienen que abordar: “la población no puede crecer ilimitadamente. Se está calculando una población para el año 2050 de alrededor de nueve mil a diez mil millones de habitantes”. Opinó Fidel que los humanos tienen que disfrutar de la vida, y “no lo que está ocurriendo, están muriendo alrededor de ocho o diez millones de niños por año como consecuencia del hambre, de la falta de medicamentos”.

Entonces conoció el Comandante en Jefe sobre el médico cubano invitado al Peace Boat. Se trata del joven Iván Toledo Rosa, quien estuvo en Haití salvando vidas. También supo del bailarín José Ramón Mendiola Osorio, especie de embajador cultural cubano en el crucero nipón. A ambos Fidel agradeció, luego de comentar sobre la vocación internacionalista de nuestros galenos que en tantos países del mundo tienden su mano solidaria. “Es una prueba de la conciencia. Lo que hicieron nuestros compañeros en Haití es un producto de la conciencia, la conciencia que hizo posible la Revolución… a pesar de las críticas que nos hagan y los errores que hayamos podido cometer porque ninguna obra humana es perfecta”.

Recordó luego Fidel que este es un momento importante porque Naciones Unidas está discutiendo sus metas: “Las Naciones Unidas es lo único que se supone que tenemos, porque en ocasiones parece que no existe, ya que se discuten los problemas del desarrollo, las metas en educación, las metas en salud, y cada vez que hay una crisis se produce un retroceso”. Habló sobre el poder adquisitivo de los norteamericanos que ha disminuido en un 43,6%, sobre las consecuencias del desempleo, sobre el 80% de los ingenieros de Estados Unidos dedicados a la producción militar.

“Es una gran democracia, de tal modo que tienen 12 000 lobistas en el Congreso, que cuesta 3 500 millones de dólares al año. Resultado: todas las grandes trasnacionales tienen controlado el Congreso de Estados Unidos que es quien tiene que ratificar los acuerdos, si hay un acuerdo de desarme o un acuerdo de reducción de armas nucleares tiene que aprobarlo el Congreso. Ya no se sabe cuál es el papel de un presidente en Estados Unidos. No puede hacer nada, y ese es el hombre que tiene un maletín nuclear.”

De aquellos tristes días de agosto de 1945 concluyó Fidel que “no era necesario usar esa bomba. Ya las fuerzas imperiales de Japón estaban derrotadas, para ganar esa guerra no había que lanzar las bombas. Fue un acto cruel, un experimento”, dijo el Comandante.

Y ante la posibilidad de otra tragedia trae a colación la discordia sobre Irán: “Si atacan a Irán para destruir los reactores la guerra se vuelve nuclear”. De ahí que insista nuevamente en la necesidad de prestar mayor atención al tema, de cooperar, de ser consciente de los peligros. Fue entonces cuando muchos comprendieron el mensaje de Fidel cuando minutos antes preguntó a Nao Inoue, quien viene al frente del Crucero: “¿Se puede saber la velocidad del Peace Boat?” A lo que responde sonriendo Nao: “Más o menos como una bicicleta rápida”. Y Fidel, ni corto ni perezoso, lanza: “Pienso que en estos tiempos el Peace Boat debe marchar más rápido”.

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