La política es un arte, pero la política tiene un hondo contenido de clase.

1 Sep

La política es un arte, pero la política tiene un hondo
contenido de clase
En el editorial afirmamos que “Lo más importante es preguntarse por qué tanto
el gobierno como el partido FMLN asumen eas actitudes vacilantes y t9ímidas y
se muestran tan deficientes”. hay quienes, aducen que la politica es un arte _lo
cual es cierto- pero se embelezan haciendo malabarismos de palabras, sin
contar con la esencia de clase. Los análisis que no responden a los intereses de
clase, a los intereses del pueblo explotado y oprimido son irrelevantes.
Dentro del proceso revolucionario salvadoreño identificamos varios períodos.
1º Después de la ofensiva de enero de 1981 a 1983: lucha ideológica sobre el rumbo de
la revolución y resolución violenta en abril de 1983.
2º 1983-1992 continuación de la guerra insurgente para crear las condiciones del
diálogo y la negociación, y acomodamiento político ideológico de bases e influencias a
esa estrategia.
3º Firma de los acuerdo el 16 de enero de 1992- 1994: ideológica y políticamente,
meter el paquete acordado como un “triunfo”; y adecuación de la insurgencia para
convertirse en partido político dentro del sistema.
4º 1994- 2009: Impulso de la estrategia electoral como la única vía. Elección tras
elección, politica e ideológicamente se generalizó entre las grandes mayorías la
posibilidad de que ganar el “poder” por medio de las elecciones era posible. Los
apologistas de esta estrategia usan la palabra “poder” como sinónimo de gobierno.
5º En marzo del 2009 culmina ese largo período de 15 años, y se inicia el presente
período. El FMLN, en aras de ganar las elecciones, buscó un candidato que ni es del
FMLN, ni es marxista y quien está confirmando que tampoco es revolucionario. Total
ahora tenemos a un presidente con sus asesores inspirados en Lula y un partido
reformista que va a la cola. Estamos viviendo el inicio del periodo en el que se ha
comprobado la vieja tesis de la izquierda tradicional de las elecciones para llegar al
gobierno. Aunque, en realidad, lo que está por comprobarse es el rumbo del proceso;
en esto hay tres posibilidades:
1. El gobierno y el partido no cumplen sus promesas electorales. El pueblo se frustra y los
castiga con el voto
2. El gobierno y el partido cumplen sus promesas y afirman el reformismo político. alejando
más al pueblo del sueño de la revolución verdadera
3. El gobierno y el partido cumplen sus promesas del programa, impulsan los cambios que
el país necesita, sientan las bases para avanzar, defienden consecuentemente al pueblo.
En otras palabras, reencuentran y retoman el rumbo que comenzaron a perder en 1981,
después de la ofensiva.
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La posibilidad 1 parece ser la más favorecida hasta ahora. La 2 tiene dos
“obstáculos”: el pensamiento predominante ultraconseservador de las fuerzas
oligárquicas que se oponen a los cambios usando todos los medios y formas de
lucha; y dos el potencial de la presión y lucha popular que no se conforme con
las migajas reformistas que refuerzan el sistema de dominación. La 3 parece la
más remota pues para que ocurriera se necesitaría, primero, que fuerzas
revolucionarias alternativas conmocionaran impactaran la coyuntura política
contribuyendo a despertar la conciencia de las mayorías del país; y segundo, que
el partido FMLN tuvieran un ciclón interno que barriera el oprtunismo y el
reformismo imperantes.
Retomar el análisis de clase
Hay análisis castos, inocentes, bien intencionados. Hay otros, en cambio, que
son ideológica y políticamente producidos para “vender” al pueblo la pedante
instrucción de cómo la gestión gubernamental debería ser, sin ir a la raíz de las
cosas y fenómenos que se analiza.
La obsesiva narración y descripción de los hechos políticos, los consejos
arrogantes para matizar la gestión gubernamental y/o política, al margen del
análisis de clase, no sirven para elevar la conciencia politíica de las clases y
sectores populares, adormecidos por el reformismo que les recetaron las
