Cuba no ha dejado morir a Martí

19 May

“La muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien la obra de la vida”
                                                                                                                               José Martí

Yenia Silva Correa

 

José Martí ha tenido un privilegio que toca a pocos: es tan grande su obra que no lo ha dejado morir. La trascendencia de su pensamiento y la vigencia de su prédica se palpan en la sociedad que construye Cuba para sus ciudadanos, un modelo social que contrasta ante un mundo capitalista que el Héroe Nacional lo definió monstruoso y que hoy es cada día más salvaje.

Apenas comenzaba la Guerra de 1895 y ya el 19 de mayo la revolución perdía a su principal figura y organizador desde la emigración, que reunía en su proceder y su verbo el punto culminante del pensamiento revolucionario cubano del siglo XIX.

Luego de su caída y de tres años de combates contra la decadente metrópoli española, no sobrevino la República de justicia y equidad a la que tantos desvelos y sacrificios dedicó nuestro Héroe Nacional en el exilio. El triunfo de los mambises se desvaneció en las trampas oportunamente colocadas por Estados Unidos.

Recién inaugurada la pseudo república, en un ambiente constitucional sin independencia, se reconoce la necesidad de continuar la misión inacabada de Martí para obtener la soberanía arrebatada. “Si no volvemos a practicar las doctrinas y a observar los métodos del Apóstol, su obra quedará incumplida.” Lo decía Juan Gualberto Gómez a inicios del siglo XX y sus palabras no fueron letra muerta.

Cuando la sucesión de los años desplazó a la generación que conoció al Maestro y luchó junto a él por Cuba, otros se vieron identificados con su pensamiento independentista y revolucionario.

En la segunda década de la pasada centuria, figuras de vanguardia como Rubén Martínez Villena y Julio Antonio Mella, retoman de Martí —en las condiciones sociales y políticas de su tiempo—, concepciones como la necesidad de fundar un partido para dirigir y unir, y de mantener el eterno vínculo con la clase trabajadora, fuerza motriz de la revolución.

Seguían la ruta de Martí, la misma que fundó el Partido Revolucionario Cubano y aglutinó a los emigrados cubanos de Tampa y Cayo Hueso en pos de la causa independentista.

Fue el antiimperialismo el que caracterizó la continuidad del legado martiano. Su visión anticipada de los hechos había advertido sobre las intenciones de Estados Unidos hacia Cuba y América Latina y el tiempo le dio la razón. La nueva potencia americana basó su poder político en el hemisferio en la dominación económica.

Cuando más evidente se hizo el carácter imperialista de la política estadounidense hacia la Mayor de las Antillas, más voces cubanos se alzaron denunciando la ingerencia y humillación que imponía la nación del Norte; mayor vigencia tuvieron los discursos y ensayos que Martí pronunció y escribió desde Estados Unidos anticipando el peligro que representarían para Cuba y América Latina.

Si bien el pensamiento revolucionario, antiimperialista e independentista de nuestro más grande pensador tuvo repercusión en el accionar y el pronunciamiento de importantes figuras de los primeros años del siglo XX, no fue hasta la década del ‘50 que toda una generación se adueña de su ideario, decidida a materializar por la vía de las armas, la única posible, la revolución antes frustrada por inexperiencias y yerros.

Nuevamente, como en los tiempos del Maestro, se preparó en secreto una expedición a Cuba, se unieron todas las fuerzas en torno a un objetivo común y comenzó la lucha por el oriente del país, solo que esta vez se logró la victoria.

Así como en José Martí se sintetiza lo más elevado del pensamiento revolucionario cubano del siglo XIX, conjugando el ideal libertario con una visión humanista y latinoamericanista, así a partir de 1959 nace en Cuba una nueva sociedad, basada en principios fundamentales de su ideario.

Es desde entonces que el legado del Héroe Nacional alcanza su mayor dimensión. La dignidad plena del hombre y el humanismo, unidos al antiimperialismo y el latinoamericanismo, son valores que defiende la Revolución cubana, heredados de la ética martiana.

Por eso Martí no vive y muere en su tiempo. Se renueva en cada circunstancia, en cada nueva batalla, para convertirse en guía y plataforma de una nación que ha sabido ser consecuente con su historia.

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