Escritores salvadoreños, un silencio en tiempos de locura – Julio 16, 2008
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Escritores salvadoreños, un silencio en tiempos de locura -
Por Nelson Rentería
La humanidad ha vuelto a la vida, pero sólo si se toma en cuenta la premisa de que el sufrimiento le da sentido a la existencia y más aún, la purifica. Los humanos reconocen, nuevamente, que fueron condenados a la supervivencia, luego que un tribunal celestial los expulsara del paraíso.
El mundo está en crisis, nadie lo desconoce. La historia se repite con distintos rostros. El dolor, la desilusión, el pesimismo, el desamor y el miedo cobran vigencia cuando están frente al espectro del caos. Hoy como ayer y como seguramente mañana, los ídolos han muerto y nadie escapa de ello.
La gran mayoría de los jóvenes escritores salvadoreños lo ha interpretado y lo plasman en sus obras.
“Yo hablo de la decadencia”, contesta vía correo electrónico, Elena Salamanca, autora del “último viernes”, obra narrativa que forma parte de la colección de cinco trabajos de la Nueva Palabra, que presentará la Dirección de Publicaciones e Impresos (DPI) este mes.
Los cuatro trabajos restantes corresponden a los poemarios “Mnemosine” de Roxana Méndez y “Entre una y tres de la madrugada”, de Johanna Raabe, mientras que en narrativa fueron seleccionados los trabajos de Ana Escoto con “Menguantes y otras creaturas” y “Camisa de fuerza” de Alberto Pocasangre.
“Ya no estamos en el momento de la creación de los Imperios. Ya no se están construyendo las grandes ciudades. París ya es París, el Pentágono ya sufrió un atentado. Ya no estamos imaginando a los androides. La ficción nos ha sobrepasado”, expresa Salamanca, que reside desde hace seis meses en España por cursar un master en Historia Iberoamericana.
Asimismo, Georgina Vanegas, autora del “Taxidermista”, una colección de siete cuentos que serán publicados en diciembre por la Universidad Francisco Gavidia, sostiene que entre los jóvenes escritores nacionales “hay una tendencia hacia el pesimismo”.
“Escribir es una necesidad imperativa que tengo para describir con ironía o un poco de absurdo las cosas que veo todos los días”, detalla Georgina, mientras esboza una sonrisa que hace girar un lunar al borde de sus labios como un satélite lo hace alrededor de un planeta.
El Salvador, en mayor o menor grado, como otros países del mundo busca sobrevivir de la dependencia del petróleo, la carestía y escasez de los alimentos, de la delincuencia, los homicidios, el calentamiento global, del racismo, la marginación, fenómenos que han generado un sentimiento de zozobra entre los habitantes.
Pablo Benítez, ganador de algunos certámenes literarios y autor del poemario “Nada” expresa en una de sus composiciones titulada “Nuestras muertes”:
“En estas calles
hay algo
un tufo insoportable
un tufo que se pudre
un tufo que lacera”
Elena Salamanca, Georgina Vanegas y Pablo Benítez, forman parte de una generación de al menos 60 jóvenes escritores, ya que rondan entre los 20 y 30 años de edad, expresan sus ideas y sentimientos sobre una o varias (sub)realidades, pero que a su propio juicio “no debe entenderse como un movimiento literario”.
Tal como lo fue “la generación del 44”, entre los que destacan Pedro Geoffroy Rivas, Hugo Lindo, Matilde Elena López, Oswaldo Escobar Velado, quienes aportaron con sus letras la consolidación de un espíritu democrático y derrocar al dictador Maximiliano Hernández Martínez, o la misma “Generación comprometida”.
Sus escritos, son mas bien un silencio en tiempos de locura. Un silencio necesario e intimista, letras sin bandera de lucha, un escape del ruido donde todos hablan de todo y pocos hacen espacio para reflexionar en el sigilo.
“Cada quien está en lo suyo y dudo mucho que alguien lo esté viendo como algo utilitarista”, afirma Vanegas, a quien su autodenominada “locura” le conjuga con su rizada cabellera rojiza.
Por su parte, Elena Salamanca, finalista en 2004 en la editorial española Alfaguara, con su novela “Pan y Leche”, toma distancia del apelativo de literatura “juvenil”.
“Habría que pensar qué se entiende por juvenil y qué se entiende por movimiento. Yo creo que un movimiento sería más cercano a la generación comprometida y yo no veo eso. Por otro lado, creo que deberíamos llamar literatura emergente -es decir que inicia, que emerge- y no juvenil”, sostiene.
A esta lista de escritores emergentes se suman Lauri García Dueñas (reside en México), Teresa Andrade, Silvia Mathus, Nora Méndez o Ernesto Bautista, otros permanecen en el anonimato a la espera de un concurso que les de renombre o en todo caso, si posee el capital, recurrir a la cuestionada auto publicación.
El pasado mes de mayo, culminó en El Salvador una Conferencia de Ministros de Cultura de Ibero América, una de las tantas reuniones preparatorias para la XVIII Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y Gobierno, denominada “Juventud y Desarrollo” y que tendrá lugar en esta capital a finales del próximo mes de octubre.
Tras dos días de reunión los funcionarios propusieron, entre otras cosas, impulsar la integración de los jóvenes en políticas culturales y artísticas, como la unificación de orquestas sinfónicas o intercambios culturales y artísticos.
Dichas propuestas deberán ser aprobadas por los presidentes que asistan a la reunión.
Muchos de los escritores jóvenes salvadoreños, que “emergen” en silencio, podrían recibir con plumas abiertas estos mecanismos de promoción cultural, pues las actuales políticas de la Secretaría de la Juventud por ahora están enfocadas en impulsar a jóvenes cantantes en “batallas” vocales del continente.
Nelson Rentería, periodista y redactor de Raíces.
http://www.raices.com.sv/Metafora/detalles.asp?NewsID=1700
Wednesday, July 02, 2008

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