Ocho periodistas asesinados en Honduras: quién reclama al FBI

25 May

• Oscar Alvarez, el ministro de Seguridad del gobierno de Lobo, es sobrino del mejor aliado del ex embajador Negroponte, el general Gustavo Alvarez, de siniestra reputación, entonces jefe de las Fuerzas Armadas del país

Jean-Guy allard

EL ministro hondureño de Seguridad, Oscar Alvarez, que acaba de solicitar a Estados Unidos la ayuda del FBI para “esclarecer las circunstancias” de la ola de asesinatos de periodistas en Honduras, ocupaba el mismo puesto en el 2004, en el gobierno de Ricardo Maduro, cuando el terrorista Luis Posada Carriles llegó al país centroamericano donde encontró, con su complicidad, un refugio seguro.

El miembro del gobierno de Porfirio Lobo es sobrino del general Gustavo Alvarez Martínez, ex jefe de las Fuerzas Armadas de Honduras, aliado a John Dimitri Negroponte cuando este agente de la CIA y criminal de guerra era embajador en Tegucigalpa y manejaba los planes macabros de la administración de Ronald Reagan contra el gobierno sandinista de Nicaragua. Alvarez Martínez se hizo famoso por sus persecuciones a jóvenes, religiosos y militantes de izquierda y por su absoluta sumisión a los norteamericanos.

En el 2004, en el show mediático que se fraguó al llegar Posada el 26 de agosto, Oscar Alvarez fue quien, seis días después, declaró a la agencia de prensa norteamericana AP que sus servicios migratorios eran incapaces de ubicar al terrorista aunque, decía, la policía había localizado “varias residencias” donde “se creía” que pudiera estar alojado.

Unos días después, sin embargo, sugería una falsa pista: Posada “pudiera haberse ido del país y creemos que está en Bahamas”. El Gobierno de Bahamas denegó inmediatamente la información.

“Nuestros informantes nos dicen que Posada Carriles pudiera haber usado a Honduras como escala para viajar en el Caribe”, declaró también Alvarez.

Posada entró a Honduras el mismo día de su liberación por el aeropuerto de San Pedro Sula, con pasaporte norteamericano falso, en un jet privado contratado por cómplices de Miami, proveniente de la capital panameña.

No se habló más de la supuesta investigación al momento que la prensa dejó de interesarse por el tema.

En una amplia investigación sobre el incidente publicada en Rebelión a finales del 2004, el investigador y periodista Carlos Fazio señalaba que “existen indicios de que el presidente de Honduras, Ricardo Maduro, fue parte de una transacción que llevó a la desaparición de Posada Carriles en San Pedro Sula”.

“Es evidente —continuaba Fazio— que para que esto se diera hubo un tercer y poderoso actor que desde las sombras movió los hilos de la trama: Estados Unidos”.

En el 2005 se confirmó que el Buró Federal de Investigación (FBI) de Estados Unidos y la fiscalía hondureña protegieron entonces a Posada Carriles cuando el abogado Juan Carlos Sánchez, representante legal del destituido director de Migración y Extranjería de Honduras, Ramón Romero, presentó ante un tribunal un documento donde alegaba que Posada llegó a Honduras protegido por elementos de la policía federal estadounidense.

Aunque Posada era reclamado por Venezuela como autor de la voladura de un avión de Cubana de Aviación en 1976, con 73 personas a bordo, no apareció huella del terrorista internacional.

En enero de 1994, Posada planificó en Honduras un plan fracasado de atentado contra Fidel Castro, financiado desde Miami por la FNCA, que preveía ejecutar en la toma de posesión del presidente Reina. Hasta 1996, Posada encabezó un grupo de sicarios de origen cubano que junto a militares hondureños ejecutaron más de 40 atentados en ese país.

OSCAR ALVAREZ, CACHORRO DEL IMPERIO

Alvarez fue alumno de la Texas A&M University, cantera de agentes de la CIA. Es en el campus de esta misma universidad donde se sitúa la George Bush Presidencial Library. En esa institución de corte militar, se incorporó al Cuerpo de Cadetes donde recibió la preparación para sumarse a la US Army. Sigue presidente de la Asociación de ex alumnos hondureños de la Texas A&M.

Durante un largo período, Alvarez residió en Dallas, donde fue cónsul de Honduras.

El actual ministro del gobierno Lobo ejerció ese mismo cargo en el gobierno de Ricardo Maduro hasta 2005 y dirigió la represión contra dirigentes populares y salvajes operaciones de “limpieza” en barrios pobres de Tegucigalpa, con un desprecio total de los derechos humanos.

