CAPITAL, PODER Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN(libro): UNA CRÍTICA EPISTÉMICA

21 Ago

Capital, Poder y Medios de Comunicación: Una Crítica Epistémica

Bajar libro 90146

Nunca como hoy ha sido tan evidente la vertiente política de la comunicación. Si en etapas pasadas, ella se instalaba en determinados nichos mediáticos, como la polémica de partidos, la promoción doctrinal, el proselitismo sectario o las campañas electorales, hoy se podría afirmar sin riesgo de parecer exagerado que el sesgo político está presente en todo, a todas horas, en cada escenario de la actividad de los medios.

Desde que hace unos cuarenta años, Armand y Michèle Mattelart nos alertaron sobre cómo leer al Pato Donald, nuestras miradas han aprendido a escudriñar la política en los vastos espacios de la ficción, la publicidad, y el juego inocente.

Sabemos hoy, con Ramonet, cómo nos venden la motocicleta y qué compramos, además, junto con ella. Comenzamos a entender, en fin, que nos movemos en el campo de la guerra de cuarta generación, donde se libra una lucha feroz por acuñar y afirmar los símbolos que rigen la conducta humana, un campo en el que los paradigmas norteamericanos se han posesionado con singular fuerza, y desde el cual los centros de poder ejercen una violencia simbólica sostenida, desmesurada y arrasadora, encaminada hacia la pesadilla totalitaria de convertir al mundo en un mercado único, con un gobierno único y un pensamiento único.

Los muertos, aquí, sin embargo, son también cada día más indóciles. Surgen o resurgen potencias de primera y segunda magnitud, que se empeñan tozudamente en configurar una multipolaridad global nada simpática a Washington. El cómodo traspatio neoliberal latinoamericano, antaño paraíso de la sumisión, se ha erizado en varios puntos con la irrupción de procesos políticos, ganados en las urnas y en las movilizaciones populares, que apuntan en su conjunto hacia un horizonte de soberanía, recuperación de los recursos, e incluso, en sus posiciones más radicales, hacia un así llamado socialismo del siglo XXI.

Las guerras del imperio, iniciadas como paradas triunfales, han desembocado en un pantano de muerte y destrucción, sin confirmar los proyectos geopolíticos y de control de las fuentes de energía que las animaron en el fondo.

Como voces sensatas advirtieron en su momento a los gobernantes ciegos y soberbios de Estados Unidos, el mundo de la supuesta “guerra contra el terrorismo” se ha hecho por el contrario cada día más violento, inseguro, injusto eingobernable.

Para colmo, una crisis económica globalizada ha venido en nuestros días a echar por tierra falacias demagógicas, teorías de desarrollo sin límites y capacidades de regulación inexistentes, y a encender una luz roja alarmada ante los que pretenden sostener patrones irracionales de bienestar incompatibles con el medio ambiente y con el derecho de la humanidad a algún futuro. Hay que hacer algo, todos debiéramos hacer algo, pero quizás lo más urgente sea esto: pensar. La hegemonía política, cultural y simbólica que sufren nuestras sociedades se expresa en muchos ámbitos. Tal vez el más angustioso de todos sea el abatimiento de nuestras capacidades para levantar, como siempre hizo el genio humano, una alternativa de cambio viable frente a los aparentes callejones sin salida de la historia.

En la medida que la comunicación se convierte en campo de lucha político, el pensamiento de la comunicación se debe convertir a su vez en campo de lucha liberadora. Si entendemos a la ideología como un momento presente en cada territorio de la vida espiritual y práctica de la sociedad, no estamos descaminados al adoptar la idea de que, al hacer ciencia de la comunicación, estamos también haciendo ideología y política.

Esa toma de posición oportuna es lo que se advierte, ante todo, en el proyecto de esta selección de lecturas, coordinado por Camilo Valqui y Cutberto Pastor, autores asu vez del ensayo que le sirve de pórtico: “Contribución a la crítica de la enajenación y dictadura mediática del capital imperialista”.