tendencias pequeñoburguesas en el seno del pueblo.
El gobierno y el FMLN, representan un proyecto reformista que despertó la
esperanza en la mayoría de los votantes. Estos le dieron la oportunidad, pese a
que, ni a nivel municipal ni a nivel legislativo, el FMLN había gobernado
cualitativamente como un partido revolucionario. Es un deber el analizar desde el
punto de vista de los intereses de la clase obrera y de los sectores explotados y
oprimidos el carácter, el contenido y los intereses de clase del gobierno
reformista y de sus actos, y, por supuesto, del partido que lo postuló, y de sus
actos. De otra forma, se fortalece la estrategia reformista y se coquetea con la
demagogia y las vacilaciones para no hacer ni siquiera los cambios más
modestos.
lLas condiciones objetivas para profundizar el proceso en El salvador están
maduras. En comparación, las condiciones subjetivas están retrasadas: la gente
en su mayoría cree en los cantos de sirena del reformismo. Les han hecho creer
que el lenguaje marxista leninista es “confrontativo”.
¡Causa indignación como el oportunismo de derecha impulsó, expandió y
generalizó el pensamiento reformista al punto de mediatizar la conciencia política
de las grandes mayorías, y de aplacar, acomodar y moderar su probada
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voluntad y energía de su accionar revolucionario. Un pueblo tradicionalmente
combativo acepta ahora dócilmente los cantos reformistas. Este es el mismo
pueblo que en el fragor de la lucha contra sus opresores no se dejó sorprender
por el electorerismo, al que puso en el lugar que merecía.
Ese amoldamiento, sin embargo, no sucedió de la noche a la mañana, ni como
un chispazo adormecedor. Los sustentadores de las estrategias oportunistas
perseveraron pacientemente hasta que fracasaron estrepitosamente contra la
realidad. Entonces, se sumaron a otros medios y formas de lucha (en los que
nunca creyeron), sin abandonar nunca su estrategia oportunista. Se suman
(1997-79), hacen la guerra (79-81), comienzan a formular salidas que no eran
la toma del poder (de 1981 a 1983).
El “obstáculo” Marcial, con una consecuencia extraordinaria, era insalvable, a
menos que se le matara política e ideológicamente, a cualquier costo. En efecto,
el costo fue enorme por la pérdida irreparable del Comandante Marcial y de la
Comandante Anamaría. Pero el costo fundamental fue para el pueblo y el
proceso: se desplazó brutalmente una estrategia revolucionaria y se impuso una
estrategia reformista, no revolucionaria.
Después de abril de 1983, sometidos o expulsados los que apoyaban a Marcial,
las dirigencias del FMLN, sin opositores, se concentraron en mantener la guerra
como resorte impulsor para abrir los caminos del dialogo y la negociación. Ese
rumbo* torcido arrribó a la firma de los acuerdos de paz de 1992. Estos
acuerdos ofrecieron al pueblo un paquete reformista al que sus apologistas no
tuvieron ninguna vergüenza de llamarlo “triunfo”.
*La diferencia entre vía y rumbo. La primera tiene que ver con los métodos, las
formas de luchar: La vía electoral, la vía políitico-militar, por ejemplo. El rumbo tiene
que ver con los grandes objetivos de la lucha. La historia abunda en ejemplos que
demuestran que la vía no garantiza por sí sola el triunfo de una revolución
verdadera. Lo que garantiza es el rumbo, que se apoya en la estrategia
consecuente con los fines de la revolución. El gane electoral de las izquierdas, la
derrota de las fuerzas reaccionarias en el campo político militar, no determinan
automáticamente el rumbo hacia la revolución plena. Por supuesto, pueden ser
estrategias parciales que fortalezcan la estrategia general que se tenga. En El
Salvador, la izquierda mayoritaria, que ganó por la vía electoral la presidencia, no
tiene la estrategia revolucionaria, no tiene el rumbo revolucionario. La posición
ganada no está ”enrumbada” hacia la profundización del proceso ni a crear
condiciones para avanzar en la revolución. Claro, tiene un rumbo, pero hacia metas
reformistas que adormecen a los pueblos.

día 93, El Salvador.

