América Latina en la mira

19 Abr

Algo está sucediendo en América Latina. Hay un movimiento inusual e intenso diplomático-político de los Estados Unidos, la Unión Europea, China y Rusia.

La ofensiva de los Estados Unidos para Latinoamérica inició con la visita de la Secretaria de Estado, Hillary Clinton, tras ella llegó el Secretario de Asuntos Latinoamericanos y ahora el Secretario de Defensa; luego llega el Presidente Chino Hu Jintao, al tiempo que el Presidente de Rusia, Dmitri Medvedev, empezó a firmar acuerdos con algunos países de la región.

Asimismo, Centroamérica entra a la etapa final de la negociación con la Unión Europea, y la India busca presencia en la zona.

Dentro del movimiento propio de Latinoamérica, los presidentes acuerdan en México crear un organismo, sin los Estados Unidos y Canadá, el Presidente de Venezuela, Hugo Chávez, refuerza la cooperación con Nicaragua y promueve el ALBA; se abre la Embajada de Cuba en  El Salvador; Bolivia convoca a una reunión alternativa a la fracasada cumbre de Copenhague sobre el cambio climático; se cabildea intensamente para reintroducir a Honduras a la comunidad internacional, entre otras actividades que por no mencionarlas no son menos importantes para el devenir de lo que se está perfilando.

Una posible explicación a ese movimiento intenso de las grandes y medianas potencias podría ser la siguiente: Latinoamérica es el último continente que tiene sus recursos naturales no tan degradados.
Entre estos recursos podríamos mencionar: La selva amazónica que abarca muchos países suramericanos, la más grande reserva de agua dulce; una biodiversidad aún no explorada en su totalidad; recientes hallazgos de petróleo en Brasi, las exploraciones de Gran Bretaña en Las Malvinas, que se suman al gas en Bolivia y a la enorme reserva que posee Venezuela.

Pero no solo eso, Latinoamérica, luego de vivir bajo la férrea bota de las dictaduras o gobiernos manipulados por los Estados Unidos, ahora está ampliamente dispuesta a tomar en sus manos las riendas de su propio destino.

Así que vuelve a Latinoamérica la vieja lucha por los recursos naturales, pero con nuevos protagonistas, y esto nos hace sentir el viejo temor, por ahora superado, de las guerras internas y de las intrigas políticas para derribar gobiernos legítimos, electos dentro del juego democrático establecido. De allí que el experimento del golpe de Estado en Honduras, alzó sobre este país una barrera de rechazo que aún no se supera.

Latinoamérica es todavía un continente fresco, pese al saqueo, vitalizado por su rico pasado histórico del que aprendió la lección tan necesaria para estos nuevos tiempos y escenarios: no está dispuesta a sacrificar de nuevo la sangre de sus mejores hijos, ni a negociar con desventaja su futuro. Las potencias, tradicionales y emergentes, así deben entenderlo. Los tambores de guerra deben de callarse para dar paso a la tranquilidad de la negociación, de la no intervención, de la libre determinación y, la más importante, de realizar las aspiraciones de los pueblos que ya demostramos, somos capaces de sobrevivir y derrotar a los imperialismos trasnochados.

No obstante, hay que estar alertas.

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