Ricardo Maduro participó, al lado de Roberto Micheletti, en el golpe de Estado contra el presidente constitucional Manuel Zelaya, y fue entre los primeros golpistas en ser acogidos en Washington por los congresistas de la ultra derecha cubano-americana que lideraban la operación de legitimación.

Al anunciar su solicitud de “ayuda” al FBI, hace unos días, Alvarez afirmó que acudió a la policía estadounidense con el propósito de “que haya transparencia en el proceso” de investigación sobre el asesinato de ocho periodistas desde principios del año en este país.

Hace unos días, el propio Alvarez entregó al Congreso Nacional un informe en el cual dio su versión sobre “el avance de las investigaciones” en las muertes de periodistas que incluyó nombres de sus supuestos autores.

Los periodistas asesinados en Honduras este año son Nicolás Jesús Asfura Asfura, Joseph Ochoa, David Meza, Nahum Palacios, Bayardo Mairena, Manuel Juárez, Luis Antonio Chévez y Georgino Orellana.

EL PROCONSUL LLORENS, DE PURA CEPA BUSHISTA

El embajador norteamericano Hugo Llorens, que admitió haber participado en reuniones donde se discutieron los planes de golpe antes del secuestro del presidente Zelaya, el 28 de junio de 2009, es un cubano-americano emigrado a Miami que se convirtió en director de asuntos andinos del Consejo Nacional de Seguridad en Washington, D.C., después de una carrera de agente de la CIA.

Cuando ocurre el golpe de estado del 2002 contra el presidente venezolano Hugo Chávez, Llorens se encuentra de asistente del Subsecretario de Estado para Asuntos hemisféricos Otto Reich y del conspirador por excelencia Elliot Abrams.

Poco después del golpe de Tegucigalpa, el propio The New York Times confirmó que el Secretario de Estado Adjunto para asuntos del Hemisferio Occidental, Thomas A. Shanon, así como el embajador Llorens, habían “hablado” con altos oficiales de las Fuerzas Armadas y con líderes de la oposición sobre “cómo derribar al Presidente Zelaya, cómo arrestarlo y qué autoridad podría hacerlo”.

En julio del 2008, Llorens sustituyó al embajador Charles “Charlie” Ford, el personaje que se atrevió a proponer, a sugerencia de George W. Bush, que Posada Carriles recibiera asilo permanente en Honduras.

EL FBI, FAMOSO POR ENCUBRIR A TERRORISTAS Y TORTURADORES

En EE.UU., el FBI —la policía federal encargada de la contrainteligencia y, notablemente, de los casos políticos— se distingue por tolerar la presencia en territorio estadounidense de decenas de individuos buscados en sus países por crímenes políticos.

En Miami, el santuario de refugiados de procedencia latinoamericana, entre ellos ex mandatarios corruptos, esbirros, torturadores, terroristas y promotores de acciones terroristas, el FBI tiene una política bien acertada de inercia, tolerancia e incluso de complicidad con todo lo que tiene que ver con las actividades ilegales de ultraderechistas latinoamericanos.

En el caso de Cuba, son innumerables los casos de cubanoamericanos, como Orlando Bosch y Luis Posada Carriles, relacionados con acciones terroristas que se benefician de una protección absoluta. Muchos de ellos han sido utilizados por los propios servicios de inteligencia norteamericanos en la guerra sucia librada por EE.UU., durante décadas, contra las aspiraciones legítimas de los pueblos.

EE.UU. ha acogido en los últimos años a decenas de “opositores” venezolanos que se caracterizan por su vinculación con grupos protagonistas del uso de la violencia. La agente de la CIA Patricia Poleo, prófuga de la justicia venezolana en el caso del asesinato del fiscal Danilo Anderson, sigue refugiada en Miami. Entre muchos otros prófugos venezolanos protegidos por el FBI en la Florida se encuentren el ex presidente Carlos Andrés Pérez y Henry López Sisco, torturador y asesino de su policía secreta.

Miami da también asilo al empresario boliviano Branko Marinkovic, croata de origen, quien organizo y financió el intento de magnicidio de abril del 2009 contra el presidente Evo Morales.

En Honduras, el FBI siempre ha mantenido una presencia de una forma u otra. Es en la propia embajada USA de Tegucigalpa donde el Agente Especial George Kiszynski entrevistó en 1992 a Posada Carriles acerca de su papel en el tráfico de armas contra drogas en la base salvadoreña de Ilipango. Años después, Posada declaraba al New York Times que Kiszynski, después de todo, era “un muy buen amigo”.

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