En el editorial afirmamos que “Lo más importante es preguntarse por qué tanto el gobierno como el partido FMLN asumen eas actitudes vacilantes y tímidas y se muestran tan deficientes”. hay quienes, aducen que la politica es un arte _lo cual es cierto- pero se embelezan haciendo malabarismos de palabras, sin contar con la esencia de clase. Los análisis que no responden a los intereses de clase, a los intereses del pueblo explotado y oprimido son irrelevantes.

Dentro del proceso revolucionario salvadoreño identificamos varios períodos.

1º Después de la ofensiva de enero de 1981 a 1983: lucha ideológica sobre el rumbo de la revolución y resolución violenta en abril de 1983.

2º 1983-1992 continuación de la guerra insurgente para crear las condiciones del diálogo y la negociación, y acomodamiento político ideológico de bases e influencias a esa estrategia.

3º Firma de los acuerdo el 16 de enero de 1992- 1994: ideológica y políticamente, meter el paquete acordado como un “triunfo”; y adecuación de la insurgencia para convertirse en partido político dentro del sistema.

4º 1994- 2009: Impulso de la estrategia electoral como la única vía. Elección tras elección, politica e ideológicamente se generalizó entre las grandes mayorías la posibilidad de que ganar el “poder” por medio de las elecciones era posible. Los apologistas de esta estrategia usan la palabra “poder” como sinónimo de gobierno.

5º En marzo del 2009 culmina ese largo período de 15 años, y se inicia el presente período. El FMLN, en aras de ganar las elecciones, buscó un candidato que ni es del FMLN, ni es marxista y quien está confirmando que tampoco es revolucionario.

Total, ahora tenemos a un presidente con sus asesores inspirados en Lula y un partido reformista que va a la cola. Estamos viviendo el inicio del periodo en el que se ha comprobado la vieja tesis de la izquierda tradicional de las elecciones para llegar al gobierno. Aunque, en realidad, lo que está por comprobarse es el rumbo del proceso;

en esto hay tres posibilidades:

1. El gobierno y el partido no cumplen sus promesas electorales. El pueblo se frustra y los castiga con el voto,

2. El gobierno y el partido cumplen sus promesas y afirman el reformismo político. alejando más al pueblo del sueño de la revolución verdadera,

3. El gobierno y el partido cumplen sus promesas del programa, impulsan los cambios que el país necesita, sientan las bases para avanzar, defienden consecuentemente al pueblo.

En otras palabras, reencuentran y retoman el rumbo que comenzaron a perder en 1981,

después de la ofensiva.

La posibilidad 1 parece ser la más favorecida hasta ahora. La 2 tiene dos “obstáculos”: el pensamiento predominante ultraconseservador de las fuerzas oligárquicas que se oponen a los cambios usando todos los medios y formas de

lucha; y dos el potencial de la presión y lucha popular que no se conforme con las migajas reformistas que refuerzan el sistema de dominación. La 3 parece la más remota pues para que ocurriera se necesitaría, primero, que fuerzas revolucionarias alternativas conmocionaran impactaran la coyuntura política contribuyendo a despertar la conciencia de las mayorías del país; y segundo, que el partido FMLN tuvieran un ciclón interno que barriera el oprtunismo y el reformismo imperantes.

Retomar el análisis de clase.

Hay análisis castos, inocentes, bien intencionados. Hay otros, en cambio, que son ideológica y políticamente producidos para “vender” al pueblo la pedante instrucción de cómo la gestión gubernamental debería ser, sin ir a la raíz de las cosas y fenómenos que se analiza.

La obsesiva narración y descripción de los hechos políticos, los consejos arrogantes para matizar la gestión gubernamental y/o política, al margen del análisis de clase, no sirven para elevar la conciencia politíica de las clases y sectores populares, adormecidos por el reformismo que les recetaron las tendencias pequeñoburguesas en el seno del pueblo.

