Manifiesto del Comité de Expresos Políticos de El Salvador.

28 Ago

Manifiesto del Comité de Expresos Políticos de El Salvador.

Para 1980, en pleno meridiano del conflicto armado, los combatientes revolucionarios o los sospechosos de serlo, los líderes y liderezas de las organizaciones sociales y cualquier persona que realmente se opusiera o de quien se sospechara fuera de oposición al régimen, eran apresados, torturados, asesinados y exhibidos o desaparecidos. Eran  señalados como “terroristas” o “traidores a la patria”, encarcelados como criminales, de manera arbitraria y sin acceso a justicia.

Eran  puestos a la orden de “tribunales especiales”; sujetos a la aplicación de leyes “especiales” como la de garantía del orden publico y la ley de emergencia. Estos encierros solían ser prolongados y rodeados de procesos de maltrato y represión permanente a reos no reconocidos nacional e internacionalmente como presos políticos.

Estas capturas, los interrogatorios y las confesiones se sucedían en un proceso totalmente extrajudicial, realizando las capturas amparados usualmente en la obscuridad de la noche, o en medio del terror de amplios operativos que montaban para sacar de sus casas a sospechosos y sospechosas. Esta práctica permitía actos arbitrarios que acabaron con desapariciones, asesinatos y en muy pocos casos con la remisión a centros penales.

En esa época era permitido a los llamados cuerpos de seguridad, que en realidad eran cuerpos represivos, el uso irrestricto de métodos de captura y tortura. La desaparición forzada se convirtió en uno de los métodos favoritos del Estado y sus patrocinadores de entonces, los maestros de “los centros  especializados en lucha antiterrorista” de la escuela de las Américas en Panamá, los Estados Unidos, los carabineros Chilenos, la Armada Argentina, la guardia de Somoza, la inteligencia del Estado Venezolano, el estado judío, el régimen Sudafricano,Taiwán y otros; asesoraban el accionar de los diferentes centros de tortura en este país. A  mediados de los años 70  se instauró plenamente en el país la práctica del terrorismo de Estado.

Las cárceles se llenaban de presos y presas torturados, los sobrevivientes de entonces, fieles a su conciencia crítica y a sus principios se constituyeron en medio de las cárceles en un badajo que golpeaba la conciencia de sus captores y asesinos y en un aliento a los miles de luchadores por la libertad, por los derechos humanos y contra la dictadura.

La conformación del Comité de Presos Políticos de El Salvador -COPPES-, en el entonces Centro Penal de Santa Tecla y mas tarde en el Centro Penal de Mariona y “Cárcel de Mujeres” y su permanencia a lo largo del conflicto armado, hizo posible la formación de hombres y mujeres verdaderamente comprometidos con las aspiraciones de libertad de este pueblo, acercó a sus familias y los convirtió en hermanas y hermanos en los momentos más duros de su historia personal.

Le trajo paz y esperanza a los familiares de nuestros muertos y desaparecidos y a los luchadores sociales nos fortaleció la convicción de vencer. Nos permitió transformar nuestro cautiverio en un escuela. A nuestros captores, torturadores y carceleros les mostró la enorme capacidad de amar que teníamos y la forma creativa en la que desplegábamos la energía necesaria para ir adelante en la construcción de “una sociedad más justa y más humana” para las mayorías tradicionalmente explotadas, reprimidas, oprimidas, marginadas, discriminadas y humilladas en este país.

Muchos niños, jóvenes y adultos se convirtieron en el referente de una nación entera demandando la libertad de su país, al margen del sacrificio de la suya propia. Voces alzadas demandando el reconocimiento del Estado a su estatus de presos políticos. Conciencias hechas una, demandando la solidaridad de otros pueblos del mundo con nuestra lucha, ese esfuerzo titánico y poco o nada conocido que abrazó la conciencia de todos y la hizo una.

