El acta de septiembre de 1821, Parte II

14 Sep

Miguel Hidalgo
Image via Wikipedia

Dagoberto Gutiérrez

Como los pueblos tienen problemas con la historia y no con la memoria, conviene establecer que ambas, memoria e historia, siendo viajes al pasado, no buscan, sin embargo, lo mismo. La memoria se basa en el recuerdo como patrimonio de cada persona y tiene, además, plasticidad y discrecionalidad, por eso depende de cada persona y de la fidelidad de su recuerdo. La historia es siempre hecha por los pueblos pero escrita por los poderosos a partir de sus conveniencias, y aquí la verdad es una sola, es la verdad oficial, que requiere que los súbditos tengan en su cabeza una determinada visión. Por eso es que hay historia oficial y nunca memoria oficial.

El Salvador y Centroamérica son escenario fiel de las anteriores afirmaciones y la historia oficial, que revive cada mes de septiembre y abandona su ataúd polvoriento, nos habla de independencia, de próceres, de independentistas, de patrias y patriotas, de civismos y de fiestas, pero nunca, nunca, de las fuerzas motrices ni de correlaciones, ni de intereses que determinaron los acontecimientos de 1821. Lo mismo ocurre con los alrededores de esas fechas y con las luchas fracasadas para construir Centroamérica como realidad política. Todo lo anterior determina que el documento político fundamental del país: el Acta de Independencia del 15 de Septiembre de 1821, sea un documento secreto, clandestino, prohibido y quizá ilegal. Este documento secreto nos informa de la intensa lucha política del momento y de las correlaciones de fuerza que dinamizaban los acontecimientos. Nos aclara hasta qué punto los independentistas eran independentistas y, en todo caso, nos dice de quien querían independizarse.

El poder imperial español era un poder oscuro y lejano, y para el caso de los criollos de la provincia de San Salvador, lo más importante era liberarse del control de los criollos de la Capitanía General de Guatemala. Hay que recordar que a partir de las reformas borbónicas, San Salvador llegó a ser intendencia, sometida a Guatemala, y que Centroamérica, como tal, no existía. Toda la actividad económica importante con la metrópoli pasaba por el control de Guatemala y los poderosos criollos de San Salvador necesitaban sacudirse la coyunda de personajes como los Aycinena, que desde Guatemala manejaban los hilos del comercio y se aseguraban las mayores ganancias. Los de Guatemala estaban bien con la metrópoli y los de San Salvador estaban mal con los de Guatemala. Para unos y otros los acontecimientos se precipitaron, porque los franceses invadieron España y capturaron a un rey español de poca valía, en tanto en el Virreinato de Nueva España (México), se producen las heroicas rebeliones de los curas Miguel Hidalgo y José María Morelos, asesinados ambos por los españoles. Un desconocido militar español, Agustín Iturbide, se levanta contra el poder peninsular, declara la independencia, se proclama emperador y exige la anexión de Guatemala a México.

Todos estos hechos presionaron letalmente a los criollos de Guatemala y por eso se reunieron urgentemente en esa ciudad para decidir qué hacer. Y el documento que contiene las decisiones es el llamado Acta del 15 de Septiembre, de cuya lectura se pueden extraer las siguientes ideas: a) los criollos de Guatemala no buscaban la independencia de España sino ganar tiempo mientras aseguraban mantener sus vínculos de dependencia con la metrópoli, b) su maniobra consistía en proclamar una independen-cia en suspenso, mientras se aseguraba la anexión real de Guatemala al Virreinato de Nueva España, c) esto explica porque el acta del 15 de septiembre no es ni definitivo ni seguro, porque todo pasa a ser decidido por la asamblea que es convocada en el mismo documento del 15 de septiembre, para reunirse en la ciudad de Guatemala en marzo de 1822, d) el acta del 15 de septiembre dedica gran parte de sus 18 numerales a la organización de esta asamblea decisoria, e) los criollos de San Salvador aspiraban a romper sus vínculos de dependencia de la Capitanía General de Guatemala, pero su afán independentista no llegaba a tanto porque una vez culminada la anexión de Centroamérica a México, los criollos de San Salvador integraron una comisión, de la que formaba parte José Matías Delgado, que viajó a los Estados Unidos para ofrecer la anexión de El Salvador a ese país, f) el acta de independencia, de 18 partes, empieza en su primer numeral con una confesión tan franca que llega al cinismo rampante porque dicen que proclaman la independencia “para prevenir las consecuencias que serían temibles en el caso de que la proclamase de hecho el mismo pueblo”.

Aquí  encontramos la separación absoluta entre los intereses de estos independentistas y el pueblo real de carne y hueso. Observemos que esa consecuencia temible a la que se refieren los firmantes resulta ser, nada más y nada menos, que la independencia, la cual en manos del pueblo sería de verdad. Y para estos personajes el problema se agrava porque esta independencia de verdad era la voluntad general del pueblo de Guatemala, pero no la de estos independentistas que querían culminar con éxito su maniobra.

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