Roque Dalton y la Revista Internacional (“Problemas de la paz y el socialismo, si ustedes quieren”)

13 May

 

 

A partir de las menciones que hace el autor en Taberna y otros lugares, sabemos que Roque Dalton fue miembro del Colegio de Redacción de la Revista Internacional, órgano divulgativo de la III Internacional, durante su residencia en Praga, entonces capital de la antigua Checoslovaquia, en los años 1966 y 1967. Esos años, que preludiaron la llamada Primavera de Praga y que podríamos calificar de “una temporada en el infierno” para el poeta salvadoreño, le permitieron trabajar en varios proyectos literarios de manera simultánea: Taberna y otros lugares y Miguel Mármol, por ejemplo.

Es interesante conocer cuál fue la participación de Roque en la Revista Internacional, que luego pasó a llamarse Problemas de la paz y el socialismo. Esta revista, que era impresa en los talleres tipográficos del periódico del Partido Comunista Checoslovaco, Rudé Právo (“La ley roja”, según una traducción que encontré), se publicaba en varias lenguas. La primera edición en español circuló a partir del mes de septiembre de 1958. Pese a ser redactada en Checoslovaquia, la revista circulaba en España y en algunos países de América Latina, gracias a la colaboración de algunos Partidos Comunistas. En Latinoamérica era reimpresa en las editoriales de los PC uruguayo, mexicano y argentino.

La revista carecía de un indicador en el que se pudiera leer el nombre de los miembros del Colegio de Redacción. Roque Dalton empieza a escribir para la revista a partir del número correspondiente a marzo de 1966. Su entrada en la publicación coincide también con el abordaje de temas vinculados a la política salvadoreña. En Problemas de la paz y el socialismo ya han publicado sus colaboraciones cuadros comunistas centroamericanos: los guatemaltecos José Manuel Fortuny (quien era ya un veterano de la revolución de 1944-1954, futuro amigo del poeta salvadoreño), Alfredo Guerra y Hugo Barrios; los hondureños Ramón Amaya y Longino Becerra; el nicaragüense Pablo Segovia y el costarricense Eduardo Mora Valverde. Poco después de la entrada de Roque al equipo de la revista, el ya reconocido líder del PCS, Schafik Handal, también comienza a publicar sus trabajos en la misma. También lo hizo “José Sánchez, secretario general del PCS”, esto es, Salvador Cayetano Carpio.

El primer artículo que publica Roque se titula “Los estudiantes en la revolución latinoamericana” (número 91, marzo de 1966). En ella pone en relieve la importancia del movimiento estudiantil en las transformaciones sociales en Latinoamérica, lo que hace obligatorio reconceptualizar algunas ideas recibidas del marxismo europeo sobre el proletariado como la clase dirigente de los procesos revolucionarios.

Pese a que, como asevera el autor, el movimiento estudiantil no es uniforme políticamente (Dalton habla de grupos estudiantiles de derecha, desde la extrema derecha hasta los demócratas cristianos, por ejemplo), los grupos estudiantiles de izquierda participan en luchas importantes: desde la Reforma Universitaria de Córdoba hasta las luchas antiimperialistas en Santo Domingo, cuando las tropas estadounidenses invadieron República Dominicana. Así, el movimiento estudiantil toma un protagonismo importante, puesto que “en estas circunstancias (las de América Latina, n. del a.), el estudiantado, que en los países del mar Caribe (y en los Andes superiores) representa una considerable parte, a veces, la más combativa y móvil de la vanguardia revolucionaria, es una especie de detonador social que transmite la intensidad revolucionaria del momento a otras clases y grupo sociales interesados objetivamente en la lucha”.

En mayo de 1967 (número 105), publica con Víctor Miranda “Alcance y vigencia de la revolución latinoamericana”. Es llamativo el hecho de que los autores adviertan ya de la presencia del grupo guerrillero comandado por el Che Guevara en Bolivia, aunque sin mencionar el nombre del revolucionario argentino: “El pasado mes de mayo, destacamentos guerrilleros iniciaron en Bolivia operaciones directas contra la dictadura militar, con la cual la lucha armada revolucionaria en América Latina se extendió a las fronteras del Cono Sur”. Dalton toma aquí una postura muy clara en el debate sobre las vías de la revolución latinoamericana, comenzando, de alguna forma, a darse un distanciamiento con la línea predominante en su partido, más proclive a la lucha electoral y sindical, como ocurría con la mayoría de PC latinoamericanos. El poeta salvadoreño apoya la vía armada, que “ha mostrado a las masas que los objetivos de la lucha son realizables y que existe la posibilidad real de resolver los problemas fundamentales del continente”.