Lo primero que parecen decirnos estos trabajos, aquí agrupados, es que cada uno de nosotros, desde nuestros modestos discursos teóricos y académicos, somos también parte de una solución que es preciso configurar, nutrir y fomentar día a día, sin sentarnos como en la fábula, cruzados de brazos en el umbral de la puerta, a que nos pase alguna vez por delante el cadáver de nuestro enemigo.

Donde empieza a esbozarse una respuesta, comienza de hecho el cambio. Ni teorías de la comunicación asépticas, descoyuntadas de los dilemas sociales, ni enfoques mágicos que abandonan a la tecnología la salvación de nuestras almas.

Si la sociedad sólo puede existir como tal en la comunicación, aquí se deben levantar estrategias claras de diálogo, resistencia, negociación y cambio, afines a nuestro tiempo y a nuestros intereses.

Si el paradigma socialista y emancipador que surgió de la Revolución de Octubre de 1917, se estrelló al fin y al cabo contra sus propios errores y sus límites dogmáticos y antidemocráticos, la comunicación debe servirnos de escenario para edificar ahora modelos viables que no repitan los mismos errores.

El lector de “Capital, poder y medios de comunicación: una crítica epistémica”, docente, estudiante o simple ciudadano, va a tener a su disposición una paleta de temas sugerentes y actuales. El de la comunicación alternativa, en un trabajo de Rayza Portal. El de las relaciones en el tríptico ciencia, tecnología y comunicación, de Víctor Manuel Abarca. El de la pertinencia presente del periodismo de investigación, bajo la reflexión de Miriam Rodríguez e Isabel Moya. El de la construcción simbólica de la opinión pública, de Raúl Garcés.

El de la gestión de la comunicación con medios e imagen, a cargo de Irene Trelles. El tema de los medios y el bien público, por Jorge Moreno. Un acercamiento, en fin, al universo de la comunicación. Hallar los senderos salvadores en el mundo de una globalización que es ajena pero que nos toca a todos: he ahí la tarea.

Saludamos a los que aquí nos ayudan a dar pasos en esa dirección, y animamos a los que vendrán más tarde a proseguir por ese camino.

Julio García Luis

La Habana, Cuba.

