Sobre la movilidad política del Presidente

11 Ene

Francisco Melgar Brizuela

Recientemente el Presidente Mauricio Funes expresó que “pierden el tiempo los que quieren definirme y encasillarme como de izquierda, centro o derecha”. Una expresión como ésta, en boca de un ciudadano/a común y corriente, me parecería algo ingenua, pero  proviniendo del Señor Presidente merece, al menos, un comentario.

No se puede negar que existe una realidad política que nos presenta un espectro cuyos polos van desde la extrema derecha hasta la extrema izquierda. Si alguien le quiere cambiar el nombre está en su derecho, pero esa realidad y su espectro existe en los diferentes momentos históricos.

Cada individuo, le guste o no le guste, esté o no esté consciente, ocupa una posición dentro de tal espectro. Tal posición puede permanecer fija durante algún tiempo y después cambiar. Lo mismo sucede con la posición económica. Sería un absurdo que alguien dijera que no es ni rico, ni pobre, ni de clase media.

En el sistema capitalista es muy poca la movilidad entre las diferentes clases económicas y por lo general, las personas tienden a ubicarse dentro de un pequeño rango económico. Esto no niega que algunos pobres se van haciendo ricos y algunos ricos se van empobreciendo; similarmente en lo político algunos se mueven de izquierda a derecha y otros de derecha a izquierda.

Siendo el presidente una figura pública es natural que las y los salvadoreños de izquierda, de derecha o del centro, observemos sus movimientos políticos, dado que sus actuaciones influyen en la vida política, social y económica de todos nosotros y constituyen un factor importante en las relaciones internacionales de nuestro país; sin embargo, estoy de acuerdo en que se  pierde el tiempo tratando de definir lo indefinible. Por tanto, creo que es intrascendente cualquier intento de encasillar o definir políticamente a nuestro señor presidente y que es más importante observar hacia donde se desplaza en términos políticos.

Cuando se desempeñaba como periodista a cargo de espacios de opinión televisivos daba la impresión de ser un profesional objetivo, con mucha capacidad de análisis y de libre expresión de sus ideas. En particular, considero que su pensamiento coincidía, en alguna medida, con el pensamiento de la izquierda política de nuestro país. Durante la campaña presidencial, como candidato del FMLN, en más de una ocasión se refirió a dicho instituto político como “mi partido”. Con tales antecedentes tuve pocas dudas para darle mi voto.

Ahora, después de 7 meses de gobierno, queda claro hacia donde se desplaza su cabeza política. Tal desplazamiento no necesita ser definido o encasillado puesto que está determinado por sus acciones y decisiones; por ejemplo, ha decidido que durante su gobierno El Salvador no se va a adherir al ALBA, porque respeta la política internacional del imperio norteamericano. Esta decisión no parece democrática, si se toma en cuenta que el presidente no es el dueño del país sino el representante del Poder del Pueblo.

Lo democrático sería que tal decisión se llevara a consulta con el Pueblo. El ALBA, más allá de una alianza de países, representa un esfuerzo importante por consolidar la unidad latinoamericana, es decir, el futuro, la libertad, la independencia de Nuestra América. No considerar este aspecto es una falta de respeto a los ideales de Francisco Morazán, José Martí, Simón Bolívar y otros insignes héroes que lucharon por la construcción de nuestra Patria Grande.

En estos pocos meses de gobierno se ha distanciado de las organizaciones del pueblo y en cuanto a la represa de El Chaparral y las minas de oro, más parece estar a favor de las empresas transnacionales que de los intereses de los habitantes de tales regiones y de la protección de nuestro medio ambiente. La conservación del medio ambiente representa en la actualidad la supervivencia de la especie humana en este planeta. Por otro lado, está dando la impresión de poner oídos sordos a los consejos y sugerencias que intentan transmitirle algunos analistas para que se acerque más a los problemas de la gente.

Me parece muy bueno de su parte que haya otorgado un reconocimiento a los mártires de la UCA y que manifieste su aprecio por el legado que nos dejó nuestro santo de América, Monseñor Romero; sin embargo (es posible que me equivoque) creo no haber escuchado o leído algún comentario acerca de Schafik Handal. No debemos olvidar que en gran medida el modesto proceso democrático que estamos viviendo se debe a personas que como él pusieron su vida, su lucha, su energía, su pensamiento y experiencia a favor de las causas justas y la dignificación de todas y todos los salvadoreños.

Pronto se cumplirá un aniversario más del fallecimiento de este líder cuyos aportes a la democratización de nuestro país han sido reconocidos nacional e internacionalmente, incluso por destacados políticos de derecha. Tal aniversario sería una oportunidad para reconocerle su entrega a la causa de nuestra patria. Esperaría que rompa con el silencio en este sentido.

Respecto al problema de la hermana República de Honduras no percibo, hasta este momento, una posición muy clara, ni del Presidente ni de su canciller. Sería nefasto que nuestro país se sume a la lista de los pocos países latinoamericanos que han declarado su disposición a reconocer al nuevo gobierno de ese país.

La promesa del cambio, en la que creyeron todas y todos los que le dieron su voto, aun no se percibe. Estrictamente hablando, hay muchos tipos de cambio: superficiales, estructurales y otros. También existe la milenaria estrategia de “cambiar para no cambiar” que consiste en priorizar los cambios superficiales.

Las modificaciones de estos días en la composición del gabinete de gobierno parecen orientadas a evitar que se produzcan cambios más profundos que beneficien los intereses de las grandes mayorías de nuestro pueblo.

En particular tuve la oportunidad de conocer al Ing. Gómez y al Ing. Tomás Campos. Ambos son excelentes personas que se caracterizan por su profesionalidad, su honradez y su responsabilidad en el trabajo. En el caso de ANDA los trabajadores han comenzado a pedir que se derogue el acuerdo de destitución del Ing. Gómez.

Es importante tomar en cuenta que cuando los trabajadores y la dirección de una empresa están compenetrados de su responsabilidad y de la misión que tienen que cumplir en beneficio de la población, las cosas caminan mejor y la efectividad en la realización de las tareas conjuntas ocurre con más facilidad y fluidez.

Ojalá que el señor presidente atienda esta petición de los trabajadores de ANDA.

En particular considero que Mauricio Funes tiene muchas capacidades pero que debería reflexionar acerca de las decisiones que está tomando porque las y los salvadoreños que votamos por él esperábamos un cambio a favor del pueblo y no a favor de las transnacionales y de la política internacional del imperio.

El FMLN tiene la obligación moral y política de exigir y trabajar para que se produzcan los cambios no en el sentido de “cambia, todo cambia” sino en el sentido con el que se ofrecieron como promesas de campaña, dado que está en juego el bienestar del pueblo que produce la riqueza con su trabajo y el futuro político del país.

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