Otro gesto inequívoco de Dalton a favor de la lucha armada lo recoge Fortuny en una crónica sobre el acto de homenaje a la muerte del Che que un grupo de militantes latinoamericanos, checoslovacos y vietnamitas realizó en uno de los locales de la redacción de la revista, en Praga, el 23 de octubre de 1967 (números 110-111, octubre-noviembre de 1967). Fortuny destaca el hecho de que fue el escritor salvadoreño el primero que tomó la palabra en el homenaje. Cita a Dalton: “La vida y la muerte del Che Guevara explican a la América Latina en múltiples sentidos y en el más alto nivel; son la expresión, no por singular menos representativa, de las inquietudes que bullen en los corazones de un conjunto de pueblos a los cuales une la voluntad de liberación de su opresión secular y de forjarse una vida nueva; constituyen el ejemplo más palpitante de una idiosincrasia colectiva que amasa el pan de la victoria final en el sabor de la tragedia y la cólera en los labios”.

El enfrentamiento con la línea que terminaría por dominar en el PCS, al menos hasta 1979, es bastante claro, aunque, a veces, Dalton trata de matizarlo, o bien con la retórica, o bien concediendo cierto beneficio de la duda al Partido. Eso puede apreciarse en un artículo aparecido en un número especial dedicado a los sesenta años de la revolución de Octubre. Para Roque, la revolución bolchevique influyó en los alzados salvadoreños de 1932. Este trabajo de Dalton podría verse como un reclamo ante el olvido de un pasado de sacrificios (1917 y 1932) y un presente de “quietismo” (la burocracia partidaria de aquel momento).

Hablé de retórica, que Roque utiliza, quizá para suavizar sus críticas al movimiento comunista latinoamericano, o quizá porque en aquel momento la ruptura con éste no se ha consumado. Un ejemplo: “El 50º aniversario de la Revolución Soviética, de aquella revolución que ayudara a nacer al movimiento revolucionario de El Salvador, encuentra a los comunistas latinoamericanos firmemente unidos, en primera fila de su ámbito nacional, en la lucha contra el imperialismo y sus lacayos locales”. Esto es retórica: Roque sabe mejor que nadie que, a esa altura, “los comunistas latinoamericanos” estaban todo lo que se quiera, menos “firmemente unidos”, pues las rupturas en el seno de sus Partidos eran ya un hecho o eran inminentes.

El último artículo que publica Dalton en Problemas de la paz y el socialismo lleva por título “Católicos y comunistas: algunos aspectos actuales del problema” (Nº 113, enero de 1968), el cual es el mismo título de un poema satírico aparecido en Un libro levemente odioso. Roque contextualiza esta relación entre católicos y comunistas con el aggiornamiento, la puesta al día de la Iglesia católica y sus hitos principales: Juan XXIII, Pablo VI, los vientos de cambio del Concilio Vaticano II….

Aunque reconoce que los cristianos revolucionarios (por ejemplo, Camilo Torres, Juan García Elorrio, entre otros) son una minoría frente a los conservadores y los reformistas, tanto de derecha (aquí incluye a Monseñor Luis Chávez y González) y de izquierda (entre ellos, cita nada menos que a Dom Helder Cámara y a otros obispos brasileños), su actuación en los movimientos revolucionarios latinoamericanos es valiosa.

En vez de tomar la actitud dogmática de los PC tradicionales, descalificando en bloque al cristianismo por la crítica de la religión de los clásicos marxistas, Roque considera que lo importante es la comunidad de objetivos de católicos revolucionarios y comunistas: cambiar las sociedades latinoamericanas. “Es a nosotros ante todo —escribe— (es decir, a comunistas y católicos de izquierda) a quienes une en gran medida la máxima valoración del ideal, del ansia de verdad y de justicia, de la incesante búsqueda de valores espirituales, la lucha contra las tendencias que está fomentando el capitalismo moderno a liquidar toda espiritualidad, a la deshumanización y al fetichismo de la sociedad de consumo”.

Esta publicación de Dalton, herética, si se quiere, es también su despedida de la Revista Internacional (“Problemas de la paz y el socialismo, si ustedes quieren”, como dice, sardónico en Taberna y otros lugares). Poco después volvería a Cuba. La relación con el PCS que ya comenzaba a erosionarse se transformaría en ruptura. Es lo que ya se puede advertir en estos escritos praguenses.


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