René Cruz, Pancho, Tono Morales, Hernán Texpan, Blandino Nerio, Herbert, Raúl Escamilla, Carlos, David, y otros que la memoria no nos deja ver ahora, permanecen en nuestro recuerdo como los fundadores de un esfuerzo increíble de resistencia a la tortura y de esperanza por la vida.  Junto a ellos … el invaluable respaldo de nuestras madres y familiares así como de las compañeras de los mercados de las que fuimos  hijos; la Toña, la Toya , la Chelita y tantos y tantas otras acompañando nuestra lucha y nuestras alegrías en medio de los muros de las prisiones que convertimos en escuela

Muchos y muchas  recordamos claramente todo lo que el COPPES significó para nosotras / os y los de nuestro entorno cercano. Demandar la libertad para nuestros compañeros y compañeras, formarnos como luchadores sociales, futuros revolucionarios, recuperarnos como personas, como hijos, como compañeros, como padres, como madres y en fin como ciudadanos/as libres y plenos/as.

Hoy, todavía esperamos… ¿donde están nuestros compañeros y compañeras capturadas y desaparecidos? ¿Dónde está el mínimo sentido de humanidad de esta sociedad política que se ha negado a aceptar la necesidad de conocer la verdad sobre los que sobrevivimos y la verdad de los que ya no están?

¿Por qué nos encerraron y nos torturaron? ¿Quiénes lo hicieron? ¿Donde están los que nos torturaron y los que los encubrieron? Son muchas las interrogantes a las que ni el estado ni el gobierno ni el sistema han dado las más elementales respuestas.

Muéstrennos… no sólo una cárcel clandestina o una sala o un catre de tortura, o el lugar donde enterraron a nuestras hermanas y compañeros…Muéstrennos también  el merecido respeto a su memoria, devuélvannoslos y muéstrenle a la sociedad su verdadero rostro.

Muestren vergüenza y arrepentimiento y déjennos saber sus motivos. No basta con que nos digan que “las ordenes no se discuten”!!!, que fue “por el honor militar”!!, que los mandaron endrogados y que si no nos mataban o torturaban los iban a matar a ustedes!!, No nos cuenten que ya le pidieron perdón a Dios!!, que es porque éramos sospechosos de ser comunistas!!, que la culpa la tiene la vecina que nos delató, que nos tuvieron que torturan porque no colaboramos, o que no saben por qué??

En medio de lo duro de la guerra el COPPES  fue un oasis, un enorme oasis, un espacio para crecer como hombres y mujeres comprometidos y comprometidas con la justicia y la verdad. Nuestros torturadores se equivocaron al subestimar la capacidad de nuestros compañeros, su compromiso con la historia y su amor al pueblo.

Hoy decimos de nuevo presentes ante la sociedad salvadoreña para agradecer a las personas que nos apoyaron a lo largo de nuestras vidas, para reconocer y exaltar el sacrificio de nuestras familias en ese momento crucial. Es nuestro imperativo ético, nuestra obligación moral como sobrevivientes el venir a reivindicar nuestra vida, la que entonces ofrecimos al pueblo y ahora utilizamos para ofrecerla a la causa de la verdad. Verdad que consideramos necesario dar a conocer para que no se repita.

En aquellos duros momentos nos aferramos a nuestras convicciones patrióticas y democráticas para enfrentar y aceptar la muerte en aquellos antros de tortura donde nos encerraron. Aquellas convicciones siguieron vigentes cuando más tarde volvimos a la lucha social, al combate en el frente o en el exilio, impuesto como   continuidad de la prisión. En un nuevo contexto,  como víctimas de la violación de nuestros derechos humanos y los de nuestras familias.

Hoy,  volvemos para demandar el derecho a la verdad!!, para que esta se conozca y se difunda socialmente.

Volvemos para demandar el derecho a la justicia para que ésta se ejerza y se disfrute.

Y  volvemos para demandar el derecho a la reparación, para que nadie vaya impune por la vida; para que nuestros/as/  héroes y mártires sean reivindicados y reciban cristiana sepultura. En fin, para dignificarnos y dignificar a todas las víctimas y a las personas que siempre  nos acompañaron y apoyaron.