Mayo de 2009

Nunca como hoy ha sido tan evidente la vertiente política
de la comunicación. Si en etapas pasadas, ella se instalaba
en determinados nichos mediáticos, como la polémica de
partidos, la promoción doctrinal, el proselitismo sectario o
las campañas electorales, hoy se podría afirmar sin riesgo de
parecer exagerado que el sesgo político está presente en todo,
a todas horas, en cada escenario de la actividad de los medios.
Desde que hace unos cuarenta años, Armand y Michèle
Mattelart nos alertaron sobre cómo leer al Pato Donald,
nuestras miradas han aprendido a escudriñar la política en
los vastos espacios de la ficción, la publicidad, y el juego
inocente.
Sabemos hoy, con Ramonet, cómo nos venden la
motocicleta y qué compramos, además, junto con ella.
Comenzamos a entender, en fin, que nos movemos en el
campo de la guerra de cuarta generación, donde se libra una
lucha feroz por acuñar y afirmar los símbolos que rigen la
conducta humana, un campo en el que los paradigmas
norteamericanos se han posesionado con singular fuerza, y
desde el cual los centros de poder ejercen una violencia
simbólica sostenida, desmesurada y arrasadora, encaminada
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hacia la pesadilla totalitaria de convertir al mundo en un mercado
único, con un gobierno único y un pensamiento único.
Los muertos, aquí, sin embargo, son también cada día
más indóciles.
Surgen o resurgen potencias de primera y segunda
magnitud, que se empeñan tozudamente en configurar una
multipolaridad global nada simpática a Washington.
El cómodo traspatio neoliberal latinoamericano, antaño
paraíso de la sumisión, se ha erizado en varios puntos con la
irrupción de procesos políticos, ganados en las urnas y en las
movilizaciones populares, que apuntan en su conjunto hacia
un horizonte de soberanía, recuperación de los recursos, e
incluso, en sus posiciones más radicales, hacia un así llamado
socialismo del siglo XXI.
Las guerras del imperio, iniciadas como paradas
triunfales, han desembocado en un pantano de muerte y
destrucción, sin confirmar los proyectos geopolíticos y de
control de las fuentes de energía que las animaron en el
fondo.
Como voces sensatas advirtieron en su momento a los
gobernantes ciegos y soberbios de Estados Unidos, el mundo
de la supuesta “guerra contra el terrorismo” se ha hecho por
el contrario cada día más violento, inseguro, injusto e
ingobernable.
Para colmo, una crisis económica globalizada ha venido
en nuestros días a echar por tierra falacias demagógicas,
teorías de desarrollo sin límites y capacidades de regulación
inexistentes, y a encender una luz roja alarmada ante los que
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pretenden sostener patrones irracionales de bienestar
incompatibles con el medio ambiente y con el derecho de la
humanidad a algún futuro.
Hay que hacer algo, todos debiéramos hacer algo, pero
quizás lo más urgente sea esto: pensar.
La hegemonía política, cultural y simbólica que sufren
nuestras sociedades se expresa en muchos ámbitos. Tal vez
el más angustioso de todos sea el abatimiento de nuestras
capacidades para levantar, como siempre hizo el genio
humano, una alternativa de cambio viable frente a los
aparentes callejones sin salida de la historia.
En la medida que la comunicación se convierte en
campo de lucha político, el pensamiento de la comunicación
se debe convertir a su vez en campo de lucha liberadora.
Si entendemos a la ideología como un momento presente
en cada territorio de la vida espiritual y práctica de la
sociedad, no estamos descaminados al adoptar la idea de
que, al hacer ciencia de la comunicación, estamos también
haciendo ideología y política.
Esa toma de posición oportuna es lo que se advierte,
ante todo, en el proyecto de esta selección de lecturas,
coordinado por Camilo Valqui y Cutberto Pastor, autores a
su vez del ensayo que le sirve de pórtico: “Contribución a la
crítica de la enajenación y dictadura mediática del capital
imperialista”.
Lo primero que parecen decirnos estos trabajos, aquí
agrupados, es que cada uno de nosotros, desde nuestros
modestos discursos teóricos y académicos, somos también
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parte de una solución que es preciso configurar, nutrir y
fomentar día a día, sin sentarnos como en la fábula, cruzados
de brazos en el umbral de la puerta, a que nos pase alguna vez
por delante el cadáver de nuestro enemigo.
Donde empieza a esbozarse una respuesta, comienza
de hecho el cambio. Ni teorías de la comunicación asépticas,
descoyuntadas de los dilemas sociales, ni enfoques mágicos
que abandonan a la tecnología la salvación de nuestras
almas.
Si la sociedad sólo puede existir como tal en la
comunicación, aquí se deben levantar estrategias claras de
diálogo, resistencia, negociación y cambio, afines a nuestro
tiempo y a nuestros intereses.
Si el paradigma socialista y emancipador que surgió de
la Revolución de Octubre de 1917, se estrelló al fin y al cabo
contra sus propios errores y sus límites dogmáticos y
antidemocráticos, la comunicación debe servirnos de
escenario para edificar ahora modelos viables que no repitan
los mismos errores.
El lector de “Capital, poder y medios de comunicación: una
crítica epistémica”, docente, estudiante o simple ciudadano, va
a tener a su disposición una paleta de temas sugerentes y
actuales. El de la comunicación alternativa, en un trabajo de
Rayza Portal. El de las relaciones en el tríptico ciencia,
tecnología y comunicación, de Víctor Manuel Abarca. El de
la pertinencia presente del periodismo de investigación, bajo
la reflexión de Miriam Rodríguez e Isabel Moya. El de la
construcción simbólica de la opinión pública, de Raúl Garcés.
El de la gestión de la comunicación con medios e imagen, a
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cargo de Irene Trelles. El tema de los medios y el bien público,
por Jorge Moreno. Un acercamiento, en fin, al universo
de la comunicación.
Hallar los senderos salvadores en el mundo de una
globalización que es ajena pero que nos toca a todos: he ahí la
tarea.
Saludamos a los que aquí nos ayudan a dar pasos en esa
dirección, y animamos a los que vendrán más tarde a
proseguir por ese camino.
Julio García Luis
La Habana, Cuba.
Mayo de 2009
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