HACIA UN SOCIALISMO SOSTENIBLE (IV) EUROCENTRISMO EXCLUYENTE

28 Oct

 

Jorge Gómez Barata

El eurocentrismo fue el componente ideológico del primer empeño europeo de dominación mundial, un derivado del esfuerzo por convertir la precedencia alcanzada en áreas decisivas de la economía y la tecnología en superioridad e instrumento para construir una hegemonía, no sólo económica, comercial y política, sino también cultural. De alguna manera se trató de una globalización temprana impulsada con inaudita brutalidad. Las Cruzadas, la conquista de América y la colonización de África son los episodios más conocidos.

El hecho de que en los siglos XVII, XVIII y XIX ninguno de los países coloniales tuviera una superioridad decisiva y en sus relaciones prevalecieran  contradicciones que dieron lugar a múltiples enfrentamientos, incluyendo dos guerras mundiales, imposibilitó que alguna fuera absolutamente hegemónica respecto a las otras, nivel al que se aproxima Estados Unidos.

No afirmo que en los primeros tiempos, como tampoco ahora, se tratara siempre de propósitos deliberados y conscientes o de actos de maldad, sino de un resultado que acompaña a la supremacía de unas naciones, culturas o civilizaciones sobre otras que, sin ser inferiores, por determinadas razones, se retrazaron. En el  eurocentrismo antes como ahora, incurren también quienes no tienen tales intenciones. Incluso personas tan poco sospechosas de mala fe como Carlos Marx.

Por haber vivido la mayor parte de su vida en Londres, realizado allí su actividad científica y toda su labor periodística como corresponsal europeo del New York Daily Tribune durante 12 años, Marx se aproximó a la situación de la India y aunque a propósito en sus artículos “La Dominación Británica en la India” y en “Futuros resultados de la Dominación Británica” en la India, expresó sus más elaboradas ideas sobre el colonialismo, sus juicios reflejaron un modo de pensar, aunque riguroso y balanceado, típicamente europeo.

Los fenómenos ideológicos y culturales que acompañaron a la colonización se diferencian de la dominación económica y política por su carácter irreversible. Hipotéticamente Asía, África y América Latina podrán liberarse políticamente y desarrollarse en consonancia con sus intereses de modo autónomo, pero jamás dejaran de hablar ingles, español y francés y nunca se apartaran del cristianismo, el catolicismo, el liberalismo y el marxismo que en su momento fueron productos exóticos pero que, mediante complejos procesos de aculturación, se integraron a su DNA cultural e incluso pasaron a formar parte de la conciencia social y de la espiritualidad.

Tales circunstancias han dificultado la comprensión, no sólo de la historia sino incluso de procesos que tienen lugar actualmente en las antiguas colonias, en las cuales incluso los investigadores nativos tratan de comprender su pasado y su presente a partir de metodologías foráneas. Se trata de un fenómeno óptico por el cual las culturas y los países se miran a si mismos con ojos ajenos, justificando la afirmación de que el ojo no es ojo por lo mira sino por lo que ve.

Esta claro por ejemplo que en general para Asia, particularmente a la India y el Medio Oriente, y África del Norte, Egipto y otros territorios que hoy constituyen países, no es aplicable el esquema de sucesión de formaciones económicas y sociales válido para Europa. En ciertas culturas afroasiáticas, no hay manera de deslindar con claridad la esclavitud del feudalismo, incluso de identificar nítidamente un régimen feudal.

En etapas tempranas, en esas civilizaciones, Carlos Marx encontró  elementos que le permiten percibir lo que llama un “Modo de Producción Asiático”, consistente en una forma de organización social  como jamás existió en Europa  y que tuvo la peculiaridad de expresar una temprana imbricación del Estado con los problemas de las comunidades, rasgos presentes también en las grandes civilizaciones de la América Prehispánica.

A una prominencia del Estado que occidente no alcanzaría hasta los siglos XVII y XVIII y XIX, en la India, Egipto y América se suma un visible retraso en el establecimiento de la propiedad privada sobre la tierra, el agua y otros recursos que en Egipto, ligado al Nilo, en Mesopotamia a los ríos Tigres y el Éufrates y el valle del Indo, resultaron imposibles de explotar de modo privado y sin los cuales la sociedad no podía existir ni desarrollarse. La envergadura de la infraestructura (puentes y diques) necesaria, sólo era asequible al Estado capaz de movilizar los recursos y la mano de obra necesarias. Dejadas a su arbitrio, sin la brutal intervención europea, esas sociedades pudieran haber evolucionado de otra manera.

Incluso para los procesos políticos avanzados, entre ellos aquellos que condujeron a la implantación del capitalismo y el socialismo, el enfoque euro centrista que no reconoce la viabilidad de culturas políticas y formas de organización social diferentes a las suyas, ha sido un obstáculo. La persistencia de imponer un modo de producción basado en el capitalismo liberal ha conducido a desfases como los que hoy se evidencian entre el occidente desarrollado y los países africanos.

Incluso en la lucha por el socialismo, se hizo presente el vicio de no reconocer, no ya la existencia de otros pensamientos sino ni siquiera la adecuación del existente a otras realidades. Con la mejor buena fe, los bolcheviques y luego los comunistas rusos, no vieron la posibilidad de avanzar por otros caminos y sin quererlo, practicaron un eurocentrismo excluyente.

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