Frecuentemente, cuando se hace historia de los momentos más duros de la vida de un país, deliberada o inconcientemente, se quiere borrar el dolor causado a las mujeres y hombres,  “para no volver a vivirlos”. Creemos que olvidar es condenar a nuestras futuras generaciones a la posibilidad de vivir en algún momento de su vida futura, lo que nosotros ya vivimos, las atrocidades que vivió nuestra sociedad, Y no eso no debe pasar, no debemos permitir que ocurra.

Creemos que olvidar es negar nuestra historia y el derecho que estas generaciones tienen a conocer la verdad de su pasado. Sólo de esa forma puede impedirse que ese episodio nefasto y genocida vuelva a repetirse.  De la misma manera, esto  también hace un poco de justicia a  la memoria de todas las mujeres y hombres que murieron o fueron desaparecidos por las dictaduras militares por sus fuerzas armadas, cuerpos de seguridad y sus aparatos paramilitares como los ESCUADRONES DE LA MUERTE.

Durante los siglos anteriores a éste,  en lo que hoy conocemos como El Salvador, cientos de hombres y mujeres han sido masacrados, muertos, torturados y olvidados o condenados al silencio. Nosotros consideramos que esto es inaceptable y repudiable; por ello asumimos el compromiso de responder al clamor de nuestros compañeros muertos, exiliados, torturados que sobrevivimos al conflicto para ser la campana de alerta a las nuevas generaciones.

La libertad no es un regalo. Es un legado de generaciones de salvadoreños y salvadoreñas asesinados/as, desaparecidos/as, caídos/as en combate, torturados/as, exiliados/as. Es una herencia invaluable que ellos y ellas les otorgan a ustedes, las nuevas generaciones de hombres y mujeres, jóvenes y niños/as que tienen derecho a la verdad y que la demandan.

Verdad que deben conocer para no erigir monumentos a asesinos; para no condenar al silencio a las/los mártires y héroes; para que los sobrevivientes y nuestras familias tengan la oportunidad de buscar justicia y ejerzan el derecho a reivindicar a los suyos… a los y las nuestras.

Los/las ex presos/as políticos, sobrevivientes de la tortura convocamos ahora a nuestras compañeras y compañeros a contactarse con nosotros para hacer el trabajo al que estamos llamados en esta etapa de la historia. A los que viven el  exilio, a reivindicar su condición de ciudadanos y ciudadanas que demandan conocer la verdad,  a los jóvenes y adultos de ahora a interesarse por conocer sobre la vida de las presos/as políticos/as, y la verdad de los hechos sufridos por todos y todas las víctimas de violaciones a derechos humanos en El Salvador.

No hay  juicio que nos devuelva lo que nos quitaron, no puede hablarse de paz si todavía hay familias buscando a sus hijos e hijas desaparecidos, el resarcimiento a las víctimas de la captura, tortura y desaparición forzada debe encontrar el camino de la verdad….. sólo entonces podrá hablarse de perdón y jamás de olvido.

Para que los violadores de derechos humanos, los criminales y sus actos sean conocidos y juzgados jurídica y socialmente;

Para que los/las muertos/as y desaparecidos/as sean reivindicados;

Para que nuestras madres, padres, hermanos, hijos e hijas descansen en paz en el lugar en que yacen o viven;

A pesar del daño y el dolor causado por los torturados y asesinos, continuamos luchando por nuestra dignidad y la reivindicación de nuestros derechos.

Hacemos un llamado a nuestras compañeras y compañeros a  contactarse a la dirección electrónica  excoppes@gmail.com y a participar en este esfuerzo por reivindicar la verdad de nosotros/as, las y los que…

Hicimos de la prisión una…una trinchera de la Revolución!!!

San Salvador, Julio de 2009

http://www.elfaro.net/secciones/especiales/templo_sonador/index.html

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