El gobierno y el FMLN, representan un proyecto reformista que despertó la esperanza en la mayoría de los votantes. Estos le dieron la oportunidad, pese a que, ni a nivel municipal ni a nivel legislativo, el FMLN había gobernado cualitativamente como un partido revolucionario. Es un deber el analizar desde el punto de vista de los intereses de la clase obrera y de los sectores explotados y oprimidos el carácter, el contenido y los intereses de clase del gobierno reformista y de sus actos, y, por supuesto, del partido que lo postuló, y de sus actos. De otra forma, se fortalece la estrategia reformista y se coquetea con la demagogia y las vacilaciones para no hacer ni siquiera los cambios más modestos.

lLas condiciones objetivas para profundizar el proceso en El salvador están maduras. En comparación, las condiciones subjetivas están retrasadas: la gente en su mayoría cree en los cantos de sirena del reformismo. Les han hecho creer que el lenguaje marxista leninista es “confrontativo”.

¡Causa indignación como el oportunismo de derecha impulsó, expandió y generalizó el pensamiento reformista al punto de mediatizar la conciencia política de las grandes mayorías, y de aplacar, acomodar y moderar su probada voluntad y energía de su accionar revolucionario. Un pueblo tradicionalmente combativo acepta ahora dócilmente los cantos reformistas. Este es el mismo pueblo que en el fragor de la lucha contra sus opresores no se dejó sorprender por el electorerismo, al que puso en el lugar que merecía.

Ese amoldamiento, sin embargo, no sucedió de la noche a la mañana, ni como un chispazo adormecedor. Los sustentadores de las estrategias oportunistas perseveraron pacientemente hasta que fracasaron estrepitosamente contra la realidad. Entonces, se sumaron a otros medios y formas de lucha (en los que nunca creyeron), sin abandonar nunca su estrategia oportunista. Se suman (1997-79), hacen la guerra (79-81), comienzan a formular salidas que no eran la toma del poder (de 1981 a 1983).

El “obstáculo” Marcial, con una consecuencia extraordinaria, era insalvable, a menos que se le matara política e ideológicamente, a cualquier costo. En efecto, el costo fue enorme por la pérdida irreparable del Comandante Marcial y de la Comandante Anamaría. Pero el costo fundamental fue para el pueblo y el proceso: se desplazó brutalmente una estrategia revolucionaria y se impuso una estrategia reformista, no revolucionaria.

Después de abril de 1983, sometidos o expulsados los que apoyaban a Marcial, las dirigencias del FMLN, sin opositores, se concentraron en mantener la guerra como resorte impulsor para abrir los caminos del dialogo y la negociación. Ese rumbo* torcido arrribó a la firma de los acuerdos de paz de 1992. Estos acuerdos ofrecieron al pueblo un paquete reformista al que sus apologistas no tuvieron ninguna vergüenza de llamarlo “triunfo”. *La diferencia entre vía y rumbo. La primera tiene que ver con los métodos, las formas de luchar: La vía electoral, la vía políitico-militar, por ejemplo. El rumbo tiene que ver con los grandes objetivos de la lucha. La historia abunda en ejemplos que demuestran que la vía no garantiza por sí sola el triunfo de una revolución verdadera. Lo que garantiza es el rumbo, que se apoya en la estrategia consecuente con los fines de la revolución. El gane electoral de las izquierdas, la derrota de las fuerzas reaccionarias en el campo político militar, no determinan automáticamente el rumbo hacia la revolución plena. Por supuesto, pueden ser estrategias parciales que fortalezcan la estrategia general que se tenga. En El Salvador, la izquierda mayoritaria, que ganó por la vía electoral la presidencia, no tiene la estrategia revolucionaria, no tiene el rumbo revolucionario. La posición ganada no está ”enrumbada” hacia la profundización del proceso ni a crear condiciones para avanzar en la revolución. Claro, tiene un rumbo, pero hacia metas reformistas que adormecen a los pueblos.

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